Talentos y secretos

Un escritor estaba presentando su más reciente publicación, aunque recuerdo título y autor no los voy a mencionar. Tú estabas cerca de mi brazo izquierdo insistiendo en que con la página de un libro que habías extraído de los estantes yo hiciera un figura en origami. El reto más o menos trataba de esto, me amenazabas con decir en público mi opinión sobre el libro, y para no cumplir la amenaza me pedías hacer un T. rex con la hoja de ese libro.

Claro que tuvimos una discusión, habías dañado un libro que no te pertenecía, y el librero lo encontraría algún día cuando un comprador pidiera ese ejemplar para comprarlo. Mi memoria dice que acordamos comprar el libro, yo haría el T. rex, tú no le dirías a nadie mi opinión sobre la novela que estaban presentando, y yo elegiría el lugar en tu habitación en donde la figura hecha en pliegues cuidaría tu sueño cada noche, y el de los dos en las siguientes ocasiones que compartiéramos el lado oscuro de la tierra.

Algunas noches me cobijaba contigo en el lado oscuro de tu cuarto, arrinconaba tu cuerpo lo más cercano a la ventana, y me quedaba hasta la mañana cuando las alarmas repetían que era hora de prepararnos para ir al trabajo. La figura en origami empezó a tomar forma, tú ponías tu mano en mi espalda cada cierto número de segundos como si fueses un péndulo. En la fotografía no aparece tu brazo, y tampoco tu mirada extendiéndose desde mi rostro hasta las manos.

Tardé en notar lo que hacías, cuando llevabas tu mano hasta tu cuerpo después de haberlo puesto en mi espalda, la introducías por debajo de tu blusa para tocar uno de los senos, luego, tras haberla cubierto con su tibieza, la sacabas para llevarla hasta mi espalda. Cuando intenté sonreír me dijiste, un T. rex podría hacer eso si no estuviera yendo a eventos de literatura en cambio de abalanzarse sobre la música y danzar conmigo en el lado oscuro de mi cuarto y de la tierra.

Pronto vino la muchacha que atendía las mesas, pediste una cerveza para mí y para ti una copa de vodka. Tampoco se ve en la imagen que ahora me lleva hasta ese momento contigo. Ella cruzó unas palabras contigo, mencionó que sabía de mi afición por el origami, y tú le preguntaste si sabía en dónde había aprendido, ella respondió con un no mientras elevaba los hombros. Le dijiste, aprendió en la universidad, como no tenía novia, ocupaba los dedos en otro tipo de arte.

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