Mano a tu mano

Le propones a las líneas de tus manos ser leídas
por la palma de las mías,
por la yema de mis dedos,
ellas te responden indecisas, —sí, no, quizá, tal vez—.

Reconoces el atrevimiento de mis brazos,
la proximidad de mis falanges supone una caricia.

Extiendes los dedos,
dejas espacio entre ellos para que quepan los míos,
desconoces la distancia que hay entre dos manos dispuestas a descubrirse, a tocarse lentamente,
aun así,
te mueves hacia ese espacio cóncavo que forman dos manos recogiéndose la una en la otra.

Las manos se juntan,
el verbo tocar se convierte en caricia,
en roce braille,
y la lectura de tu deseo produce un lenguaje
que va desde la punta oculta de una vena desapareciendo en tu mano
y viaja hasta un lugar en tu cuello en donde otra vena tiembla ante la conjugación de las líneas de tu mano con las mías.

Imagen de Free-Photos en Pixabay

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