Lista del mercado II

Una tarde sale al mercado con una lista de cinco cosas urgentes para pasar el fin de semana, pero en el camino observa una librería que a esa hora típicamente está cerrada, esta tarde no, entonces entra atraída por un imán invisible, atraviesa la puerta, escucha una “bienvenida” sin ninguna emoción dicha por el vendedor que está sentado detrás de la mesa en donde se ubica la caja para realizar los pagos. Luego pensaría que era un hombre tosco con un bigote descompuesto, sin gusto alguno, desprovisto de gracia.
Sigue sin ver a nadie, como quien conoce todo y sabe el lugar al cual debe ir, así se hace en las citas, y esta era una cita acordado por el guionista de su destino.
En uno de los estantes, en la zona de libros de comida, encuentra uno con referencias a platos brasileros, y se antoja de preparar alguno de ellos, toma fotografías de las recetas, no piensa comprarlo, sale de la librería, se siente afortunada al no ver el bigote.
En el supermercado compra lo necesario para preparar la receta, talvez una o dos horas después vuelve a casa. Cuando entra al baño a lavarse las manos, se mira al espejo, y se pregunta a sí misma, del modo en que se regaña a los que olvidan sus compromisos, ¿trajiste lo que ibas a comprar? Se responde con un no y pone un gesto en su boca.

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