Libros amantes, amantes y libros

En una carta escrita durante tiempos diferentes, enviada en uno solo, leída de un tirón y releída tantas veces como apuros tuvo de interpretarla, dice ella, ustedes los hombres aman como los aficionados a la lectura, cuando están comprometidos con la experiencia que les ha producido un libro o un autor lo convierten en su libro de cabecera, van a él de manera continua sin abandonarlo por otro, aman de esta manera cuando convertidos en pareja disfrutan de la monogamia sin encontrar en ella monotonía, descubriendo nuevas experiencias de su ser a través de la vida en pareja.
Hay aficionados a la lectura cuya desproporción y avidez por los libros y autores va desde empezar siendo emancipados por la lectura de los clásicos griegos hasta caer corrompidos por una apreciación de lecturas fáciles para adolescentes, incluso inmersiones en el Manga y en el Cómic, aman así, sin más vocación que el placer del instante y la provocación de la novedad, van de una relación a otra, o de ninguna a ninguna porque no se permiten el tiempo más allá del intento de un encuentro o del encuentro mismo.
Están los que leen como una aventura durante una temporada a un autor o un tipo de literatura, enfrentados casi a una tarea académica circundan y profundizan en la obra de un autor o en una corriente literaria para luego poder hablar con solvencia sin volver a releer o fascinarse en ella, son de este modo los que buscan la conquista, la seducción hasta lograr estar y consumir, casi al extremo, a su pareja, para luego cuando sienten que lo han hecho todo retirarse en abandono mortal como si lo que antes hizo no hubiera existido nunca.
Los hay quienes leen por fragmentos, se sacian con acercamiento a cada obra, picadores, comedores de bocados, no se sabe de ellos si están o no buscando algo serio o solo la coquetería de tocar un libro, abrirlo en un capítulo y, leer tres o cuatro páginas, saberse el argumento, la trayectoria del autor, pero nunca haberse leído ni comprometido con las ideas del libro o del escritor, sí, de estos hay muchos en el amor sólo dando saltos sin compromiso alguno.

Oscar Vargas Duarte

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