Caer y elevarse

Nos hicimos amantes al final de una tarde de domingo, cuando después del cine, encontramos un bar abierto a media luz en una calle descubierta por la noche. Una botella es suficiente para extraer de ella la ebriedad y llenar con ella los momentos, suma una confidencia a un par de opiniones, una caricia en la mano es la cuota responsable del toque rápido y temprano de una mano sobre el cuello. Ya sabemos todos que tras alcanzar la segunda caricia de ternura en la base de la cabeza puede uno aproximar la boca como un objeto sideral sobre un planeta que lo espera. Y ella esperaba el beso desde el segundo sorbo en la tercera copa. Caímos o nos elevamos, no se cuál de esas dos palabras usar porque es sabido por quienes tienen sexo no esperado los domingos en la noche que en el espacio exterior no hay arriba o abajo, como yo con ella, como ella conmigo, ni caímos ni los elevamos, nos juntamos y talvez esa palabra resuma esta armonía.

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