Acorralado por los ojos

No me interesa el motivo por el cual debo hacer esto cada noche, solo sé que al final del mes recibo el salario prometido y mientras pago una y otra obligación me siento satisfecho. Hace varios meses empecé la anotación, una ventana en la casa en la mitad de la calle está encendida a las diez, las once, las doce, la una, las dos, las tres, las cuatro, y a las cinco se apaga.  Las demás luces en cada calle asignada para mi revisión están apagadas, excepto esa, a las diez en punto la cortina se abre, la luz despoja de cualquier desnudez oscura a la ventana, y desde ese momento hasta las cinco cuando se apaga.

Ninguno de los supervisores a los cuales reporto mis informes han hecho observación alguna, he preguntado, lo he comentado con otros a quienes les han asignado una tarea como la mía, a nadie le importa, solo hacen su trabajo, registran, consolidan cifras, envían, no quieren saber algo más, en cambio yo pagaría por saber las motivaciones por las que esa ventana no hace lo que las otras se queda apagada toda la noche. Alguien me dijo, es un artista, un escritor, un pintor, de esos a los cuales el silencio les son necesarios para columpiarse en su vocación, alguien me dijo, es un hombre esperando a su esposa que trabaja en el turno de la noche, alguien me dijo, es una casa en donde un niño tiene mal sueño y sus padres le dejan la luz encendida, alguien me dijo, es un fantasma y te atrapó, ahora tú lo ves sin que puedas deshacerte de su presencia.

Imagen de Frank Winkler en Pixabay

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