Temblores en la punta de la lengua

Hurgas en ti sin otra pretensión que dar al cuerpo la alegría de saberse sensible a la caricia, recoges en tus pensamientos una verbalidad que trae gozo implícito, aprovechas el silencio de la cama y la sabiduría de un mapa que es exacto a tu cuerpo, el reconocimiento de tu geografía, viajas en sincronía con tu mano abierta y tu imaginación centrada en complacerse. Trazas meridianos con la mano extendida y los dedos alargados en vertical cofradía, abarcas con la yema de los dedos palabras como suave, lento, roce, presión, arriba, abajo, aprieta, dentro, sin que ese vocabulario sea confirmado con palabras en la piel. Apresuras el movimiento y recoges en la palma de la mano un temblor de dimensiones mínimas, es la continuación de una comunión entre un recorrido por tus Imaginarios y las posiciones de tus dedos en el circuito que abre y cierra humedades en tu cuerpo.

Imagen de Christian Dorn en Pixabay

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