Disertaciones marítimas

Era una noche en formación, apenas alcanzabas a ver la forma de las olas, y el sol aún aparecía ostentando su luz sobre el mar. La arena recibía tus pasos y los marcaba seguro de que se perderían después, en cambio tú recogías en tu memoria el olor del aire, la tonalidad de luces en el horizonte, una música lejana, la suavidad de los pasos.

El sol entregándose a la noche, la playa cubriéndose de música, el mar sin afanes poniéndose en calma, tus pies sintiendo la arena, en tus ojos una luz lejana, tus brazos abiertos, miras el horizonte, cubres tus ojos con la mano, algunas gotas de sol caen en tus ojos, caminas en paralelo a las olas, sientes el aire bajo la blusa, sientes la fuerza de tu cuerpo al caminar.

Das un giro, miras atrás, sonríes, comprendes que caminar es adelantarse a lo que ya fue, tus huellas en la arena van desapareciendo, unas porque una ola las absorbió, otras porque la oscuridad que llega no las deja ver, en cambio, dentro de ti, las huellas que te importan las recuerdas, las presientes, recuerdas una sonrisa, la tuya, sabes que la felicidad era por ti, por tus apuestas, por lo que dabas, vuelves a sonreír y sigues caminando mientras la música te alcanza.

La ciudad envuelve sus calles en el útero nocturno, las luces no se apagan, son pequeños fósforos haciendo tributo a la luz de las estrellas, tus ojos también lo hacen, brillan, algo dentro de ti da luz suficiente para ser feliz.  Das una vuelta, ves la luz de una barco escondiéndose tras la oscuridad del mar, caminas y el aire se queda contigo un instante, te alegra y se va al siguiente, sientes un aleteo ágil pero sin prisa, oteas los lugares alrededor de la playa, una palmera se sostiene en calma, algunas personas se reúnen alrededor de un grupo musical, los ves, quieres un poco de baile, no irás, una gota de sudor no logra sostenerse y cae por entre el escote, eso te hace gracia, con la mano izquierda la secas y piensas en que aún hay calor.  Se te ocurre ir al bar, un último lugar para visitar antes de ir a soñar.

Escoges un lugar afuera desde donde puedes ver y sentir el mar, un mar nocturno y tranquilo, una playa de luces y fugaz. Pides un trago, la música del lugar te sostiene atenta, te gusta la canción, te gusta el movimiento que sugiere, aunque las ondas musicales te piden movimiento no quieres ir, te mueves un poco, las piernas, los pies, un poco los brazos, pero sigues ahí, tomas un trago, mentalmente brindas, es secreto, te gustan tus secretos, no quieres mencionarlos ahora, te los guardarás para ir al cuarto, la copa ve disiparse el líquido, tú lo sientes en el cuerpo, un poco de calor, un calor que te gusta, pequeños hilos desde los pies hasta la cabeza, pequeños volcanes en la espalda y las piernas.  El trago llega a su final, la música continúa, tú has movido un poco más las piernas, un poco más los brazos, como siguiendo el sonido de tambores lejanos.  Das pasos por el pasillo, buscas el camino a tu cuarto, la puerta se abre, cierras, encuentras el botón del aire, lo dejas salir, es frío, te sientes extraña, el cuerpo reacciona con el aire helado, y dentro también reacciona con el licor.

Pones el cuerpo en la cama, te lanzas como si se tratara de un lugar lleno de agua, caes y te ríes del salto que da el cuerpo, te quedas unos minutos en silencio, nada se escucha, ningún ruido externo llega.  Cada una de las prendas dan paso a tu desnudez, se retiran de tu cuerpo, le das espacio al aire acondicionado sobre tu cuerpo, das pasos hasta el cuarto del baño, caminas descalza sobre una superficie de madera, llegas hasta el baño, ves la tina, abres la llave, muchos centímetros de agua caliente, líquido con aroma, líquido con espuma, todo parece listo, el cuerpo presente el agua caliente, algo en ti se abre y se cierra, dices, ansiedad por estar tranquila.

Un escalofrío recorre la punta del pie, el agua hace cosquillas, el aroma rompe todo, ahora tiene sentido respirar el aire, la espuma cubre tu cuerpo, cabes desnuda en el antojo, tu cuerpo y el agua, la nariz y el aroma, el agua da forma a tu cuerpo, te quedas quieta después del masaje propio, sientes el agua, no hay lugar a la música, esta vez solo querías estar contigo misma, solo el agua y la espuma, el aire y el aroma,  El silencio continúa, el agua no se agita, sales de la tina y vas desnuda por el cuarto, buscas otra ropa, otros colores, otra forma de vestirte, y vas al balcón a ver la luna que te esperaba para la cita de esta noche.

Imagen de adamkontor en Pixabay

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