La furia del deseo

Sé de la furia de mi boca, de morder y recorrer. La ansiedad se apresura, dos manos temblorosas izan las cometas de la tela, pasan por tus hombros, no se detienen en tu cuello, caen, o se elevan o ambas cosas en otro orden.

Aprecio el color de la prenda asomada en el escote, lo libero del cierre atrás en tu espalda, surgen sin temor y orgullosos dos erguidas e inflamadas frutas. Mis piernas se abren, obligan a las tuyas a lo mismo, la falda se eleva hasta la cadera, forma una bufanda en tu estómago, las piernas libres, unas manos tiemblan, las mías, rodean tus piernas, aprietan, acarician, tiemblo ante tu desnudez, te beso.

Dos manos, las únicas, quieren ser más, dan forma a tus piernas, siguen sus líneas, van y logran abrir el lugar exacto que deja entrar a tus certezas, bajan la prenda, al tiempo mi boca conjuga el verbo beso en tu boca, y mi lengua pronuncia humedad dentro de ella. El brasier y la blusa son la última barrera, tus piernas se levantan, las manos ponen tildes en tus nalgas, las izan, tus piernas ceden y se extienden, mi bandera va hasta la punta más alta del mástil, tú haces un arco y concedes la tibieza y humedad de tu cavidad abierta, una gota desciende, otra, entro en ti, me abrazas en tu fuego, te apegas a mi cuerpo, te abrazo, y una crispación nos junta, dos ingles presionándose para darse éxtasis. Tiemblo bajo la presión de tu cuerpo y una gota de ti engulle todo mi deseo.

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