Música de tinieblas

He puesto mi voz en tu oído y dejado caer de mis árboles el fruto del silencio, callo largamente y espero la nube desde la cual una gota de lluvia pronuncie tu nombre. No ocurre, la esperanza es una flor de primavera efímera, no vienes, no vas, no te quedas, no cantas. Recuerdo un tiempo de sembrar en que la semilla iba una y otra vez a la tierra, me se parábolas de tierra fértil y de tierra estéril, no quiero pensar que sembré mi voz en el árido vacío de tu oído. He dejado ahora una vela en el borde de mi ventana, la verás, verás la luz si acaso te aproximas a mi casa. Esta es la hora perfecta, eso dice el libro, esta es la hora perfecta porque es el tiempo presente, no estás en este tiempo. Una música de tinieblas y de barcos de tierra se traga el fruto de mis silencios, todo es ruido, no estás, no vienes, no vas.

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