Evitas a la luz, aunque te gusta, temes a las sombras que se forman al cruzarse los objetos, ves tus manos reflejadas entre gotas oscuras en las paredes o en el piso, no comprendes su movimiento, las escondes, crees en que les pertenecen a seres invisibles, ellos mueven las sombras, aunque tus manos permanezcan quietas. Has visto las grietas, las heridas en la pared cuando apagas la luz y a las sombras huir tras la pintura, les temes, no te aproximas a ellas, un olor a lugar sin aire, a bóveda secreta se extiende y tú prefieres apagar la lámpara, cruzar la cortina y evitar el sol de la mañana en la ventana, dar paso a tu propia noche de dudas.