Sumas instantes al silencio

Tomas lo acostumbrado para ir a la calle, cruzas la puerta y quieres percibirla como un umbral, así te das ánimo para creer que al salir todo cambia. Sumas metros, kilómetros, calles, cuadras, buscas un lugar y prefieres pensar que ese espacio te encuentra.  Pides algo, agua, té, café, no tienes una precisión para nombrarlo, te das un momento en la silla, una silla, una mesa, reposa tu cuerpo, en cambio tu mente parece una lavadora dándole vueltas a todo para dejarlo limpio.  La velocidad de los pensamientos, de las imágenes, es superior a tu capacidad de concentrarte en ellos, no alcanzas a darle una puntada con tu lengua molecular cuando aparece otro.  El aroma, si es que hubo alguno, no está, ha desaparecido.  Sumas instantes al silencio, una cremallera ha surcado la boca y la cierra, dentro todo retumba y se repite, un horno crematorio quema y deja humo, como las máquinas industriales, en precipitación reptil repitiéndose.

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