La mujer que me gusta

El nombre de la fruta que acontece en mis ojos, es el mismo con el cual se llena de verduras mi comida.

La mujer que me gusta es el verbo que redime la dulzura de mis letras,
las sazona con la sal de sus rutinas, les trae profundos sustantivos en el eco de su boca, las mantiene en la cima de los naufragios.

La mujer que me gusta es sin miedo a equivocarme la pasión que crucifica letras en mis prosas, una especie de redentora que mitiga los dolores y pecados de otras épocas.

Escritos de otros dias le envidian a los nuevos las continuas y caprichosas oraciones que dedican a su nombre,
porque en ella es ahora en donde se resguardan los espacios que luego yo derramo en letras.

Ya no hay desgano ni pereza en los escritos, se sobornan los antojos, se enjugan los deseos y casi sin pensarlo, con la prisa que se deshace un guiño,
tiene un nuevo verso dedicado a complacerla.

La mujer que me gusta no es un paseo de verano que se olvida o la continuación de un camino dilatado en la llanura, ella es el profundo silencio de mis gritos milenarios
la pasión que asombra y tiñe ahora mis palabras

Nadie ha preguntado y no estoy tratando de dar respuestas, ocurre que se me antoja por contarles de mis horas, de estas que se paren y luego parten sin previo aviso
a recordar que la mujer que me gusta
es ahora una adicción para estar centrado en la vida.

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