Descerebrados

Los turnos son de cuatro horas, debe llegarse veinte minutos antes para realizar la etapa previa de sincronización por medio de la cual preparan las conexiones y se ajustan de las interfaces.  Al terminar las cuatro horas hay un tiempo adicional en otra máquina que se ocupa de borrar todo aquello que haya podido quedar en la memoria.  El único proceso sobre el cual no hay un tiempo exacto es el de vaciado de la memoria, depende de la cantidad de procesamiento desarrollado en la sesión por el cerebro.

La hipótesis acerca de que el cerebro humano solo era utilizado el 10% nunca había sido una teoría, servía para conversaciones en peluquerías y panaderías, nada más, los científicos estaban cansados de exponer argumentos razonables para eliminar esto de la cultura de masas, sin embargo, cada tanto aparecía una película o una novela o una serie en la que reforzaban esta hipótesis.

El espacio en donde se ubican para ser conectados es llamado la zona de cuarentena, lo que pasa ahí no queda en la mente de ninguno de los que aceptan el trabajo, al finalizar la jornada solo recuerdan cuando empiezan los operadores a juntar cables y conectores con sus cuerpos, luego nada, una gran nebulosa de la que nada sale, y el siguiente momento al que acceden es cuando van en un autobús que los acerca a sus casas, nada más.   En general todos van a sus casas a dormir cuatro horas continuas, algunos piensan en fármacos aplicados por medio de inyecciones, otros en que el esfuerzo al que son sometidos los deja cansados.  Luego no les importa ninguna idea alrededor de esto, se despiertan y pueden continuar con sus vidas sin inconveniente alguno.

Los libros de autoayuda iban y venían de mano en mano hablando del hemisferio derecho y del izquierdo, de la creatividad y las costumbres, no hubo necesidad de demostrar nada, ya estaba dicho desde antes, el cerebro se usaba de la misma manera desde el comienzo, todo orquestado desde la corteza prefrontal.  A la gente no le importaba y tampoco había lugares de fácil acceso para evaluar el cerebro, reconocer las zonas activas y las que debían ser utilizadas por medio de terapias para la racionalización del mismo.

Muchos de los conectados adquieren hábitos de solitarios, se quedan en sus casas después de los turnos sin animarse a salir a lugares públicos.  Están atentos a todo lo que sienten, sin embargo, eso dicen quienes viven con ellos, pareciera que el cerebro no es capaz de entender el ambiente en el que viven.  Unos leen o tocan instrumentos musicales, arman rompecabezas o pintan.  Todas actividades en las que no están obligados a compartir con los otros.

En la película de 2014, “Lucy” del director Luc Besson jugaron con teorías alrededor del porcentaje de uso del cerebro, nada novedoso, claro que peligroso para la generación de jóvenes que la vieron, ésta ya era la generación que creía todo aquello visto en una pantalla, si la anterior creía todo lo escrito en libros, esta ponía su fe en lo que aparecía en las pantallas sin cuestionar nada.

Los ejecutivos de las grandes fábricas de procesadores creían también lo escrito en los libros de autoayuda, en las películas, en los mitos sobre el cerebro.  Durante años estuvieron esperando el salto cuántico que les permitiera atravesar las velocidades alcanzadas por los nano procesadores, no lo lograron, la materia les ponía límites que aún no sabían cómo resolver.  La capacidad del cerebro, reducida según los mitos al 10% y con un gran potencial si subía al 100% de acuerdo con las películas y series que habían visto.  Esas ideas aparecieron un día, como en una subasta de ideas, alguien dijo, si no podemos aumentar por medio de materiales artificiales la capacidad de memoria y procesamiento, entonces, utilicemos el cerebro, es la máquina biológica más interesante que conocemos.

Los primeros conectados murieron igual a como lo hacen los ratones de laboratorio, mientras nadie se enteraba iban a las morgues sin nombre para ser reclamados por nadie.  La técnica tuvo un verdadero “salto cuántico” cuando en uno de los experimentos el procesador de una máquina le dio instrucciones y pudo utilizar una mínima parte de los miles de millones de neuronas y conexiones que existen en el cerebro.  Lo demás fueron repeticiones, así los grandes procesadores limitados por la materia se conectaron a cerebros biológicos que ayudaban a realizar procesamiento de información a niveles superiores.

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