Deseos y pérdidas

“Iusnavy” es el nombre de uno de los estudiantes de colegio en el que mi hermano dicta clases de historia.  A la hija de la dueña de la panadería a donde voy a desayunar los fines de semana la llaman “Leididi”.   Creí que era una broma cuando me dijeron que el nombre del señor de la portería era “Dabluici”.  Son las tres de la tarde y no he podido convencer al sacerdote de que todos mis amigos y familiares han perdido la memoria en la que ellos deberían tener grabado el nombre quien fue mi última novia, sí, también tenía un nombre heredado de la pronunciación en español de palabras en inglés, todos le decíamos “Bitles”, y con ese nombre fue bautizada cuando le dieron las bendiciones necesarias para hacer parte de la fe en la que participan sus padres.

“Bitles” no está. “Iusnavy” debe ser una repetición de “US. NAVY”, “Leididi” el eco de escuchar en televisión “Lady Diana”, el nombre del señor de la portería, pues sin muchas opciones sería, “W.C” y no precisamente las iniciales del primer ministro británico en la segunda guerra mundial.  Bitles fue mi novia por dos años tres meses y doce días.  Su canción preferida era una de los Fabulosos Cadillacs, la banda argentina de ska, la cantaba como si tuviera la garganta de una gallina cuando le estaban cambiando su utilidad de animal de campo por insumo para pasteles de pollo.  ‘{…} No sé bien que día es hoy, solo sé que te vi salir, y en cinco minutos perdí las letras para hablarte a vos{…}’.  Parece, según mi entendimiento que eso me pasó, no perdí las letras para hablar de ella, de hecho, he hablado más de ella de lo que pude hacer antes de esta situación, pero, en cinco minutos la perdí.

Ella estuvo en mi apartamento desde el viernes en la noche hasta el domingo en la mañana, ese día iba con sus padres a visitar a sus abuelos, no lo habíamos acordado, sin embargo, lo habíamos aprendido, ella era de su casa para los asuntos fundamentales, del mismo modo que yo, y cuando eso ocurría el otro cedía sin problema alguno.  Claro, apenas éramos novios, aun así, éramos novios, amo a esa mujer del único modo posible en esta etapa de mi vida, completamente sin grieta alguna.  No desapareció, se esfumó de la memoria de todos aquellos que la conocieron.  Eso, nada más que eso, como si la memoria de todos hubiera sido lavada en un instante y ella del mismo modo desapareciera con ese lavado.

El sacerdote no me puso penitencia alguna, solo me pidió asistir regularmente a la ceremonia religiosa de cada semana, no hablar de aquello para lo cual los demás no estaban preparados y sobre todo olvidarme de la idea de que una novia de la que nadie tenía idea había estado quedándose conmigo los fines de semana, una mujer a quien todos habían conocido y de repente habían olvidado.  Lo del sacerdote fue después de haber ido a donde el sicólogo, la respuesta no fue la misma, de cualquier modo, ninguna de las dos tuvo como propósito entenderme, ambas definían un problema dentro de mí y una solución ahí mismo.

Unas semanas antes, en el mismo mes, mientras estaba en un sitio de comidas rápidas, un hombre se aproximó para ofrecerme un obsequio por algo que nadie extrañaría.  No estaba atento, eso creo, no estaba atento a lo que me estaban diciendo, podría haber sido un seguro de vida o de cualquier cosa, él solo dijo, tú pides algo y darás por eso algo que nadie extrañará. Yo pedí ganarme un auto para cambiar el que tenía.  Cambié de auto.  Mi novia no apareció más.  No la extrañaron sus amigos, los míos, los de mi casa, y de manera sorprendente tampoco alguien en su casa.  Llamé cada día, una hora tras otra, todos me decían lo mismo, Bitles no vivía ahí, no la conocía nadie, aunque yo sabía con quienes hablaba y la relación que con ella tenían. En mi casa fue igual, mis padres que reñían conmigo porque ella se quedaba en mi casa sin haber formalizado la relación.

“The Twilight Zone”, conocida en América Latina como “La dimensión desconocida” fue una serie de ciencia ficción, fantasía y terror, yo la recuerdo por el miedo que me producían las historias.  Quizá en esta época uno pueda referirse a “Black Mirror”, la serie inglesa para relacionarlos, o mejor no y yo solo me estoy equivocando, así como puedo estar errado en este recuerdo.  156 capítulos en cinco temporadas, yo tengo en mi memoria uno y puedo fallar al creer que la historia la vi en uno de esos capítulos.  El capítulo narra la historia de una mujer que acepta le concedan deseos con la condición de que perderá algo que nadie va a recordar jamás.  Al comienzo pierde algún objeto, luego el perro, y así a alguna de las personas de la familia.  Ella es la única que sabe de la pérdida, los demás no, cada uno sigue su vida como si nada hubiese ocurrido.

No, por supuesto no estoy en uno de los capítulos de esa serie.  Miro el auto nuevo, pienso en mi novia, y toco el bolsillo en donde tengo escritos dos deseos más que le pedí al hombre, pienso en todos mis seres queridos y me aflige saber que uno de ellos estará pronto solo en mi memoria y olvidado por todos los demás que un día los conocieron.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s