La cordura de los tímidos

Hay una elongación necesaria para cada acercamiento que hagamos los hombres para atraer a las mujeres, es un estiramiento sin  límites, es decir, para acercarse a ellas hay que ir hasta donde sea sin que esto esté dictado por receta alguna; les sale natural a muchos, a los tímidos no, la roca con la cual está construida la timidez más que de elasticidad está hecha de un encogimiento sin corrección posible.

Su nombre empieza por una letra del abecedario, le decía yo a ella en un verso que dejé tímidamente escrito en un papel, tu nombre empieza por una letra en la que se iza la mitad de la luna.  Me gusta, mi timidez lo sabe y me cobra cada intento por acercarme a ella, o por aceptar su acercamiento.  Ayer, por ejemplo, percibí en su rostro una conexión entre su mirada y su sonrisa, sí, al mirarme no era capaz de negarse a la sonrisa, claro, yo, de esta secuela de tímidos que hemos nacido en cada día de todos los años, di por sentado el hecho de que todo sería posible con ella.

De los tímidos, de nosotros los tímidos, la cordura está coloreada de temores, cualquier intento por acercarnos a las mujeres que nos gustan pone esa tendencia cromática, y eso me pasa, solo por mencionar algo ahora, hoy mismo, después de tanto entusiasmo nocturno al recordar su sonrisa de la tarde anterior, ella puso una distancia medida en decámetros de timidez y prudencia, esto digo, esta mañana no sonrió al tiempo que conectaba sus ojos a los míos, ella, en cambio, me habló como si a cualquier mortal estuviese dirigiéndose.

No somos mortales, los tímidos creemos en el tiempo infinito, creemos ciegamente en el estiramiento del tiempo, creemos firmemente en las oportunidades sin fin, claro, también somos de los que no creemos en oportunidad alguna.  A mí me gusta, me atrae, eso sería suficiente para invitarla a un café, una noche de baile, un rato de cine, una película, un almuerzo; pero no es así, hoy, después de lo que yo considero indiferencia me largo hasta el único lugar en donde puedo decir esto, sí, aquí, hablando contigo sin que estés y esperando a que mañana conectes tu sonrisa con mis ojos.

 

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