Encuentros casuales

 

Desde febrero de 2015 en las áreas internas de Transmilenio está prohibido la toma de fotografías; por encima de la prohibición está el deseo de los usuarios por denunciar por medio de imágenes los atropellos de los que son testigos. Más de doce meses después, buscando en internet imágenes de multitudes, después de ver varias páginas por medio del buscador encontré una en la que estabas, no podría repetir la búsqueda para repetir el encuentro, ahí estabas, con el cabello extendido sobre tu hombro izquierdo indicando como siempre hacia tu corazón, de algún lado habías leído, ‘no sigas mis pasos, atiende las líneas de mi cabello, mi corazón será tu puerto seguro’.

 

Alguien tomó la fotografía en una de las estaciones de la Avenida Caracas, en ella te ves con un libro entre las manos, la mirada lejos de las páginas, estás viendo hacia la ventana del bus, pareces absorta en tu reflejo. El pie de página de la fotografía dice, también hay espacio para la belleza y la lectura. Descargué la imagen, la observé un buen rato, luego volví al buscador y continué viendo imágenes con expectativa de encontrarte en otra, no fue así, parece que quien la subió solo tomó esa. No era posible observar tus pies, imaginé unos tenis de tela de color rojo o las botas negras, entre dos extremos decías, tela y cuero, así tu blusa blanca debajo de una chaqueta de cuero roja. Extraña esa ropa, eso pensé, no recordé haber visto que utilizaras esos colores para combinarlos.

 

Las estadísticas dicen que hasta cuatro millones de pasajeros se desplazan en un día en el sistema de Transmilenio, yo nunca he entendido la cifra, de cualquier manera, es mucha gente, y se sabe con certeza de la cantidad de usuarios cuando son las seis de la tarde y uno debe ingresar a la estación de la autopista norte con calle 100.  Recuerdo que la lluvia había dejado de ser una amenaza y empezaba a rodar sobre los paraguas, yo tenía el mío abierto, miraba hacia adelante y esperaba con enojo, también ponía mis ojos en los carriles de los autos particulares, la expectativa por un taxi era del mismo tamaño de quien espera ganar en la lotería.  Estabas adelante mío, sacaste del bolso un paraguas que no tenía remedio, estaba demasiado averiado como para ser útil, trataste de ponerlo de alguna manera sobre tu cabeza sin lograr que te protegiera de las gotas.  Yo te ofrecí el mío, “un paraguas para dos desconocidos enfrentándose a un inicio nocturno de lluvia”, eso te dije, quizá no te hizo gracia el comentario, sin embargo, te aproximaste y yo extendí el brazo.

Los tenis de tela fueron presa fácil del agua, no recuerdo el número de escalones antes de la inundación en la planta de tus pies, al entrar a la estación te habías quejado más veces de las que yo pude hablarte, adentro dije “chao” y me lancé a buscar la puerta del bus apropiado para mi ruta.  Escogí la primera entrada, solo tres buses después pude ingresar, sobre el filo de la puerta sentí como la presión de más de doce personas en un espacio mínimo era todo lo que tenía yo del universo, ahí estaba sin posibilidades de movimiento.  No recuerdo el tiempo en minutos, mi estación final sería la de universidades en el centro, el espacio vital siguió escaseando, traté de ignorar la pesadez de la circunstancia a la que estaba obligado, miré la lluvia por medio de la ventana y escuché sin mucho ánimo las conversaciones ajenas.

En 2013 fue inaugurada la estación universidades, quienes van hacia la Jiménez deben tomar por el túnel, eso hice yo, el fastidio fue diluyéndose mientras tomaba con prisa la ruta, había quedado en verme con unos amigos para ir a un bar cerca del Chorro de Quevedo.  En medio del túnel, timbró el celular, me detuve para contestar y escuché a uno de mis amigos decir, “se cancela la salida, no hay manera de llegar al centro con esta lluvia”.  Dije las palabras acostumbradas entre amigos, y fue cuando volví a verla, me dijo, “¿Con esa misma boca dice mamá?”.  No hubo risa, en cambio le conté de la cita y lo tarde que me estaba enterando de que mis amigos no irían.  Ella iba para la universidad, me ofrecí para acompañarla y repitió como una niña de escuela, “mi papá me prohíbe hablar con extraños”, entonces hizo un gesto despidiéndose y yo ni siquiera le dije adiós.

Afuera de la estación estaba esperándome, sonreímos y sin ser necesarias las palabras, el paraguas la recibió debajo, caminamos hasta la universidad, entonces me ofrecí para llevarle un café mientras ella esperaba la clase, ella no aceptó y me pidió esperarla, solo serían dos horas esta noche mientras presentaba un examen.  La esperé en un café frente a la Plazoleta del Rosario, tomé café y estuve leyendo un periódico que alguien había dejado en la mesa. Cuando ella entró me había tomado dos tazas de café y un palito de queso.  Nos presentamos, ahora sí nos presentamos y cada uno habló acerca de quién era, no sabíamos en ese momento de los meses de noviazgo y la separación dolorosa.

Las teclas Shift + Delete eliminan los archivos sin que puedan ser recuperados de la papelera.  Borré la fotografía, apagué el computador y decidí ir a la cocina a buscar una taza de café con la excusa de apagar el frío de la noche.

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s