Sexo por colores

El monitor del computador pone a disposición de tus ojos las aplicaciones, el buzón de correo con una lista de e-mails por leer, y varios documentos abiertos en la misma situación.  Sientes un peso en la espalda, es imaginario, más que en la espalda es en la memoria, acabas de recordar que la posición de tu cuerpo en el espacio que la silla te ofrece no es la mejor, te mueves a un perpendicular perfecto de tu espalda con las piernas.  Dispones del peso de tus dedos y los dejas caer sobre las teclas extiendes tus dedos para que se conecten con el abecedario regado en las teclas, con los números y algunos caracteres de uso especial.

Buscas el símbolo para las comillas, las dobles y las sencillas, ves que llega un nuevo e-mail a la carpeta de entrada, reconoces al remitente, tiene nombre y cara propios, a veces te llegan correos de personas a las cuales no has visto físicamente, así debe ser la relación entre las neuronas y las terminales nerviosas del cuerpo, eso piensas, una envía una instrucción, otra la ejecuta sin tocarse directamente.  En una de las secuelas de la película “el silencio de los inocentes”, la protagonista, Clarice Starling dibuja una cara mientras está hablando con alguien por teléfono, ahora tienes dudas de la escena, no hay manera de confirmarlo en este momento, ya no te interesa, menos ahora cuando vuelves a sentir la espalda deslizándose como gelatina en la silla.

Pones tu mirada en el celular, desbloqueas la pantalla, no quieres leer los mensajes que han llegado, hay varios esperando a que tú leas y contestes, no son de trabajo, son tus amigos o algún familiar.  Abres la cámara del móvil, usas la frontal, te ves, ahora tienes un espejo, notas una pestaña que se soltó y cayó bajo tu ojo derecho.  El dedo índice hace lo necesario para que la pestaña desaparezca, ahora está en el piso, tu ADN, todo lo que eres está ahí, acabas de dejar una prueba de tu existencia sobre la baldosa.  Cruzas el brazo izquierdo hacia el hombro derecho, lo masajeas un poco y otro poco más.

No has tenido sexo hace unas semanas, eso no le satisface a tu compañero, tu cuerpo tiene otros ritmos y has decidido aceptarlo, también tu manera de pensar, has avanzado bastante en la búsqueda de la serenidad, en esto de hacer el amor con tu pareja te dejabas llevar por él, permitías con disgusto el inicio de las caricias y al final, medio excitado tu cuerpo y enojada tu mente, te dejabas llevar sin disfrutarlo, sin entregarte como quisieras.  Hiciste lo correcto esta vez, con la calma necesaria y aceptando que solo después de que te comprendieran podrías proponer una solución sin conducirse a una discusión a todas luces ciega.

Habías estado pensando durante varios días la manera en cómo decirle a tu compañero que estabas dispuesta a la caricia sin que él debiera preguntarte o tú tuvieras que decirle.  Una casualidad te llevó a la propuesta, los edredones de tu cama son de doble color, uno para el anverso, otro para el frente.  Mientras el edredón estuviera con el color del anverso, tu compañero no debería insistir en hacer algo contigo porque te negarías, en cambio, si estuviese del color de frente, estarías más que dispuesta a lo que él te propusiera.  No fue del todo bien recibida por él, aun así, la aceptó.  Durante las últimas semanas has sentido una fragilidad infantil en tu cuerpo y no quieres ser tocada por nada, incluso una timidez religiosa te sacude y no quieres ser vista con deseo por nadie.

Una noche dejaste el edredón medio tendido, los dos colores eran visibles, él no entendió, tuviste que explicarle, solo necesitabas de un impulso de él para quererlo todo.  Las veces anteriores, por supuesto no en estas semanas, cuando dejaste el color acordado para el encuentro sexual, fuiste seducida por un hombre consiente de que ese debería ser un tiempo de mayor calidad, de entrega total.

El aire en el lugar parece viciado por horas podridas, por horas a las que ya les pasó la fecha de vencimiento, observas las venas en tus manos, no ves la sangre, sabes que te recorre por todo el cuerpo, eres más sangre que alma, el alma debe ser una especie de reactor atómico, y, claro, cuando se descompone daña todo el cuerpo.  Disertaciones para pasar el rato, así llamas a estos pensamientos, el amor es un químico inodoro, incoloro, indoloro, que extrañamente duele, huele y se nota fuertemente en quien lo padece o lo resiste.

Ves la pantalla del celular, la desbloqueas, lees los mensajes, los contestas.

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