Conversaciones para mi tarde abierta

La tarde abrió para el sol sus horas y el sol siguió distante, lejano, descontando de sí mismo su luz, aún así, el deseo solar por cubrirlo todo, el gusto de la tarde por llenarse de luz, esto no se da, las nubes cruzan lentas sus alas sobre todo lo visible, ha de ser también así sobre lo invisible, no las veo desde la ventana, no estoy ahí, estoy en el cuarto de los libros, gris, esa es la tarde, esa la palabra para sintetizar su color. El frío acomete con sus acostumbradas caricias de hielo, afuera, alguien debe estar resintiéndose, adentro no hay café, el aroma está perdido en la alacena, quizá quiero una cerveza o un trago de licor, no hay, no hay licor esta tarde en el apartamento.

Pienso en un barco, uno de pequeña estatura, en mis ojos descontando su color, solo eso, observar un objeto no presente, con presencia sin estar, sigo con el barco y ruedo la mano sobre la nariz, el barco está en el mar, la sal en el aire, dudo acerca de poder decir que hay barcos de agua dulce y barcos de mar, no sé, ya no importa, nunca había importado, solo era pensar por pensar. Dan las cuatro de tarde en el reloj, en un reloj, en algún reloj esa debe ser la hora exacta, alguien llegó a tiempo, alguien ya no llegó, otro apareció minutos después de la hora prometido y otros se encontraron a tiempo de manera casual.

He perdido en mi memoria la idea acerca de la mujer de mis sueños, ya no sé quién o cuándo fue, sí, entre imágenes de barcos, soles y nubes, relojes y horas he perdido ese lugar, debe ser una circunstancia, solo eso, la mujer de mis sueños es una circunstancia a la que no llegué, y si lo hice, una circunstancia que perdí. La tarde mide el tiempo con las gotas de una lluvia liviana, de ruidos minúsculos, eso es, la ventana no logra reproducir la música externa, la que el aire transmite a las gotas, la que tiene un sonido diferente a la del sol.

Me hago preguntas, de algunas no sé las respuestas, quiero saber de qué está lleno el ambiente, ¿de luz o de sombra, quién invade a quién? Se me ocurre estar con los ojos cerrados, los párpados hacen caso al pensamiento, me digo, efímero, eso es un parpadeo, me gustaría quedarme dormido, recuesto la cabeza sobre la parte superior de la silla, descanso las manos sobre las piernas, no voy a quedarme dormido, solo serán unos instantes, ¿cuánto mide un instante, cuánto miden dos? Nada pasa.

Sé un poco más de mí por los otros, no por lo que dicen ellos al observarme, es más por lo que yo trato de comprender sobre ellos al verlos, por la manera en cómo los pienso, no sé cuál pregunta estaba respondiéndome, eso me digo, me digo otras cosas, y se me ocurre tomar el teléfono para hablar con alguien, con nadie, lo dejo nuevamente en la mesa, toco la madera, limpia de naturaleza, un objeto nada más.

Levanto mi cuerpo, si me pidieran levantar un objeto de un peso igual al de mi cuerpo diría que no, es mucho, no sé cuánto peso pero si se incluyen mis divagaciones internas debe ser mucho lo que debo pesar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s