Para sorprenderme en tu boca

Así, calladita, vienes en secreto a decirme, duerme ya, quiero doblar mi existencia en tu sueño.

Usted no sabe lo que es regar la tierra y sembrar semillas para que nazca una caricia, usted no sabe de lo que se trata el olvido.

En los ríos de tus manos, peces de mi noche ruedan y agitan palabras por el torrente de fuego que llega a tu pecho.

En esta bolsa de imposibles no caben más cosas tuyas

El futuro se aferra a lo eterno para poder existir. El amor apuesta al futuro para eternizar el instante. El instante eres tú.

Hoy sé que tus promesas estaban hechas para no cumplirse. Hoy llamo a cada promesa y le pido sentarse en la tarde para que al llegar la noche no le duela morir.

Ella me dice, me aprecias, me extrañas cuando no estoy, me llevas dentro de ti como un recuerdo perenne, me amas, tu sonrisa se expresa espontánea cuando me ves reflejada en otro rostro, tus palabras gravitan sobre mi nombre, eso y otras verdades sé acerca de nosotros, aún así, quiero me las digas antes y después del beso, junto al brazo y la caricia, me es necesario escucharlo de tu boca, me hace feliz que lo repitas.

Ella llama y me dice, paso un poco después de la media noche, quiero caminar por la calle y volver al lugar en donde me negué a besarte, quiero que esta noche lo intentes otra vez, ahora será diferente.

Quiero exactamente lo mismo que tú; el inconveniente es que tú y yo aún no sabemos qué queremos.

Me dice, hoy no quiero contigo, aún así, no quiero me dejes ni desistas de intentarlo, quiero que conmigo te ocurra eso que llamas milagro.

Empecé a caminar a las dos de la tarde, miré el reloj y eran exactamente doce segundos después de esa hora, fui primero al centro comercial y me detuve ante el lugar en el que venden café, estaba la misma mujer de ojos de sótano, me observó con la misma intención de siempre, me sentí de la manera acostumbrada, primero fue un frío intenso en la mano derecha, a lo que yo respondí poniéndola en el bolsillo, luego una pequeña lágrima se aproximó a la ventana ocular, yo parpadeé y antes de volver a sentirme atado a sus ojos giré la cabeza hacia la derecha para ver a una familia hacer fila ante un local en el que venden helados.

Tomé la taza de café y crucé la plaza central, fui derecho hacia la puerta de salida, una amiga entraba con su hermano, nos saludamos, ella notó que yo aprecié el color de su piel en medio de su escote, apretó mi brazo y supe que había sido descubierto, nos dimos un abrazo al despedirnos, me habló cerca del oído diciendo, avergüénzate de tu indiscreción pero no te disculpes, a mí me gusta cuando lo haces. Continué con los pasos hacia la calle, atravesé el andén, pasé la calle, y en la otra acera caminé hacia el centro.

No pensé en caminar más de una hora, media hora avanzando y media hora devolviéndome. Llevaba el café en la mano y sabía que debía detenerme cada cierto número de calles para poder tomarlo, así lo hice en la siguiente cuadra. Un hombre sentado en la acera se quitaba los zapatos y los calcetines, luego, les ponía agua de una botella de plástico que tenía en la mano. Di unos pasos hacia donde sentía que podría observar sin ser visto. El hombre refrescó sus pies, los secó con varias servilletas que llevaba en un bolsillo, estuvo sentado cinco minutos, volvió a poner agua en sus pies, volvió a secarlos. Tuve la visión, y lo creo cierto, de ver salir un par de hojas de árbol de sus uñas, cerré los ojos y por si las dudas continué mi camino sin voltear atrás. En el camino de vuelta pasaría por la otra acera.

Una señora iba adelante mío, hablaba sola, supe que yo también lo estaba haciendo, na charla conmigo mismo, una especie de monólogo improvisado me iba acompañando, me apené un poco al creer que otros se fijaban en mí del mismo modo en que yo lo hacía con la mujer, callé, puse mis pensamientos en voz baja y repetí los últimos que había pronunciado. Fui más ágil, caminé con mayor prisa, atendí la invitación de las vitrinas de algunos almacenes, me fijé en lo que ofrecían, en una relojería vi un reloj parecido a uno que tuve en los días de universitario, un reloj que tenía solo el segundero, sin minutos ni horas, un reloj que servía para recordar que nada se detiene aunque se marque el tiempo.
“Todo lo que tiene un comienzo tiene un fín”, recordé eso de una película, ‘Matrix’, seguí unas calles más y el café ya estaba frío, lo dejé en una cesta para la basura en la calle, un maniquí tenía puesto la camiseta del equipo de fútbol del que soy hincha, pregunté por el precio, me lo dieron, prometí pasar luego a comprarla, me cambié de acera y dirigí los pasos hacia mi casa.

De una tienda de mascotas se habían escapado una docena de gatos, digo una docena por poner un número, eran muchos, varias personas los seguían, los buscaban, querían atraparlos. Se me ocurrió eso mismo acerca de los peces encerrados en las peceras, una manada de peces tratando de escaparse, y el aire los consume con su fuego de oxígeno. Una calle adelante había olvidado la tienda de mascotas. Seguí adelante y donde había estado el hombre refrescando sus pies ahora se veía una planta pequeña. No quise pensar nada acerca de eso.

El nivel de ruido de los autos en la calle empezó a molestarme, al tiempo que el ruido subía, yo me hacía más sensible y empezaba a taparme los oídos, no era suficiente, sin que pudiera evitarlo empecé a romper con las uñas la piel en las orejas, luego los dedos entraron y surcaron el oído interior como si fuese dulce, luego, poco a poco, seguí arañando la cabeza, hasta que de mí, de dentro de mí empecé a sentir que un río me surcaba y se expandía por mis pies hasta la punta de tus dedos, es por eso que ahora me presientes.

Ella se despierta y me dice, soñé que no estabas a mi lado, luego soñé que dormías en el sofá y yo te buscaba. La miro con ojos de sueño, me dice, promete no hacerme enojar para que no tengamos que dormir separados.

Cosas que uno escucha en la calle, «No insistas con el suicidio, no hay muerte para los inmortales»

Te recuerdo ahora, desde una instantánea en mi memoria en la que extiendes tu línea visual hacia el horizonte, ves todo pero no a mí, esa imagen me gusta, no estoy en lo que ves, aún así tu mano se abre hacia la mía, no parece ceder, no parece abarcar, es como una apuesta por sostenerse y apoyar.

Para ti es el horizonte, dibuja en él aquello que deseas sentir, enumera en él las batallas de casa que quieres ganar, nombra y pon en el horizonte lugares secretos en donde puedas retirarte a descansar, deja espacio para emociones y amores.

Para ti es el horizonte, un horizonte que debe ser como tu corazón, y siendo así, hoy pido que tú corazón esté radiante, cautivado por la alegría y sazonado de amor.

Para ti es el horizonte, desde antes de que nacieras estaba hecho para ti, yo hoy sólo estoy recordándote que puedes tomar todo lo que te sea necesario.

La mujer de la cafetería a la que asisto sin desviaciones los fines de semana ha pedido un momento para sentarse a mi mesa. Se nos volvió costumbre una mirada con acento, con tilde en vocales secretas, una palabra cerrada en nuestros ojos, solo para ser absorbida por su ADN y el mío.

Tomó la silla justo en frente, puso sus pies junto a los míos, abiertos como si quisiera a los míos adelantar camino entre sus piernas. Pidió un sorbo de mi café, lo bebió y con una voz arqueada por la fatiga mencionó el nombre de su ex esposo. Ella apenas ha cursado veinticinco años pero vivió diez con alguien que la aventaja en edad

Volvió. Esa fue la palabra después del nombre temido, él volvió y yo ya cobré llevarlo a la tumba. Me da un papel con una dirección, me desea buena suerte, yo le prometo cumplir.

Solo me ocupo en poner una palabra tras otra, sin inteligencia, creatividad u ocurrencia plausible, es solamente para roer el óxido que se acumula sobre mis pensamientos. No hay inteligencia en esto, es un poco como boxear contra la sombra de un árbol al que el viento pone sus hojas en movimiento.

Hay quienes se aproximan a la luz para observar su sombra, tomarla con sus manos y doblarla para guardarla en el baúl de los hechizos. Te he visto hacerlo, no sabes tú que para seguirte he plegado mis alas en tu sombra, y cuando la guardas en el baúl queda mi libertad obligada a cagarse. Conozco los secretos que ocultas en ese lugar al que llevas a tu sombra, sin embargo, mis alas que están hechas de libertad no pueden usar esos secretos porque la libertad no está hecha para atar a los otros

Había olvidado como era eso de estar muerto. Se levantó sacudiendo el cuerpo, dio un giro y encaminó su sombra hacia la ventana, contó hasta tres y pensó que cuatro vidas más serían suficientes. Lamió sus bigotes, maulló y clavó sus ojos en la luz reflejada en el vidrio, se recostó en el borde de la ventana y se hundió en un sueño al que caía regularmente imaginando ser un humano que vengaba la muerte de la mujer que lo cuidaba siendo un gato

Yo no soy tú, y por encima de eso que nos diferencia y nos distancia, que nos distingue y nos anuncia lejanos, yo muero en cada una de tus muertes. Me es urgente hacerte saber que no hace falta la desaparición biológica de tu cuerpo o la firma burocrática de quien acredite tu deceso, te mueres en cada esfuerzo por contenerse y ser otro, ser el que esperan y no el que eres. A este universo compartido de historias genéticas, humo oceánico y luces resplandecientes en el cielo que recuerdan planetas muertos y encuentros cósmicos, a este universo le faltas tú y es incompleto mientras tú no seas lo que eres.

Usted que cuando fuma evapora las nubes y se deja caer intacto sobre arena inútil, usted que enumera alegrías para alcanzar un divisor de sus dolores, usted que ha perdido la fe en la exactitud de la matemática y ve perdida su puntualidad aritmética ante el avasallamiento de la avaricia de los nuevos feudales, usted al que le importan cómo, por qué, dónde, cuándo, qué, quién, pero no sabe qué otras palabras poner para terminar la pregunta, usted que se llena de miedo al reconocer que es su propia pregunta y su única respuesta, usted que ha volcado varios sueños en la basura del apocalipsis de los medios de comunicación, usted que bebe cuando debería estar sobrio y que hace lo contrario, estar sobrio cuando debería estar ebrio, usted que ha confiado sus secretos a la comunidad de los gritos visuales, usted que ahora sabe tanto pero nada le sirve, usted que guarda limitaciones para cuando sean necesarias, usted, sí usted, usted y yo somos tan distintos pero nos pasan las mismas cosas aunque diferentes todas.

Yo ando en la cama encontrándote pero no estás

Ella me dijo, tienes mucha oportunidad para el oído, opciones restringidas para la visión, mínimo, nulo, el uso del tacto, libertad para el olfato pero limitada cercanía para que sea útil, comprenderás que del sentido del gusto también es nula la posibilidad que tienes. Yo tomé el borrador y limpié la hoja para comenzar a escribir nuevamente.

Hay personas que esperan a que el mundo sea perfecto, acorde con la idea que tienen de perfección, para empezar a actuar, antes no proponen nada para hacer.

Hay quienes quieren que el mundo siga imperfecto para insistir en que solo ellos lo pueden reparar, son una suerte de manipuladores que quieren que todo esté mal para ofrecerse de héroes a repararlo.

Hay quienes reconocen que el mundo es un lugar en continuo movimiento y se mueven con él, actúan para mejorarse primero a sí mismo y para mejorar el mundo con el que se relacionan. Estos últimos son el tipo de personas que quiero ver má

Mujer invisible, de algún lugar tomas pintura, maquillaje o cualquier elemento que te permite dar color y forma a tu piel, empiezas por tus manos, y luego las veo a ellas dar textura y fondo al resto de tu cuerpo, pasas de invisible a desnuda y con un entusiasmo que se entiende pleno en tu rostro das la última puntada a uno de tus ojos.

Mujer desnuda, por tus manos pasan una y otra tela, tejida por tus ojos y manos, te cubres, nada te obliga pero tú pones una blusa, una falda, una camisa, un pantalón, unas sandalias, unas botas, hasta que encuentras la ropa adecuada con la que darás pasos en la calle.

Mujer vestida, sé con precisión de reloj atómico que fuiste imaginada en mi sueño, y desde antes de pensarte ya eras libre, ahora sé con temor infantil que tú libertad me da certeza de que volverás a ser invisible para que en otra madrugada yo pueda soñarte.

Ella mira mis manos y cuando nota que la observo me pregunta, ¿Puedo tocarlas?, y sin que hubiese podido responderle las acaricia hasta cuando las cierro, y como si una intuición la remitiera a mis preguntas me dice, estaba imaginando el tamaño de mis senos en la palma de tus manos.

El vestido de la bailarina toma posesión de sí y se descuelga para que yo pueda apreciar sus senos, desde ese instante mi boca tiene la forma exacta de sus pezones y mis manos están asombradas de percibir sus formas aunque no puedo tocarlas.

¿Acaso algo es más oportuno que tu beso en la mañana? Pregunto y ella me responde con otra pregunta ¿El café en la cama?

No cierres tus ojos sin tu mirada nada iluminará el firmamento.

Sé que no te necesito para vivir, pero me gusta hacer las cosas contigo como si solo contigo pudiera hacerlas, como si solo contigo tuvieran sentido.

He de intentar aventuras, aunque terminen fallidas, intentar abordar tus formas leve y suavemente

Y te duermes sin ponerme en la punta de tu lengua, para llevarme en tu beso, para ponerme en tu palabra

Es casualidad el encuentro, me ves, sonríes sin amplitud, pides dos helados, yo sigo detrás de ti en la fila, cuando voy a pedir mi helado me dices, No pidas algo que ya tienes, solo tómalo, me das el helado adicional que llevas

Eres la madrugada, despierto en ti y contigo.
Eres el sueño, duermo en ti y ahí siempre te encuentro.

Confieso una dificultad superior al intentar sostener el beso en la boca mientras tú apetito de mí se sacia con mirarme.

La mujer repitió el llanto durante todo el vuelo, miraba hacia la ventana y sin detenerse en las imágenes volvía a poner su mirada sobre sus manos. Quería preguntar, no me atrevía, así durante dos horas una y otra vez la observé, una y otra vez giré mi cabeza para verla, una y otra vez cedí toda la atención de mi oído a su llanto.

En el aeropuerto la seguí hasta cuando tomó un taxi, me esforcé en seguirla, con una serenidad que antes no reconocía en mí. Al subir al taxi, de su bolso cayó una hoja de papel, en ella unas notas relataban lo que le había ocurrido días antes.

Supimos que habíamos sido vencidos cuando nos cercó la indiferencia, fue en ese momento en que optamos por el abandono, ya el amor era imposible.

Parpadeas sin que pueda presumir intención alguna, sonríes luego y llevas una de tus manos para mover tu cabello, un instante después sobre la palma de tu mano descansa tu mejilla, un movimiento rápido extiende tus labios, un movimiento contrario le da forma de beso a tu boca. Me miras y luego sonríes mientras yo comprendo que en ese instante el infinito se presenta.

Me pregunta por qué la beso, le digo, hay un verso en tu boca y es urgente que lo tome para mí.

Yo soy lo que he negado, soy el otro en la orilla opuesta, pero me siento cómodo aquí donde nada me obliga a sostener mis creencias.

Ahí, en tu ombligo, en donde una cereza rueda ante el impulso de mi lengua; ahí, en la zona alta de tus senos, a donde he llevado el dulce de la mora; ahí, en tu imaginación, en ese lugar en donde existen la cereza, el dulce, y mi mano deslizándose sobre tu vello

La esfera nocturna despliega su luz sobre la espuma desnuda.
Dentro de sí una grieta abonada da paso a un grito de nubes.
En la ventana, la luz lunar hace esfuerzos por dar calor a sus hojas.
El corazón se abre y absorbe luz, oscuridad y nube, tiembla.
Un temblor secreto en el pecho, mañana va a volver, hoy fue mañana.

Imaginemos. Esta es la selva. Abundan el asfalto y los humanos. El cemento, el ladrillo, el asfalto asaltan cualquier mirada, no hay opción de eliminarlos del paisaje, se disfrazan, amarillo, negro o gris oscuro, pocas veces se viste con una tonalidad cromática diferente. La calle es un río por el cual ascienden caros plásticos y latas, instrumentos de transporte forjados en hierros sobre neumáticos. Yo camino sin opciones, he comprometido mis pasos hacia la montaña de cuadros. Todo es cuadros, al ojo le niegan las curvas, la arquitectura es de líneas rectas. Tengo fiebre, he querido sucumbir a ella para llegar al delirio, no va a ocurrir pero se oye bien como si hubiese tomado el camino de la periferia. Vuelvo al camino, un paso y otro, tres y otros más.

Es una hora a la cual le empeñé este esfuerzo, me quité la máscara, no para lavarla, solo para verme, para no usar el vidrio y ver lo que debe verse. Una mujer trajo puesto un escote, me gusta decir eso porque no hay sentido en esa frase, el escote es por definición el lugar vacío formado por la tela que lo rodea, no existe, yo lo veo, la mujer lo trae puesto. Dos hombres hablan, comparten un rato para tomar café en compañía, ambos usan zapatos de color negro, esta mañana no pensaron en la forma de sus pies ni vieron las líneas venosas cubrir sus piernas, se vistieron, prepararon de sí mismo lo que tienen para salir a ser un eslabón más en la cadena, una piñón con oficio en el motor sin rumbo.

No estoy hastiado, no me confundo, me rasca la nariz y no me salen sangre o mocos, me pican los ojos por la polución en el aire, parpadeo cada incierto número de segundos. Los hombres no tienen líneas en las manos, perdieron la capacidad de imaginar siquiera futuros imaginarios como lo hacen las gitanas, no juegan a las cartas ni le apuestan a pedirle deseos a las estrellas. Son solo eso, lo que el mecanismo bursátil les permite, quieren estar seguros, uno, dos tres, cuatro y siguen contando los días, miran sus obras y se alegran, no saben cuánto han consumido, no reconocen el tiempo o el destino, no saben a dónde van, allí están sin rumbo pero siguen.

Tomo la máscara, la sacudo, le limpio un poco el polvo, la pongo en mi rostro, vuelvo y saludo.

Le digo, Nos estamos volviendo viejos, me dice, No, solo nos estamos volviendo feos. Le digo, Yo era feo desde antes, ella me responde, naciste viejo muchacho.

Yo le digo, La vida es una enfermedad terminal que inevitablemente lleva a la muerte, ella, con descuido me dice, si no conoces a los que viven eternamente no quiere decir que ellos no existan.

Me subo al taxi, le hablo al conductor para informarle a donde me dirijo, el hombre escucha y gira su cuello para decirme que soy su primer cliente del día. Sin que yo le diga algo más él continúa, hay un mito entre los taxistas, yo no creía en él pero ya me pasó una vez y tengo miedo de creerlo.

Una mujer se sube al taxi, pide que la lleven a una calle en el centro de la ciudad, es atractiva, va vestida de blanco, como si fuese para una boda, es definitivamente ropa de boda, sin opulencia, un vestido blanco, sencillo. Lleva un ramo de flores que no se mueven de su mano izquierda, con la derecha se alisa el vestido y acaricia el cabello. La curiosidad es superior a la prudencia, el taxista le pregunta si va a casarse, ella responde con sonrisas y asiente o niega con gestos de su rostro.

Aunque parece haber ocurrido una conversación extensa, realmente solo habla el conductor mientras que las calles se abren y cierran para el auto. Al llegar al destino, cuando el taxista da vuelto para ver a la mujer, ella desaparece sin que la evidencia de su existencia se vea fácilmente. Lo único que se encuentra en la silla de atrás del auto son las flores, unas flores que no parecen naturales.

La mayoría de los conductores reniegan un poco por no haber cobrado el servicio, luego de un par de minutos empiezan a conducir para buscar otra carrera. Nadie más vuelve a llamarlos para usar sus servicios, aunque las personas les hacen el pare, apenas miran hacia la silla del pasajero dicen que no se suben. El taxi aunque va de un lado a otro y hay personas que piden servicios, el taxi no puede recoger a un solo pasajero.

Dicen que las personas, todas excepto el conductor, ven a la mujer sentada atrás del auto, por eso nadie le hace el alto al taxi, todos lo ven ocupado con un servicio. El taxista sin oportunidad de observar lo que los otros ven se va desanimando hasta volver a guardar el auto en el parqueadero. Al siguiente día se repite la historia.

Los que conocen la historia saben que para que la mujer desaparezca de la parte de atrás del auto deben ir nuevamente al sitio al cual ella pidió que la llevaran.

El taxista nota alguna duda en mi rostro, me dice , me pasó ayer, y este es el primer servicio que recojo después de haber vuelto a esa casa en el centro.

Yo sé quien es la mujer que está en la mesa en el fondo del salón, la que se niega a dejarse besar del hombre que la acompaña. En la universidad, cuando el temor por la derrota académica superaba mi anarquía religiosa, yo iba a orar a la capilla, me sometía al escrutinio propio, a pesar mis pesares y doblar mis angustias. Siempre ocurría lo correcto, salía reconfortado y volvía al estudio con el impulso de quienes reconocen en la disciplina escolar, en el estudio y repaso diario la fórmula para mejorar las calificaciones, así, estudiando con más ánimo recuperaba la senda de quienes aprueban los exámenes.

Eran los días de lluvia, yo había estado apenas unos minutos en una de las sillas expresando agradecimiento por una clase superada con notas excelentes, ella se hizo a mi lado y sin que yo pudiese excusarme para dar camino a la fuga empezó a hablarme de la culpa y el engaño, de la cultura y la sumisión, de la cadena que nos mantiene esclavos, de la negación del deseo y de la imposibilidad de negarlo.

Al comienzo, una delgada sonrisa se atravesaba en mi rostro imaginando la locura de la mujer, luego un frío de miedo fue acunándose en los pies hasta que sin que hubiese una excusa presumible me dio un largo beso en la boca.

Separó su rostro del mío y pude ver que los botones de su blusa se habían divorciado del ojal correspondiente, una desnudez de cielos en verano cupo exacta en mis ojos. Una mano y otra mano, una piel y otra piel, un poco de sal en los dedos y dos cuerpos desatándose; la perfección fue ropa por mis temores religiosos.

Le pedí salir, se negó, me negué a quedarme, nos deshicimos, ella se fue, yo también. Ahora, que se niega a besar al hombre recuerdo más palabras escuchadas en ese día, su amor, el amor de su cuerpo era sagrado, era el culto y la liturgia, y solo podía ser concedido en el espacio sagrado de quien imprime acentos tildados entre sus piernas.

A mí me da envidia de usted que vive para ser usted mismo. Claro que para no darle oportunidad de ser vanidoso, ser usted debe ser hasta doloroso, o por lo menos de un aburrido horroroso.

Cosas que uno escucha en la barra de un bar, esa mujer pronuncia la palabra senos con una “m” minúscula al iniciar.

El azar lanza los dados y apuesta a que nos encontramos, tú y yo, por ahí en un camino, en una tarde con el sol empantanado tras la nube. El azar también pierde y vuelve a la apuesta, juega nuevamente, pone todo en la última carta porque quiere vernos pronto con ese helado que aún no hemos compartido. Tú y yo, en cambio, vamos por ahí con la fe perdida en los mitos, no creemos en el azar y dejamos pasar la tarde y el camino, y cuando vemos el sol detrás de la nube cerramos la ventana sin saber que el azar apuesta por nosotros.

Fui y la ducha y no estabas. El agua encadenada gotas y escribía palabras que preguntaban por ti al nombrarte. Es precipitado, pero toda precipitación es la respuesta a una urgencia, y es urgente dejar claro que volveré a la ducha hasta encontrarte

No me veas con tus ojos heridos ni me hables con el abc de tus rabias. Yo he sido plantado ante ti para que tú te comprendas. No soy árbol de frutos y ni doy sombra. Las huellas de las que presumes, tú mirada y las formas, no se quedan en mí, y si acá vienen a buscarte nadie va a encontrarte.

Sangras tú aunque en mí puedes ver correr tu sangre, ríe tu rostro aunque yo te reflejo y solo en ti sucede la alegría, que como la tristeza no pueden ser observadas en mi, aunque notes la línea ajada en tu boca.

No me busques para quedarte, yo no soy tú, apenas te vas soy otro.

Ella me besa y dice, trae tu amor, así abrirás todas mis puertas. Ven con tu risa, entrarás por la ventana y tendrás un lugar en mi noche. Dame tu abrazo, no para que entres en mí, el abrazo es para que yo salga a tu encuentro.

Ese silencio con el que tu madre te mira, ese silencio espía en tu ojos, y tu parpadeo te delata, ella sabe que algo le ocultas, y yo detrás de tus ojos me guardo, me oculto como una verdad tras una metáfora, así, tu madre sabe de mí porque soy tu secreto, pero no sabe de mí realmente, solo sabe que me oculto tras tu mirada perdida en la horizontal ausencia.

Del abecedario, tomo una y otra letra, doy forma a la palabra. No alimenta tu cuerpo, no suple a la carne. Yo te ofrezco la lengua abierta de verbos, el rincón oscuro de vocales.

Después de haber sucedido lengual y digital sobre su cuerpo, de reconocer una ignorancia total acerca de heridas mínimas en su cuerpo, de ver sus orejas sin espacio para aretes, me sorprendió observándola lleno de curiosidad más que de deseo, le respondí a la inquietud que aparecía en su rostro, es que no tienes cicatrices, ni siquiera la acostumbrada perforación en las orejas.

Me dijo, en el futuro puedes cambiarte la piel, yo tenía la mía llena de tatuajes, y como sé que no te gustan, tomé la decisión de cambiarla.

La miro con el gusto de quienes admiran a los que inventan, ella hace un gesto y dice, es cierto, he venido del futuro para estar contigo, serás alguien con cierta fama, y pudiendo volver al pasado he venido para conocerte.

Me quedo viéndole los ojos y en voz alta digo, estoy soñando, ¿cierto?, responde, no, es seguro que recuerdas cada paso de esta noche, de esta tarde, de ayer y de otros días en que nos hemos visto. Se aproxima y me muerde, me resiento, me besa, y me dice, deja ya de complicarte, sigue desnudando mis secretos.

De esta ciudad, mías son la lluvia y el ruido del tráfico a las seis de la tarde. Son míos, no del modo en que le pertenece una moneda al que vive de la usura, son míos porque en ella agrieto gritos con los cuales te nombró, con los cuales apuesto por el olvido.

Yo sería otro de no haber alcanzado esta cercanía contigo. Un distanciamiento de mí mismo cubriría mi continuo movimiento, estaría aquí, sí, donde estoy, estaría aquí palideciendo la noche al tiempo que te busco sin saber quién eres o por qué quiero encontrarte. La casualidad nos trajo, debió ladear ciertos caminos, bloquear cruces entre calles, quizá hasta motivó encuentros en lugares para que pudiese darse tu mirada en la mía y la mía en la tuya.

Esta noche vienes a mi casa con una justificación que calificaste como urgente, en el cajón de tu mesa de noche encontraste mi agenda de notas, en donde he escrito algunas cosas para ayudar a mi memoria. Te excusaste antes de decirlo, viste algunas hojas y encontraste una en donde yo había anotado una cita, sí, una hora y junta ella la fecha de mañana. A las 7:15 a.m. debo estar en el consultorio del homeópata, no para asistir como paciente, la descripción del compromiso es, “Romper el vidrio de la ventana del consultorio de este médico. Hace un año me engañó con placebos.”.

Hubieras podido llamar, dije lo anterior y supe rápidamente que no era una buena oración para dar paso a una conversación continua, entonces di las gracias, y te pedí seguir a la cocina, estaba preparando un sándwich, ya había servido una taza de leche. Te ofrecí y no aceptaste el vaso, abrí la nevera y llené otro vaso con jugo de manzana, esta vez la elección fue la correcta. Bebes lentamente, haces una observación sobre el frío de la bebida, no sostengo la conversación, y dejo a un lado mi comida.

Me preguntas el motivo de la cita, te explico, te ríes, pongo cara de serio unos segundos, río. Salgo de la cocina y voy hasta el cuarto, no quieres seguirme, te digo, vale, si quieres espérame en la sala, salgo unos segundos después, abro el morral que llevo a diario, en él se puede ver una piedra de buen tamaño. Tu rostro expresa sorpresa, luego risa, y un instante después empiezas a preguntar si lo he planeado todo. Te digo cada uno de los pasos que adelantaré para romper los vidrios del consultorio. Reímos, yo vuelvo al cuarto a dejar el morral, tú entras conmigo, pongo la agenda en la mesa de noche.

Vemos la cama tendida, te burlas de mí, tienes la amabilidad de apostar conmigo sobre el número de libros que hay debajo de las sábanas, aciertas, hay cinco, dos de poesía, un par de novelas y un libro de ensayos. Sumas con los dedos de tu mano izquierda y con exactitud de adivina dices el número de días que ha estado la cama tendida, ninguno, solo la tendí cuando supe que eras tú quien timbraba.

Una y otra conjunción nos van llevando a otras palabras, una y otra palabra nos acercan al beso, es entonces cuando yo te digo lo primero que he escrito en este texto. Tú, me escuchas, das por cerrada la conversación y apagas la luz, tienes sueño, te metes en la cama y prometes estar despierta temprano para hacer las fotografías que dejen evidencia de las piedras en el vidrio.

Principio del formulario

En el ascensor, esta mañana cuando subía al piso quinto, una mujer hermosa subió conmigo. Ella se hizo junto a los botones numerados con los que se indica el piso requerido, me preguntó, (una dicha su voz), me preguntó el piso al cual iba, dije quinto, ella marcó otro, unos pisos más arriba. Rogué por un corte de energía, una falla en el ascensor, nada ocurrió, el camino vertical fue recorrido en los mismos segundos utilizados diariamente. Me pareció que la mujer conocía de su belleza y su actitud era de quienes no necesitan ser admirados, sonrió, y me hizo una observación sobre la corbata, ante mi confusión, ella misma la ajustó y su sonrisa fue mayor al ver mi rostro convertirse en una cara de infante tímido.

Todas las salas de la funeraria estaban en servicio, afuera, junto a la puerta algunas personas se reunían a fumar cigarrillos, otros entraban y salían, unos para marcharse otros para dar a los pulmones aire con otro aroma. Entramos y fuimos directo al ascensor, ya sabíamos el piso y el número de sala a la cual debíamos acercarnos, ella hubiera querido ir con sus tenis y pantalones de siempre, su camisa blanca y el cabello suelto, quizá notó que yo prefería la formalidad y aceptó ir con un vestido de color negro.

Se veía linda, no quise decírselo, con el vestido formal aparecía en ella un brillo diferente, pasaba de la fluidez y agilidad de la ropa deportiva a otra forma de cubrir el cuerpo. Subimos las escaleras, yo quería usar el ascensor, siempre cedo a sus reglas, no le gustan los ascensores, yo advertí que subir escaleras con tacones no era lo mismo que hacerlo con los tenis, rió, y se quitó los zapatos, subió descalza, la seguí hasta que en el piso al que debíamos buscar la sala volvió a usar los zapatos de tacón.

Entramos a la sala, dimos el saludo correspondiente, nos ubicamos en una de las esquinas de la sala, sin que yo pudiera evitarlo ella fue hasta el féretro, se plantó ante él unos minutos, un familiar cercano al difunto se aproximó a ella, compartieron el llanto, yo no sabía por qué lloraba ella, el familiar tenía todos los motivos, ella en cambio, solo lloraba y abrazaba a la persona.

Vino hasta donde yo estaba, me pidió retirarnos, me pidió no preguntar por su llanto. Decidimos partir, nos despedimos de todos. Ella expresó condolencias a todos, sus expresiones eran de una sinceridad extrema, sentí que ella se estaba lastimando, la afané para salir del lugar.

Cuando salimos de la funeraria, me pidió caminar un par de calles en silencio, así lo hicimos, fuimos en línea recta hasta que después de casi un kilómetro de camino dijo, no había visto a nadie muerto, no sabía que de verdad la gente moría, esta es la primera persona que veo de este modo, yo creía que todos éramos eternos, no había visto ni sabido de alguien abandonando la vida, es extraño para mí, todas las personas que he conocido en mi vida están vivos, no puedo creer de manera alguna que la gente muera.

Ella responde, eres imperfecto, estás lleno de errores, te confundes fácilmente, pareces abrumado por la realidad que te circunda, eso me gusta de ti, cabes exacto en mis dudas, como yo estás hecho de grietas y aún así te propones sostenerte en pie para apoyar mi mundo.

Ella se recuesta sobre mi hombro, luego de unos minutos en silencio da un giro y mirándome dice, sabes, muchas veces no sé me ocurre que decirte, no sé en qué piensas y no me interesa saberlo, aún así, aunque no tengo claras respuestas para ello, me gustar estar aquí contigo, estar, eso, disfrutar de estar contigo.

Un mosquito gira solitario por el espacio aéreo de mi cuarto, arriba de mi cama, cerca del techo, desde la cortina hasta la pared en el lateral opuesto. Su movimiento es admirable, se sostiene a sí mismo y aún siendo diminuto produce un ruido volcánico. He intentado varias veces con la almohada sobre la cabeza darle un golpe de indiferencia para olvidar su ruido, no es posible, él sigue en el aire, incansable, en línea recta o zigzagueando se inyecta entusiasmo y continúa con su vuelo y su ruido.

He pensado e n los pequeños orificios por donde pudo haber ingresado, una sensación de imposibilidad me impide aceptar que venga de la calle, creo que ha surgido por generación espontánea, la idea me gusta, la digiero sin masticarla, ahí está el origen de la vida en la tierra, generación espontánea como la del mosquito. Se me ha ocurrido también que haya salido del espejo en el baño, un espejo que conecta al mundo paralelo en donde una congregación secreta de mosquitos dispone de sus más grandes guerreros para enviarlos al otro lado del mundo, que viene a ser mi cuarto y su silencio.

Creo que dormí unos segundos, apenas un parpadeo y el mosquito no está en el aire, ahora está sobre mi cuerpo, justo en la oreja izquierda, lanzo un golpe, la mano abierta reconoce su fuerza, se expande para expresar completamente la longitud de los dedos, el brazo se estira, el golpe se oye suave, el ego advierte una grieta, la mano ha dado con la oreja pero no con el mosquito.

Tomo impulso, me levanto de la cama, busco un objeto contundente, me parece bien usar un libro, ‘rant’ de Palahniuk, el libro toma forma de arma mortal y como si lo presintiera el mosquito desaparece. Lo busco, dejo un silencio regado en mis pasos, me muevo lentamente alrededor de la cama, no lo veo, no lo escucho, me quedo quieto, uno, dos, tres, cuatro segundos, la cuenta se repite y cuando creo que en un minuto caben cien eternidades aparece erguido sobre sus alas desde la puerta del closet.

Una mancha, una especie de asterisco refleja la fortaleza del papel en contra del mosquito. Dejo el libro, busco la cama, me ubico bajo las cobijas, el sueño ha sido espantado, ahora los ruidos de la calle caben en mis oídos, los escucho todos. Comprometo a los párpados para que se junten, pongo las manos dentro de la cobija, me acomodo, quiero dormir rápidamente, me parece que el sueño llegará pronto, pronto, pronto.

Sé que estoy dormido, es una certeza propia con la mayor exactitud posible, aún sabiendo que estoy dormido entonces comprendo que estoy soñando. Nuevamente el mosco rodea el techo abierto de mi cuarto, va y vuelve, yo lo veo desde la cama, él me mira, sé que me observa, de pronto se lanza hacia mi cara sin darme oportunidad de defenderme, cae sobre la mejilla derecha, no se conforma con la picadura, se mete dentro de la piel.

El mosquito se mueve, va por una vena y lo siento aproximarse a todos los lugares de mi cuerpo, yo me veo, sé que estoy dormido y puedo verme, ahí estoy sobre la cama, el mosquito dentro moviéndose, ahora trata de salirse, no parece poder lograrlo, lo hace, rompe la piel en mi mano, me despierto, me rasco la mano, una gota de sangre aparece en la uña del dedo con el cual me rascaba una herida abierta en la mano.

La noche ocultaba una fatiga en su útero, la noche parió un miedo de alambres, un ruido metálico se abrió paso en el pecho, la voz que todo lo quiebra apresó la memoria. Una sombra de heridas da color al pensamiento y toda libertad es entregada al miedo. Esta noche el miedo saltó como la liebre sin ser esperado, ha tomado el lugar del sueño y atrapa con su furia voraz la serenidad.

La mujer, sentada en la silla de al lado en el bus tiene boca de beso y voz de madrugada. Habla con alguien por celular, no acepta las promesas que desde el otro lado de la línea le hacen, dice no, y cuando dice no a mí me da la impresión de que el mundo se baja de sí mismo para negarse.

La mujer le dice por medio del celular a quien parece reclamarle, claro que no estoy sola, un bosque de recuerdos me circundan, alrededor mío los recuerdos toman forma y son esos fantasmas que tú miras.

La mujer le dice, claro que camino desnuda, yo llevo la piel del espejo en los ojos, yo tengo el rostro cubierto de momentos, mis manos están llenas del frío nocturno y la tibieza que le trueco a la noche. Todo en mí es desnudes, nada se oculta.

Una torpeza la mía, prometerte mi corazón cuando ya lo tenías.

No he doblado la línea horizontal de mis ojos sobre tu ombligo para observar tu estómago pensando en la proximidad de tus senos. Diré hoy que ha sido cuestión de suerte, tú estás, yo estoy, no sé si quieres, no te he dicho que lo deseo, te imagino, te supongo, en cambio tú, me sonríes distraída sin que yo pueda saber si mi mano encontrará la vía láctea que abre la ruta hacia tu universo de erotismo.

Te llevo en mí del modo en que se llevan los grandes secretos.

Mis palabras te narran, como la tierra eres la fuerza del árbol, del árbol verbal al que dedico mis horas

Ella me hace cosquillas en el estómago, me hace reir, luego me dice, el amor es así, todo está en ti, solo necesito un poco de entusiasmo para tocar en el lugar adecuado

Ella sonríe, su boca se expande espontánea, una luz solar filtrada entre azules se despliega en sus ojos, parpadea, un instante después abre los ojos al tiempo que suave sin intención muerde sus labios.

Yo quiero la poesía en porciones de tu boca.

No te duermas sin mí; no quiero llegar tarde a tu sueño.

Ella me dijo, deja de buscar letras en el abecedario para nombrarme, toma cuatro nada más, con ellas será suficiente, dime, Amor.

Cosas que uno escucha en la panadería dónde desayuna, yo encontré a un hombre inteligente observando el debate político, y antes que que pudiera ser corrompido por la política le di muerte, ese es el mayor acto de pureza que he cometido.

La perfección de tus labios solo estará completa con mi beso en tu boca.

Quiero ver desde tus ojos y observar en mí lo que te acerca, quiero escuchar mi acento en tus oídos y reconocer de mis palabras las que son río y lluvia.

Cuando un día te bese, en ese beso voy a decir tu nombre en todas las lenguas.

Tu silencio hiere gota a gota hasta que un temblor sin trueno abre la boca y la herida es atravesada por el llanto.

Ella me envió una fotografía de sus senos, y en el cuerpo del mensaje decía, no lo notas pero he tatuado con invisibles tu mirada alargándose sobre ellos.

Le pregunté por qué dejaba papeles en blanco dentro de mis bolsillos, y contestó, eres muy ingenuo, es evidente que quiero escribas mi historia

Ella llama, saluda, confiesa un deseo, me pide escribir acerca de los ríos subterráneos que la inundan entre sus piernas.

Me gustas ahora, en este instante, me gustas ahora que vienes con el aroma del café que compartiremos en la mesa, y me quedo pensando en más tarde, en tu lengua y la mía, en un poco de sal entre los dos y tu desnudez anclada en mis ojos. Me gustas ahora cuando sé que en tu bolso traes ropa para cambiarte mañana y esta noche dormirás sin pijama, y mis manos se atreverán en tu carne a ser raíz y arbusto y bosque y universo. A mí me gustas ahora con tus senos vestidos mientras sospecho que trajiste arequipe para poner en ellos cuando yo los muerda y tú digas, para ya que me duele.

Cosas que uno escucha en la lavandería, «le dije que prefería aceptar tener sexo con él antes que aceptar su anillo de compromiso, y se fue sin que yo pudiera entenderlo»

Ella supo que la mano abrazaría sus senos cuando el ojal abandonó el botón ante el ofrecimiento de libertad hecho por mi mano, se opuso levemente, antes de que la mano llegara al centro de su deseo me dio un beso, dijo, mañana es lunes, trabajo, sé rápido, apreciaré dormir esta noche

Cosas que se dicen sin saber su significado, ¿Por qué me sigues? Porque me repito en tu nombre.

El compromiso era estar a las cinco de la tarde, ella llevaba las entradas para teatro, las habían comprado días antes, asistirían a la función de las seis, tendrían una hora para tomar café y conversar sobre los asuntos importantes de cada uno. Las entradas no estaban donde creyó haberlas dejado, tampoco en los cajones de la mesa de noche, no los halló entre las hojas de los libros que estaba leyendo, no estaban en los lugares habituales.

Un poco de desespero le fue pesando en el cuerpo, no acostumbraba a llegar tarde, el tiempo se acortaba y las entradas no aparecían. Pensó en la cocina, buscó una y otra vez entre cuchillos y cucharas, tampoco fue efectiva la búsqueda. Se le ocurrió que en la cesta de la basura, pudo haberlas tirado por descuido mientras organizaba alguna cosa. La búsqueda funcionó, por extraño que a ella le pareciera las encontró en la cesta de la basura de la cocina, en medio de dos cupones de descuento de un restaurante cercano.

La vergüenza consigo misma y su acostumbrado orden la sorprendió, se enojó un poco y se regañó a si misma, luego sonrió pero su sonrisa fue atrapada por un rostro lleno de seriedad y asombro, en la misma cesta habían cuatro condones usados, el mismo número de días que lleva sin sacar la basura.

Vive sola, no ha recibido visitas los últimos dos meses, hace más de un año no tiene sexo. Las dudas se confunden con el afán, hace un nudo en la bolsa y decide tirar la basura, luego toma el bolso, asegura llevar el móvil, las entradas para teatro, las llaves, cierra la puerta, y sale con muchas dudas a las cuales encontrarles la respuesta.

No habló con su amiga sobre esto, la conversación giró alrededor del trabajo y de amigos que iban recordando. La obra de teatro la entretuvo, olvidó por una hora el momento de enojo, al salir, fueron por otro café, hablaron más con su amiga hasta que le pareció que era tarde para todo, incluso para estar en la mesa con su amiga, así, se despidieron y volvió a casa.

Puso una bolsa nueva en la cesta de la basura, la dejó en el mismo lugar, se fue a la cama, oró un poco, se levantó de la cama, optó por poner seguro a la puerta, se aseguró de que las ventanas estaban cerradas, dio una vuelta y otra para sentirse tranquila, apagó las luces, estuvo casi una hora en silencio escuchando los ruidos, esperando un evento extraño. El sueño fue superior a ella. Tuvo sueños que la despertaban pero en la mañana no recordó ninguno.

Vigiló la cocina diariamente, se llenó de enojo dos semanas después cuando descubrió en la misma cesta dos condones, la primera vez los tiró por la ventana de la cocina, le gustaba dejarla abierta, así el evento se repitió por unos meses. Después de un par de meses observó, una noche de luna, que un joven tiraba desde unos pisos arriba del suyo los condones hacia la ventana de su casa

Una amiga que oficia de bruja y adivina, vino está mañana, muy temprano, sin que yo elevara preguntas ella dio respuestas, anoche soñé contigo, hay algo acá en tu apartamento que quiere hacerte daño. Le recordé que vivo solo. Siguió, eso me preocupó más, no hay quien te defienda.

Midió sus pasos por la sala, la cocina, la habitación, el cuarto de estudio, se sintió observada, desde un objeto hasta lo que quiere hacerse daño hay dos metros. La dejé hacer sus pesquisa y fui a la nevera por algo de jugo, le ofrecí un vaso, no quiso tomarlo porque estaba muy frío, lo dejó en la mesa y me preguntó por una puerta tura que siempre está ladeada.

Hablamos del cuadro, ella se paró frente a él, dio unos pasos y desde una de las plantas midió los metros que buscaba.
Detrás de la pintura había una tela manchada de sangre con unas imágenes labradas con hilo, al abrir la más un olor nauseabundo nos obligó a ir al balcón.

Después de varias explicaciones me aseguró que debía lavar eso con is orines y quemarlo luego. Sin muchas opciones lo hice. La tela tardó en quemarse, y mié tras el fuego la consumía, una mancha con forma de serpiente se mueve entre mis brazos hasta que desaparece en los dedos.

Mi amiga toma de la cocina media botella de tequila, me da un trago, luego me lava las manos con lo que queda en la botella. Me duele, es como si estuvieran clavando agujas en la piel. La tela termina de quemarse, el dolor desaparece.

Ninguna hipótesis me gusta para dar respuesta al origen del objeto tras la pintura.

Mi amiga limpia las cosas, baja la pintura, llama a la portería, un portero se hizo dueño de ella. Cuando sepas quien te puso eso debes tener cuidado con esa persona, dijo mi amiga, en ese instante suena el teléfono y eres tú que quieres verme para ir a cine.

El dictador dijo, quiero al mejor poeta en mi corte. Sus serviles más cercanos le dijeron, lo traeremos hoy mismo. Rápidamente salieron en su búsqueda, cada uno encontró un poeta, el mejor según les habían dicho. Los poetas encontrados fueron puestos en un calabozo, a ellos mismos se les encomendó decidir quién era el mejor para estar en la corte.

Después de insensatas discusiones y de golpes bajos entre sí, acordaron que solo aquellos que quisieran el cargo se levantaran y los demás escogerán el método para elegirlo. Ante el acuerdo se levantaron varios, cuando estaban de pie, un hombre viejo le pidió prestados varios cuchillos al guardia de turno, los lanzó a los poetas y los que estaban de pie se hirieron de muerte hasta quedar solo uno.

Al dictador se le presentó el mejor poeta, le asignaron un lugar en la corte, le dieron un cargo y cuando tomó posesión de su cargo le dijo a los serviles, para que exista un único poeta siendo el mejor y sirviendo al gobierno, los demás deben ser muertos. Así lo hicieron, sin competencia, sin otros ejerciendo, el dictador tuvo al mejor poeta en su gobierno.

Después de todo, solo hemos compartido besos de papel, caricias emplumada en palabras que no te llegaron a tocar. Después de todo, nada existió.

Toda muerte es prematura pero necesaria.

Es maravilloso coincidir contigo, existiendo tantos mundos, habiendo tantas opciones para ser un ser viviente, y nos toca este mundo y ser de la misma especie. Hagamos valer la coincidencia, caigamos casuales en repeticiones que nos hagan alegres al uno con el otro.

Abcdarte con cada palabra de tu boca.

Llama a las dos y treinta de la mañana, me cuenta alguna historia, la escucho, y cuando el sol atraviesa la ventana de su cuarto, me dice, sabes, nunca es tan larga la noche para que se acabe la tristeza.

En la curva que da forma a la letra se oculta el beso, en la curva que da forma a tus labios mi nombre te descubre.

Una luz te detiene, pones tu mirada como el botón en el ojal y cierras tus ojos para anunciarle a la luz que toda sombra es el reflejo de las horas en que te piens

Me gustan de ti la sorpresa detrás de tu palabra, el gesto en el labio y el temblor en tu mano cuando llego con un beso a tu mejilla.

Le digo, Levántate temprano solecito para que el día me llegue a tiempo, y ella con voz-bostezo me dice, hoy es un día para la luna quédate en la cama más tiemp

Hay matrimonios que son dos o tres palabras después de la cama, un par de oraciones sin ánimo de extenderse, un lugar de paso en la cocina, el desayuno que refleja en su afán la prisa por darse un beso a la salida de casa, y los pasos hacia la calle que los libera.

Detrás de la nube una línea de luces te extraña

En el bar hay un encuentro de lenguas, aprender otros idiomas en un lugar agradable, yo me siento en donde está la bandera inglesa, una mujer de Londres me habla en un español agradablemente alargado, yo apenas deletreo lo que aprendí de inglés en el colegio, cada uno se esfuerza, al final, me propone la tertulia como un encuentro diario, una clase de idiomas para hablar inglés en modo entretenido, yo le debo confesar que si lo hiciera, me enamoraría de su piel y su boca, de sus ojos y sus manos para aprender a decir, eres la más bella en un inglés mal pronunciado.

No hay distancia alguna entre el hombre en la mesa y yo en la barra del bar, él le toca los senos a la mujer que lo acompaña, y yo haría lo mismo si ella estuviera conmigo

Hay personas que cuando llegan a la oficina aún traen en la cara el fastidio con el que durmieron la noche anterior.

El psiquiatra le recomendó un lugar de reposo y le dio la receta con la medicina para calmar sus síntomas, en ese momento supo que nada, absolutamente nada de poesía tenía su locura

Voy a narrar tu boca en voz baja, una lengua y cinco vocales, un abecedario y un beso.

Las ventanas se desprenden del edificio, lo dejan ciego, su lugar lo ocupan sombras de silicio.

Un reloj se detiene, harto de medirse a sí mismo.

La ola en el centro del mar extraña la orilla y sueña con nubes de arena.

En la peluquería anuncian un único corte, cabezas sin pelo.

Unos niños, con mangueras y baldes, dan de beber a una calle helada de asfalto.

Cuatro mendigos abdican y ceden su reino a una familia de gatos.

Un recién nacido se parece a la imagen que le devuelve el espejo en que se refleja su rostro, él no se ve, cree ser una voz, apenas el sonido que le habla al oído.

Un diccionario arranca la hoja en donde está registrada la palabra ortografía.

Un calendario solo enumera los días que son número primo, 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23, 31.

El músico se abstiene, no dedica canciones, el auditorio queda vacío.

Estas palabras hieren la palma de la mano antes de ser línea firmada en los dedos.

Es tan oscura su noche que cualquier presagio de luz es una estrella.

Ella toma el horizonte, le da tres vueltas de madeja en sus ojos de lino transparente, toma el blanco de la luna y da color a sus uñas. Nota una grieta en mi pupila, se distrae viéndola, reconoce la avería en mi mirada, suelta la madeja, la eleva y vuelve el horizonte permeado por gotas titilantes y sombras de luna

Ella me dice, cuando escribes beso, mis labios acarician tu boca. Cuando dices caricia, un temblor enumera lugares sensibles en mi cuerpo.

Cuando la noche sacude su pincel nocturno y pone en el cielo más sombra que estrellas, yo miro desde mi ventana hacia la calle y espero que tus ojos se abran para que la luz vuelva al cielo, pero tú duermes y yo tan solo te extraño en lugares en donde aún no has estado.

No tiene límite tu desnudez en la larga lengua de mi abecedario.

Ella, después del beso me dijo, tu silencio rima con mi boca y quise darle punto final en tus labios.

He entrenado pronunciar tu nombre con el menor tono posible, me acerco a la planicie líquida en el lago y lo digo sin que el agua adquiera movimiento, aún así, los peces lo escuchan, lo aprenden y con la corriente va tu nombre mientras yo me entreno para repetirlo en tu oído sin rozarte.

Tú tomas la muerte y la descoses, hilo a hilo, hasta que le abres el vientre y ves que ella solo parió vientos fríos, le encuentras el útero, le mides las heridas, tomas el hilo, vuelves a poner todo en su lugar y la muerte, untada y prendida de ti, se levanta sin ánimo de amenaza, sin carbón de fuego o intención de cegar tu vida. Ha sido así cada noche mientras te duermes, ella viene, se somete a tus ritos previos al sueño, yo te veo hablar en voz baja, creo que oras, sabes que pienso eso y me corriges, luego muy seria me dices, lo he pactado mucho antes de que estuvieras conmigo, lo he pactado para que se olvide de ti cuando viene a buscarte.

Cierro el libro e inevitablemente permeas la realidad para mantenerte en la memoria.

Busqué una palabra para resumir nuestras horas, era previsible, no encontré ninguna, aunque me gustaron para nombrarte, piedra y roca, arena y arcilla, presunción y certeza, condena y reposo.

En la lavandería, un letrero dice, «Cada cierto tiempo trae tu conciencia para ser lavada; es un poco como masturbarte junto a tu pareja sin que ella lo sepa. Las conciencias no se lavan, se arrepienten, piden perdón, se perdonan y cambian; a los que tienen pareja no les hace falta masturbarse. No traes la conciencia sucia, solo debes ajustarla»

La mujer me sorprende viéndola a los senos, y me dice, ¿qué mira?, asustado le digo, es que no sé si son botones de presionar o de girar.

No habrá otro silencio sobre la tierra del cual no emerjas hecha nieve líquida. No habrá otra canción en la que una palabra secretamente te nombre.

Cuando la última letra de la palabra abandona tu boca, en la orilla del instante en que miras antes del parpadeo, cuando tus manos acompañan tu voz y preside con movimientos el acento en la vocal, sientes que te beso como si mi boca se pusiera en la tuya para escucharte.

Tú eres el verbo y el cuerpo, mi voz y mi deseo.

No, no entres a mis pensamientos, no hay cordura ni prudencia en ellos.

Pasas la mano por mi cara, notas que no es necesario afeitarme, te enojas, reclamas, observo y explico; creí que no volverías, entonces abres tu blusa, pones tus senos ante mis ojos y veo que con el pintalabios has escrito mi nombre sobre ellos.

Eres un país lejano al que voy desde mi memoria, al que asisto cuando me encuentro a tu lado.

Ella dice, ven a mi país, declaro que en él es habitable la locura, y tú eres un loco sano, vente, trae tu voz líquida, yo daré a tu palabra un camino cierto hasta mi corazón desde tu oído.

Ella me pregunta, ¿Si hago el amor contigo, me harás sentir la misma fragilidad erótica que me erosiona cuando te leo? Yo le respondo, lo dudo mucho, pero es en la duda de donde surgen mis palabras.

Cosas a las que uno se somete al escuchar a los extraños, mi mamá te soñó el día en que naciste, supo que a esa hora, en algún lugar nacía un hombre que en su edad adulta sería quien besaría a su hija, una hija de la cual sólo tendría noticias años después. Mi rostro de sorpresa absurda se convirtió rápidamente en deseo cómplice cuando me presentó a su hija, hecha a imagen y semejanza de mi deseo.

El diccionario, ese que comparten los que se aman, va limpiando las palabras que no son necesarias para la vida, no existen, guerra, venganza, envidia o rencor. En cambio, en el diccionario de los que no aman, las palabras adquieren significados que las calumnian, y las palabras que dan sentido a la vida las desaparecen.

Le apostamos al agua, al encuentro líquido en la lluvia, al líquido lunar en la ventana.

El encuentro, un encuentro en público pero hecho de secretos, de tu sonrisa abierta dispuesta a cerrarse alrededor del beso, de tus pensamientos acercando el deseo a mis manos.

¿Y cómo voy a extinguirme si tu memoria amplía tus ideas de mí?

¿Y cómo voy a extinguirme si tu memoria amplía tus ideas de mí?

Esta noche caminamos, un paso y otro, una ruta juntos, un frío compartido, una sonrisa expuesta en conjunto.

Nómbrame, en tu palabra hablaré el ocaso. Nómbrame, en tu palabra atravesaré la noche. Nómbrame, en tu palabra seré el día.

Ahora que la memoria lo permite y los tequilas me animan, sepan tú y todos que te amo en la media luna de la noche y en la oscura redención que da la madrugada.

¿Si te vas ahora, después de emociones sexuales sinceras, cómo qué vinimos siendo? Y ella me dice, somos una segunda oportunidad para que mañana deje mi cepillo de dientes en tu casa.

Dejemos a mis ojos caer invisibles en tu duda y tu silencio, desnudarte y buscarte en tu piel.

Con el brazo sobre su cuerpo cerré los ojos y me quedé escuchando su respiración, al tiempo ella se iba durmiendo, pensé en el amor sobre el cual nos habíamos recogido, muerto, tal como nosotros, muertos a cualquier sorpresa o advenimiento, así, mientras nos quedábamos dormidos, yo pensaba en que sólo nos salvaba de la vida poder desvanecernos.

No te dejes vencer, mantén erguida tu locura, sé tu propio desvarío, no permitas a otros averiarte.

Ven, ven a mi sueño para que valga la pena quedarme dormido.

Me quieres, hasta el borde del abismo y dentro del abismo al que no me llevas, te fugas para mí a ese lugar de encuentro a tomar café sabiendo que la cefalea te amenazará de muerte al terminar la taza.

Me quieres, cuando la lluvia estira sus brazos de gotas hasta tu ventana, le pones mi voz y mis palabras, me escuchas, aplaudes con ella los secretos que descubres en mis ojos y me nombras por encima del aprecio.

Me quieres, un poco de prisa y otro tanto despacio, cada cierto número de páginas del libro que lees me recuerdas, me invitas a ser testigo desde tu memoria de lo que lees.

Me quieres y para no desgastar el infinito te callas antes de decirlo.

Con uno de mis dedos escribo la palabra beso sobre tu boca, ¿eso cuenta como haberte besado? Sobre tu piel, en voz baja y lentamente digo caricia, ¿eso es aceptado como acariciarte?

Esta tarde de la cual recordaremos el beso, esta tarde nos ha sido dada la casualidad de mordernos delgadamente los labios y besarnos sin prisa. Nos encontramos, una cita aprendida para cumplirnos los viernes que el calendario enumera par en su número de día.

Envejeceré, pero no en tus ojos porque me amas.

No será para ti, la rabiosa muerte cobrará en ese instante mi última mirada, he nacido con ella empeñada

La muerte te presta la vida un instante, no reclames cuando ella te la quita.

Cuatro eternidades he vivido contigo, tu beso, tu abrazo, tu sonrisa y tu voz.

Solo un poco de tu voz para sanar las heridas del sol

Todo lo que quiero de mí es a ti cuando te miro.

Yo tomo café en un local desde donde veo y escucho la celebración religiosa, la verdad es que no estoy atento a ella, mientras tomo café leo el periódico y observo a otros que pasan y observo caminar de un local a otro. Hay una mujer que hace parte de la seguridad, lleva un radio de telecomunicaciones, la veo ir de un lado a otro por los pasillos pendiente de que el orden establecido se mantenga.

En la mesa, a unos metros de donde yo me siento, quedaron el agua y el vino, junto a otros elementos con los cuales se realiza la misa católica. El sacerdote se había marchado con algunas personas que lo acompañan cuando celebra la misa en la plazoleta del centro comercial. Una joven de menos de veinte años se encarga de recoger los elementos de la misa, de levantar las sillas, de volver al estado inicial en la que se encuentra la plazoleta en la mañana.

Una mujer adulta, una anciana, de quien un amigo diría, en edad de merecer la muerte, se quedó sola en una silla desde donde participó de la misa, fue levantándose poco a poco apoyándose de una muleta, lentamente, mientras la muchacha que recoge los elementos de la misa se había marchado con una caja, se aproximó a la mesa, tomó la jarra en donde estaba el vino y se lo bebió en un par de sorbos mientras yo desde la silla, y la mujer de la seguridad desde una esquina sonreíamos viéndola beber plácidamente.

Ella me da un lienzo con algunas líneas que presumen la existencia de un mapa, me dice, dibuja en él la geografía de mi cuerpo, nombra los lugares y las rutas secretas que usas para encontrarme dentro de mí misma.

Toma una bicicleta, ve por la ciudad, recorre calles y parques, pedalea una y otra vez. Toma una bicicleta, la muerte no sabe pedalear.

Cosas que uno escucha en el local donde venden verduras. La niña le dice a la madre, mamá me tatuaron en el vientre la cara de Dios.

La madre responde con voz de enojo, le he dicho que no me gustan los tatuajes, estás muy pequeña, déjeme ver.

La niña le muestra el vientre, no se ve nada, unas pocas pecas y el ombligo redondo como el sol, entonces, antes de que la mamá diga algo la niña le dice, tú si eres bobita mamá, el rostro de Dios es invisible, por eso no lo ves.

Poeta, con el último poema llegará la muerte; por eso no quiero que calles, sigue con tu voz hablando que yo seguiré poniendo en tu mesa los tequilas.

No llames para reclamar el beso que me diste, no traigas el recuerdo que la puerta es angosta y no cabe por ella. Deja atrás aquello que no fuimos, mírame, he roto la línea desde donde miraba extraviado hacia tu boca, mírame, la voz aprendió silencios largos y apenas puedo con la palabra sin que ella caiga dolida en silencios extensos.

Ella, para no hablar más me dijo, este momento es como los prólogos, no me gusta leerlos, prefiero adentrarme en la narración antes que contener la gana de leer en el prefacio. Así, entiende porque quiero ir a ti sin saber, sin presumir, sin presentación, déjame llegar desde ya a ti. La besé y me mordió, la mordí y se desnudó, la convertí y cedió. Ella, para no hablar más me dijo, me gustan las lecturas incompletas para tener un página a la cual volver, así partió y yo tomé nota del lugar al cual volveríamos después.

Tú, líquida en la ducha, das un grito porque el agua da golpes de frío a tu piel, sales de prisa, te lanzas a la cama y sin opción de lucha tomas mi camisa para quitar la humedad de tu cuerpo. Tú, extendida y desnuda, yo, ya no saldré, el mundo puede esperar, me quedo contigo aunque prometí salir temprano para llegar a la cita que olvidé.

Ella me dice, no sé por qué me quieres desnuda si con tus palabras me quitas la ropa.

No vuelvas al lugar de los espejos, no hace falta que te mires para saber quien eres.

Le digo, deja de leer ponte a dormir, ella responde, deja de dormir vente a leer. Juntos, ni leemos, ni dormimos, hacemos el amor, y al otro día, trasnochados sin leer, sin dormir.

Yo como no puedo cortarme las venas, corto las letras y las lanzo al viento para vengarme del aire que me sabe a tu nombre, para golpear a la que me olvida, a la que no me besa y se va sin darme un beso en la boca.

Te falta una mano amiga que toque el lugar preciso donde se excita el principio de tu inspiración

Ese lápiz no cabe en la duda, en cambio lo que escribas con él cabe en todo lugar donde la certeza quiera estar.

Cosas que uno escucha en el silencio de la biblioteca. Sexo y amor van juntos, pero nunca con uno, a uno le toca el amor y a otro el sexo, o al contrario, de todas maneras alguien pensará mal de ti, y si le tocan ambas, es seguro que hay una venganza que se hará realidad después.

Yo, como la muerte, voy quedando solo, porque sé que apenas soy un lugar de paso

Ella me dice, solo permitiré que estés borracho después de que me beses.

Ella dice, no es tu semen, es tu eyaculación la que quiero, no son tus logros, es tu pasión la que amo.

Llueve tristemente, una llovizna que no sabe si está iniciando o terminando, una lluvia indecisa que no sabe a dónde va o de dónde viene, su tristeza es la misma de aquellos amores indecisos que se pierden en la duda.

En donde mi abuela, en uno de esos espacios de la casa a los que no se va porque ya no nos interesan las cosas viejas, hay un espejo volteado hacia la tabla de la mesa, debajo de él, un nombre, el nombre de un hombre. Hace mucho tiempo le pregunté, y con un poco de risa me dijo, quería olvidar ese amor, así que hice lo recomendado por las brujas, puse su nombre entre el espejo y la mesa, así la persona solo se miraría a sí mismo, y yo no podría verlo porque él solo se quitaría la luz para evitar ser visto.

Es urgente el silencio del mismo modo en que es necesario dar paso al río que no se repite.

Todos sabíamos que pensaba suicidarse pero la muerte le llegó antes, eso nos dejó tristes, sin oportunidad de acompañarlo en su encuentro con la muerte.

Tú, claro tú, me eres tan cercana, presiento estás en la lista de quienes vinieron y se fueron, tienes razón, nada tiene de malo eso. Nos conocemos de alguna parte, de un lugar, siempre es de un lugar, todos somos de uno. Puedo nombrarte los que he recorrido, quizá así me recuerdes.

No eres hija mía, válgame Dios, si supieras lo que ya he recordado sin ser cierto, yo, si acaso logré que alguien pariera alucinaciones por mí, y se perdieron antes del parto.

Me son muy familiares tus ojos, son muy bonitos, claro ya te lo dijeron, es seguro que también te lo dije en ese tiempo que no llega a mi memoria, me era necesario y urgente decírtelo. Quizá nos conocimos de niños en el colegio, podríamos pensar que fuimos el primer amor, bueno, yo digo mi primer amor, no puedo pensar por lo que sentiste.

Teníamos una cita. Está bien, ni cita, ni encuentro, es solo la casualidad que nos encuentra, y nos pone acá, en este espacio justo antes de que las horas se cumplan.

Yo quisiera, y perdóneme la necedad que viene embotellada en mi boca, yo quisiera compartir contigo este tequila, nos tomamos dos copas y quizá recordemos y si no, y si no pues inventamos y nos vamos juntamos hasta que sea cierto que ya nos conocíamos de antes

Usted no sabe, nadie le ha dicho que tenga que saberlo, de hecho, tiene razón cuando lo ignora porque es correcto mantener su indiferencia, yo la miro y me emociona imaginar besarla pero usted no lo sabe, y yo no se lo he dicho, claro, si se lo digo usted va a negarse, se da cuenta, estamos en las esquinas correctas, yo no lo digo, a usted no le interesa. Digamos entonces, para darle oportunidad a mis palabras, usted no viene a leer en este espacio, y yo la miro sin que usted se entere, y mientras usted me ignora yo la beso tiernamente entre silencios.

Uno le apuesta a la noche y cree firmemente que en el silencio de la habitación encontrará a una mujer que sin pregunta alguna completará el rompecabezas que uno lleva en el corazón, eso no pasa, es una mentira con la que uno se miente, bueno, la verdad no sé si es un pleonasmo decirlo de esa manera, igual a nadie le importa. A propósito ¿Por qué hablamos de esto? Perdone usted yo tampoco la conozco.

Ojalá que volvamos al día en que tu boca esperaba mi beso y yo con el temor entre los labios decía una y otra cosa sin que tuviera sentido. Ojalá que volvamos a ese día y yo te bese, y si no es así, que ese momento pueda repetirse y yo te bese sin pensar en la duda, sin pensar que temes a mis manos porque sabes que ellas entrarán debajo de tu ropa. Ojalá que volvamos a vernos.

La muerte sueña contigo, y tú existes mientras ella sueña.

Despierta, en algún lugar ya amaneció y yo te estoy esperando.

Me da tres cuartos de amor, un tercio de ilusión, medio litro de sensibilidad, una porción de imaginación, media caja de genialidad, una pizca de…., antes de que el cliente continúe pidiendo, el hombre detrás del mostrador le dice, acá no ofrecemos nada por porciones, solamente unidades completas, así que toma un libro de poemas y se lo entrega diciéndole, ahí lo encontrará todo, consúmalo las veces que quiera.

Estos son tan aburridos que la casualidad los junta porque la soledad les huye

Nacen viejos y la vejez los cubre de besos de anciana muerta

Estamos muy viejos para que la muerte nos ame, ella como todos desea lo que le puede ser negado, en cambio, nosotros los viejos no morimos, desistimos de la vida y caemos bochornosos ante la muerte que desea a los que su vida empiezan

Tú, breve como el infinito, yo te amo este instante.

Hay quienes han perdido el sueño y el deseo, entonces se aferran a su desdicha para sostener.

Tú, breve como el infinito, en esta brevedad te amo.

Hasta ganas me dan de ir a la ventana de tu cuarto y pedirte que te fugues a la mía, mañana veremos a dónde ir para hacer un nuevo mundo para ambos.

Uno se enamora y calla, uno besa y muerde, uno acaricia y desnuda, desea y espera, observa y tiembla, toca y siente. Ella siguió escuchando lo que yo decía hasta quedar dormida a mi lado, pero antes me dijo, me gustan tus atrevimientos.

Una de las hermosas casualidades ocurridas contigo fue haber compartido el paraguas, llovía y parecía ser la repetición del diluvio, tú querías ir al otro lado de la calle y yo no tenía nada más que hacer, seguirte, te ofrecí el paraguas, el agua mojó los zapatos, pasamos al otro lado de la calle, solo tú estabas protegida por el paraguas, yo rendía tributo a la lluvia, se te olvidó a qué ibas y me pediste entrar contigo a tomar café mientras secabas mi cara con tu bufanda.

Fue una tontería decirle que solo era un poco de amor el que nos hacía falta para darnos, se enojó y dijo, el amor es todo o nada.

Todo libro se ofrece desnudo y el lector se arropa con su desnudez, luego el lector lo viste con sus experiencias para hacer un libro único que solo puede ser observado y sentido por este lector que lo lee.

Estoy en la peluquería. Una mujer, la peluquera, le seca el cabello a una mujer que se queda dormida. Cierra los ojos a propósito cuando la peluquera toma su cabello y pasa por él el secador

Una pareja está sentada en el sofá, es de color rojo. Son esposo y esposa. Ella expresa mayor amor que él.

En otra silla, un hombre, el peluquero seca el cabello de una muchacha. La muchacha tiene cucos verdes, no es mi culpa saberlo, se le nota arriba del pantalón.

Yo soy el que tiene el cabello desordenado, barba sin afeitar, y que parece embobado escribiendo en un celular. En la estación de radio que escucho pasan canciones de café Tacuba. A Todas estas fui a ese café en el D.F con una amiga mexicana y tomé sopa de pozole.

La mujer que duerme mientras le secan el cabello pone sus manos entre las piernas y mueve los pies. Usa unos zapatos de color negro, son bajitos, en cambio la de los cucos verdes tiene unas botas de tacón delgado y alto.

La peluquera se ve extenuada, hace varios minutos hace gestos de cansancio con su boca. Creo que está odiando a las de cabello largo.

Sigue dormida la mujer, sueña conmigo, cuando despierte, si me ve acá va a creer que sigue durmiendo o que soy una pescadilla haciéndose realidad.

Es el turno del hombre que estaba sentado en el sofá con su pareja. El peluquero toma el turno y empiezan a conversar.

La pareja se queda en el sofá, saca un cuaderno y toma algunas notas, saca el celular y mira algo en la pantalla.

Los zapatos tenis del peluquero son verdes. La dormida está pasada de peso, por algún movimiento innecesario levantó parte de su blusa y le vi el gordo. La blusa es de rayas horizontales de color morado claro (no lila). Tiene algo en las manos, es una de esas telas con caucho que sirven para agarrarse (hacerse una moña) el cabello.

El cabello cae al piso, el hombre va perdiendo su virilidad al tiempo que le cortan el pelo, la esposa lo sabe, mira ansiosa las tijeras. No quiere más sexo con él, solo quiere amor sin cuerpo.

Parece que la actividad sobre el cabello de la mujer que dormía ha terminado. Le aplicaron algún tipo de gel con aroma al cabello. Es un buen aroma.

La peluquera sonríe, quizá por dos razones posibles, está terminando la tarea o una imagen que apareció en el televisor que está detrás del sitio en donde estoy sentado.

En la estación de radio ponen una canción de un grupo inglés. La peluquera es linda, podría escribir un poema para ella. No hay poemas en el lugar de donde surgían, no eran buenos, pero era el lugar de los poemas, a mí me cortaron el cabello y perdí esa virtud, mi novia dijo que era bueno que hubiese ocurrido, a ella le daba pena leerlos, le daba pena ajena cuando los veía publicados en Internet.

No seas nube, tendría que buscarte en el río y seguirte eternamente en cada gota absorbida por el bosque.

Tú llegas en el silencio nocturno y pones todas tus voces para que yo te escuche entre sístole y diástole.

Llama al móvil para decirme, yo quiero ser agua contigo, corriente de río, pestañeo marítimo, pero antes me atreveré a ser musgo y tierra, bosque y niebla. Es mi manera de ir a tu encuentro, buscarte sabiendo que estás en todos los lugares que habito, es mi manera de negarte para que luego te afirme en mí para siempre.

Una timidez necesaria nos protege, ocultamos el deseo sexual que nos asiste en el encuentro, sonreimos y narramos a los otros para evitar mentir y confesar que sólo queremos asistir al encuentro, a la caricia, a la fuga. Sabemos que luego tendríamos que fatigarnos en encontrar una excusa para separarnos.

Ahora lo recuerdo, en esa fuente lancé una moneda por ti, por el verdadero amor. Ella me dice, solo se vale echar una moneda, una moneda en una fuente. Yo le digo, he perdido muchas monedas. Ella ríe y responde, sigue intentando, de pronto y la suerte cambia las reglas.

Yo le reclamo, exijo más atención, ella responde, yo quiero toda tu atención.

Ella dice, no repetiré esto, eres adictivo. Si estoy contigo es para siempre, si no, tampoco lo estaré, la primera opción es porque me habituaría a ti, la segunda es porque voy a evitarlo.

Cosas inexplicables que se escuchan en el ascensor del edificio. Nos haría bien un poco de sexo, y el contradictor le dice, es cierto, pero con otras personas porque contigo eso sería tan insano como la pena de muerte.

Voy a fundar tu nombre; todas mis palabras van a nombrarte.

Estamos aquí para recorrer el olvido.
No te prendas de nuevas memorias.
Libérate de recuerdos, ve ligero hasta la muerte.

Hoy sólo quiero poner mi horizonte en tus ojos y verlo un poco contigo, un poco hasta que tengamos muchos hasta más.

Yo, a veces me pregunto, y ese es mi único acto de inteligencia en el día.

Tu belleza viene a mi recuerdo del modo en que los universos aparecen en la Voz de Dios.

El espejo insiste en doblar la sombra y apagar en ella mi luz.

Me gustan tus ojos azules, la luz adelgazándose en la voz en croquis de tu rostro, el afán de tus pasos yendo a tu casa, tus gestos largos heridos en la duda. Me gusta el plazo puesto en tu boca a mi beso, pronto y para siempre

Llamas con voz lejana y dices tiernamente voy a tu casa esta noche, mañana hago el desayuno para que el comedor esté abrigado del amor que ofrecemos.

Por equivocación en mi buzón de correo del apartamento dejaron una nota, dice, no me llames antes de las doce, él taxi lo recoge a las doce y cuarto, yo te llamo. Ahora estoy preocupado porque él llame antes de la hora adecuada.

Ella llama, contesto, me pide que no lo haga, dejará un mensaje en mi buzón, quiere que lo lea dos días después, ante mi duda me da una idea de su mensaje, quiero que en una conversación a destiempo sepas que te amo

Ella me llama para decirme, ¿cierto que las bonitas duermen desnudas? Y no se me ocurre nada para decirle, así que acepto con un liviano sí en mi boca. Ella dice luego, pero yo solo quiero dormir contigo, ven pronto a mi casa.

Ella dice, no estás solo, has vivido admirado en mi corazón, ahora solo debes aceptarlo y darte la posibilidad de entender como te veo yo

Ven, celebremos el sueño en mi noche, confiemos al desvelo la caricia pronta y el beso a tiempo.

Alguien descompuso la noche, está agrietada y se filtran algunas heridas de luz.

Un amigo se acerca a la mesa en donde tomo café, con el saludo compartimos el agradecimiento por saber que estamos bien y que estamos en los buenos deseos con los que cada uno recuerda al otro. Pasado un silencio necesario para juntar fuertemente las palabras me pregunta por la mujer amada, yo le digo un nombre y él me cuestiona porque no es el nombre de la mujer que él conoce, entonces sin más le digo, mientras tú vives con y amas en una mujer a todas las mujeres que existen, yo debo amar en todas las mujeres a la mujer que aún no vive conmigo

A veces la soledad aparece oscura, absorta en su propio vacío, caigo en ella y comprendo el dolor de la tierra antes de abrir su piel y escupir la lava ardiente por su boca volcánica

Con el tiempo uno va muriendo y nadie se percata porque todos van con uno tras la misma oscuridad sin nombre.

He apostado la tinta de mi sombra para grabarme en tu memoria.

Hice una antología poética de mi vida y solo publiqué el beso que te di cuando dormías.

Hice un inventario en tu boca, encontré muchos besos sin usar. Desaparecieron apenas los nombré.

Viniste del futuro para darle valor a mi presente. Gracias por tu existencia.

Siente el rugir huracanado del viento que fallece ante la ventana de tu cuarto. Nunca llega a tu cama su rugido, y sólo a él he encomendado hablar para ti de mi fatiga

Cuántas horas de amor cediste en tu deseo antes de aliviarte y verme en tu mundo.

Hay muchas cosas para las cuales no he estado preparado, la vida, por ejemplo, esta ciudad sin amor ni duelo, las extensiones invisibles encadenando al trabajo, pero me he acostumbrado.

Ella tomó su diario, me dio un bolígrafo, abrió en una página en blanco, y me dijo, escribe tú mi día.

Le pregunto a mi amiga, ¿Tú programaste el despertador para que hoy sonara temprano? Ella me responde entre risas, cuando salí de tu casa estabas dormido y se me ocurrió recordarte de esa manera que hoy no tienes nada planeado.

Quería decirte que el mundo cabe en tus ojos pero tú los cerrabas, estabas a punto de quedarte dormida, entonces me quedé viéndote mientras dormías y pensé que luego el mundo, cuando despertaras, saldría de tus ojos envuelto en la música de tu corazón.

Busqué en la planta de sus pies el pálpito del otoño, el ruido del verano con el que yo la oigo llegar. Miré en sus manos, palpé las líneas y los dedos, quería encontrar la primavera verbal que se mueve en sus manos mientras habla, el acento musical de su silencio cuando pone una mano sobre cómo se quisiera aplaudir. Despertó y sin dejarme explicar aproximó su cuerpo y me pidió dormir, duerme ya deja de inventar.

Los sábados en la noche, cuando la luna adelgaza su mirada y por una rendija nos mira, vamos ella y yo caminando por la calle donde ebrios vienen los que fueron vencidos por el licor. La otra noche convencimos a un hombre de comprar la luna, de negarse al sol, para sellar la compra solo le pedimos pronunciar el nombre de algún amor, lo hizo, ebrio al fin y al cabo no le importó, y ahora que lo hemos vuelto a ver, camina con la palidez del duelo, va con una sombra mínima detrás de si.

Yo sé que no crees en los milagros, pero yo creo en ellos por ti.

Nos herimos sin intención, inconscientemente ajustamos el filo de la lámina sobre la vena y presionamos hasta que la sangre corre, es una manera gráfica de decirlo. No aceptamos el riesgo pero nos dejamos atrapar sin prevención alguna y caemos en brumosas y oscuras pretensiones, entonces, creemos que somos más fuertes y podemos, damos por sentado que nada podrá pasarnos, así vamos enfrentando, o más bien, dándonos de frente contra algunos ladrillos en la vida.

Ella volvió del cuarto de estudio con los senos desnudos, se aproximó para decirme, aunque pequeños en ellos puedes elevarte a las cumbres, entonces vi que sobre ellos había pintado un mapa con las montañas más altas del mundo.

Una amiga dice que solo le rompen el corazón al que lo lleva vacío porque no hay nada que derramar.

Cuando bebo de la copa que compartiste conmigo, acaricio tu cuerpo y escucho tu canción.

Sin preguntarle me dijo, cuando tengamos anillos de boda llevaré el mío con un collar en mi cintura, no lo usaré en el dedo, lo llevaré en la cintura para que comprendas que mi desnudez aguarda solo por ti.

De pronto me detiene diciendo, no entres en mí, vive fuera este momento, quiero sentir tu tormenta agitarse al tiempo que desde mi ventana te presiento. Ella insiste, esta noche no entres en mí, rodéame como si fuese un mundo sin explorar, haz como el labrador, ara mi piel y ten paciencia que mi fruto obtendrás

Cosas que uno escuchó en un burdel, ¿Por qué vienes si no vas a volver? Porque no pago por sexo, pago por el olvido.

– Yo no sé cómo pude enamorarme de usted. Le dice el hombre a la mujer.
– Pues bien merecido te lo tienes, eso es un castigo divino. Le responde con voz serena la mujer.
– ¿Castigo? ¿Castigo por qué? Yo no he hecho nada.
– El primer beso que me diste fue un beso robado, ¿Creías que ese delito no lo ibas a pagar?
El hombre ríe y la mujer como si la conversación no hubiese existido le da una porción de pan mojado en su café.

He estado conmigo mismo y soy una persona que requiere toda mi atención

Haces boca de beso y el viento cruza veloz para rozar tus labios, luego dice, tengo un beso para ofrecer al sol, para ofrecer al mar, para dar a quien se quiera enamorar, y yo como quien no sabe de descuidos lo tomo sin saber que tú te muerdes los labios, sonríes y te olvidas del beso.

Yo le dije, hagamos algo juntos, estudiar, practicar un deporte, jugar, aprender a cocinar, algo que nos ocupe y permita estar juntos. Ella responde, hagamos ocio, no quiero ocuparme para que se me olviden los malos pensamientos que tengo contigo.

La mujer mira hacia la ventana, recoge en la cesta ocular la provisión de imágenes que la luz le concede, mueve levemente el cuello, cambia su objetivo visual, se detiene en mí, más que en mí en la silla ocupada. Hoy va de pie, alargada verticalmente sin que la prisa por entrar le haya permitido encontrar un asiento vacío. Mira hacia otras sillas, nadie la reconoce ni la presiente.

Ha tocado mis ojos con su mirada, la sostengo, un cruce de pupilas, una idea se ancla entre sus pestañas, quiere que una amabilidad antigua me obligue a cederle mi espacio, a concederle mi asiento, lo sé, vuelvo a ver hacia la ventana, no me importan los deseos de la mujer, me acomodo un poco, abro el libro de poemas de Juan Gelman.

Yo reconocí su rostro cuando entró al almacén, no se fijó en mí, iba de prisa, tenía la certeza de quienes van tarde y saben que los están esperando. Una adultez rancia había nacido en su cara, la seguí viendo y pensé que también a mí se me notaba la vejez del mismo modo y quizá en modo mayor. No quise seguirla pero los pasos se prendieron solos de la curiosidad, la miré desde lejos, el cansancio se ancló en la sonrisa, sonreí muy poco, salí del almacén y fui a caminar hacia ninguna parte.

Ella quiso jugar a las escondidas, estábamos en la librería, antes de poner más reglas al juego dijo, tú cuentas hasta treinta, yo conté sin mirar a donde iba ella, en frente mío había una colección de novelas con el lomo del libro era de color rojo y negro, llegué a veintinueve y fui a buscarla. La encontré unos metros adelante frente a un estante poblado de libros de poesía, tenía uno abierto, le dije, te encontré, ahora tú cuentas.

Terminó de leer el poema, plantó cara de asombro, sonrió luego, al tiempo que pasaba a la siguiente página dijo, a mí puedes encontrarme siempre porque no me escondo, es al beso que escondí al que debes buscar, lo puse en un libro, si lo encuentras ganas, si no, mi beso será de quien lea esas páginas donde se encuentra oculto.

Ella me dijo, quiero saber los libros que lees, los que leíste, los que piensas leer pronto, es para saber de dónde vienes y para dónde vas porque quiero seguirte.

Había escrito, tus senos (pequeñas lunas) y lo taché, primero lo taché y luego arranqué la hoja, escribí de nuevo, tus senos, masa de pan, harina suave. No es el verso final pero fue lo que dejé escrito.

La luna es distante y no se alcanza, solo se observa y desea, el pan en cambio, el pan se atrapa entre las manos, se lleva a la boca, se muerde, se le conceden miradas sin austeridad, se moja en leche o vino, bueno, no hablo del pan, hablo de tus senos.

Estuvimos todos excepto la muerte. Volvimos a casa, no había nadie. Fuimos al lugar equivocado para la cita.

Después de la discusión, con la poca serenidad que le permitía el enojo me dijo, la fidelidad no es para que la tengas conmigo, la fidelidad de la que te hablo es a ti, quiero que seas fiel a tus promesas, a tus propósitos y sueños, hace un tiempo hiciste promesas para mí, hace un tiempo tuviste propósitos conmigo, hace un tiempo soñabas conmigo. Solo te pido que seas fiel a ti mismo.

Fui vencido por una muerte que periódicamente me lleva a su bosque, sufro el duelo de mi propia muerte en sueños que no soy capaz de llamar al recuerdo. Dormir he decidido llamar a ese momento, duermo como tributo previo a la ceremonia en la que moriré en un tiempo próximo sin que exista la posibilidad de que vuelva.

Si llego a tu boca con el permiso de tus labios soy un beso, si tu piel se desnuda para sentir mi mano y presiente mi cuerpo en mi mano, soy caricia. Si mi nombre es pronunciado por tu voz, o si lo callas en secreto en tus palabras soy poema. Si estoy entre sístole y diástole sucediéndome con tus latidos soy tu amado. Si estoy en tu piel y en tu deseo soy tu amante.

Los besos aplazados en junio los prometimos para agosto, entre tanto cada uno aprovechó la primera mitad de junio para la fuga. Dichoso agosto nos recibirá lejos el uno del otro con una promesa más en el olvido.

Nos hemos encontrado porque ambos estamos huyendo, de otra manera, no tendríamos excusa para el encuentro.

Besarte es acceder al aroma que despliega en el aire el parpadeo de tu boca.

Yo le dije, no tengo nada que ver en tus senos más que mi deseo. Ella aceptó mi mirada y luego nos desprendimos de palabras. Más tarde ella me dijo, no tienes nada que ver en mis senos, no tengo nada en ellos.

Me olvidas desde antes que haya obligación en tu memoria para recordarme.

Ante su insistencia confesé, de ti amo la esperanza por encima de todas las otras virtudes observables, de ti amo la esperanza porque ella está basada en inocencia, en ilusión y sueños, en la fuerza de quien se siente capaz de construcciones y propósitos.

Antes que tu beso y tu caricia, en mi cuerpo vivió mi imaginación que te recreaba.

Sabes a luz porque la noche te contiene.

Finalmente sin importar lo que haya dicho antes, me gustas porque sabes y suenas a mi sueño.

Donde tú escondes timidez y deseo yo veo océanos.

Ante su insistencia le respondí enojado, yo no voy a defender a la cordura, ella se defiende sola. La locura, tanta inocencia expuesta sin que alguien quiera defenderla, a ella someteré mis armaduras.

Yo creía que estabas vivo. Sin entenderme se va enojado, o quizá entendiéndome mientras todos en el lugar me ven hablando solo.

Herido le pedí posponer mi derrota, ella diluyó su sombra sin apuro.

Breve el infinito en tu beso

En la pared del manicomio alguien había escrito, enamorarse es poner una serpiente en tu corazón, tienes dos opciones con ella serenarte y aceptar su furia hasta que se mueva como si fuera una parte tuya, o descontrolados y sentir como te envenena en cada momento.

En el mismo manicomio, en otra pared, disfruta de la muerte, solo la tendrás una vez.

Te amaré del modo en que las olas recorren el orgasmo de la arena cuando se tocan una vez más.

La primera vez fue en abril, había llovido toda la noche, y ella creía que los cólicos de su fertilidad, así le gustaba llamar a su periodicidad menstrual, le hacían doler el vientre y las piernas, sin embargo no era el tiempo correcto pero difícilmente se le ocurrían otros motivos. Se dolió y dio gritos en su casa, estaba sola, nadie la escuchaba entre el sonido del trueno espontáneo y la constancia del agua golpeando a la tierra como si de un sparring se tratase.

La mañana siguiente, con la sábana ensangrentada y una vergüenza sin ruido tuvo que aceptar el parto. Una extraña sensación de asombro la cobijaba, el absurdo la había sacudido la noche anterior, todas sus voces se levantaban para negar el momento. Entre sus piernas, con los mismos dolores de cualquier parto había emergido una planta, una pequeña planta que no gritó pero se dejó caer hasta sus rodillas mientras ella se dolía entre el dolor físico y la incertidumbre.

Cada cierto tiempo sin que ella pudiera medirlo se repetía la escena nocturna, lluvia, dolor, asombro, gritos e incertidumbre. Los árboles, sembrados en el jardín de su casa crecían y ella como si hubiera olvidado el asombro los amaba del único modo en que puede hacerse con aquello que le pertenece al futuro.

Para ser exactos la distancia entre tu beso y mi boca debe medirse en esperas. Varias esperas nos han sacudido como temblores en el pacífico. Para ser exactos somos tímidos ante el beso aunque el deseo nos recorre los ojos y tu piel presiente mis manos del mismo modo en que la mía presiente las tuyas.

Yo no conozco el camino, pero quedarme quieto no dará resultado.

Nos encontramos, cosas del azar, al azar le gusta vernos juntos, el azar es de confiar cuando nos permite el encuentro.

Ella da un beso a su mano, y como si pudiera asirlo, cierra la mano y lo lleva al bolsillo de mi camisa. Después me dice, hoy cuando te sientas cansado, cuando quieras animarte, toma el beso para que él te de energía. Luego me da un beso en la boca y dice, este es para que todas tus palabras salgan de ti llenas de la gracia que tienen los que son bien amados.

Eres exclamación y pregunta, lugar de paso y llegada, oración y canto. Eres la palabra y su significado.

Caímos en la tarde y sin darnos cuenta atrapamos el beso del otro en la propia. En tu boca había sabor a chocolate y en la mía aun el dulce de arequipe no se derretía. Ocurrió de pronto, te acercaste para quitar una gota de dulce que brillaba al lado de mi boca, yo te dije, ya no debe tener sabor, tú dijiste, apuesto a que sí, y luego tan próximos un imán de gusto fue atrayéndonos hasta que le dimos forma a la palabra que escribíamos el uno para el otro en la palma de las manos cuando nos tomábamos para caminar tímidamente por la calle.

Caí herido en tu mirada, la muerte no fue tu culpa, a ella estaba condenado, pero tu herida, esa que abriste al ver en mis ojos mi cordura, esa mirada barrió la única desnudez que me quedaba.

He dejado abierto el espacio en tu cama para que el aire lo tome como propio. No sabe el aire que al comienzo de tu sueño, de él tomas mi recuerdo y atas una línea de cometa elevada al viento, tejes entre tus pestañas mi última mirada, recuerdas el beso que di a la punta de tu nariz esta tarde, y me formas de aire para para agitarme en viento hasta que lo cubres todo y llegas a estas palabras con la que te nombro, así vas con el aire entre ríos y tierra haciendo de mí un lugar para tus navíos y tus huellas

Algunas cosas no tienen remedio porque no hace falta sanarse de ella.

Duerme con mi noche yendo sobre la geografía de tu cuerpo

De tu piel, solo de piel, ruedan largas horas de poesía.

Yo tengo una mano hecha de puños, no de los míos, hecha de los puños de quienes me precedieron en la familia, de quienes aceptan con franqueza estar de mi lado y romperse los nudillos antes que permitir mi fracaso. Yo tengo unos ojos sin “h” porque alguien se rompió la noche y entregó su madrugada a una apuesta, saber que había sido educado en la forma y el fondo que dan la escuela y el colegio. Yo tengo, y es el único capital con el que cuento, unas puños y una voz y un silencio y todo lo que me ha sido dado para contribuir al esfuerzo que mis padres hicieron para dar frutos a sus nietos.

Yo quiero tu beso. No la palabra con la que lo nombras. Quiero el contacto físico, la humedad lengualabial de mi boca y la tuya.

Ella me dice, de tu mirada se extienden dos manos a mi cuerpo, las presiento sobre mi piel, me gusta, siento como aprecian mi desnudez, en cambio tus manos, las de verdad juegan tímidas sobre la mesa. Sonríe y sigue, un temblor que no notas da vueltas desde mi espalda hasta las piernas.

Entre pregunta y afirmación ella me dice, notas como entre los dos se instala el deseo, y su mano se ubica extensa en mi beso.

Alegre me dijo, esta uva quería ser vino pero tú la pusiste en mi boca y ahora será beso dulce.

El pecador mira al cielo y dice, no puedo esconderme de tu mirada, no hay otro lugar a donde ir para el fornicio en donde me sienta tan libre como este

Uno ama, otro odia, alguien desconfía de sus certezas, otro se siente averiado, descompuesto, uno va al médico, el otro se queda en casa y en su quietud espera la sanación de los que no tienen para medicinas uno ama las razones de la guerra y la justifica, otro no la comprende no la entiende y protesta con los medios a los que tiene acceso.

Uno muere, otro nace, uno es, el otro deja de ser, alguien canta, otro alguien escucha, el hombre del bar habla de las mujeres del local de las pizzas, una mujer del local de las pizzas está menstruando y se duele sin imaginar que es la imagen de la perfecta belleza.

Hace frío y alguien se calienta, hace calor y alguien se enfría, los autos cruzan, los cruces nombran citas, uno va a cine, el otro compra la película y la ve en casa. Una mujer aprecia ser deseada por quien la ama, otra aprecia el olvido del que mira y duerme aceptando y goza el descanso.

Un infiel es fiel a su amante, una amante es fiel a sí misma, dos y dos son cuatro y el otro día aprendí las reglas básicas de los logaritmos.

Yo igual que otros me trago la voz con la punta de la lengua; dos palabras se tropiezan en mi duda primera, amor y lealtad. “Pinches palabras”

En el mundo somos desconocidos hasta el instante previo en que cedemos la confianza al otro que apenas llega a nuestra vida. La hermandad con la que vivimos está basada en una apuesta ciega

Cada cierto tiempo, el pasado regresa, y la claridad de los lugares es cubierta por una oscuridad marchita, una oscuridad que no quiere ser marginada al recuerda, su aspiración es la permanencia. Cada cierto tiempo, acá en donde tú y yo estamos el pasado regresa y clava sus puñales en las grietas abiertas de quienes amaron otros otoños, así heridos y urgidos de cuidados nos sentimos en este espacio.

Era simple, quería una mujer delgada, un poco de amor, el amor es muy poderoso, con un poco es más que suficiente, quizá viajar de cuando en cuando, estar por ahí sin mucha notoriedad pero si hacer algunas cosas dignas de admirarse. Era simple, tener hijos, verlos crecer sanos, ser feliz con pequeñas cosas y vivir, vivir satisfecho. Pero no, tenías que llegar tú y desordenarlo todo, ahora eso mismo ocurre sin secuencia, y yo necesitaba una cosa después de la otra y en orden.

Es necesaria y urgente esta distancia en la que pongo el primer paso desatendiendo tus preguntas, yendo a contravía de tus ojos y sobre todo observando con desgana el navío que quise abordar en tus ojos.

Un mensaje en el buzón del celular, decía, clavé un beso en tu memoria, para sacarlo de ahí tendrás que herir tu carne. El número no lo reconocí, llamé, una mujer me contestó, le dije que tenía un mensaje de ese número, ella respondió, no sé que diga el mensaje pero a veces hago cosas raras, disculpe usted, yo no lo conozco y usted a mí tampoco, pero si le duele lo que dije, olvídelo, si no le duele, siga tranquilo, de todas maneras la noche sigue y mañana todo estará perdido. Le hablo un poco, quiero saber de qué se trata la llamada, ella está un poco ebria, compartimos una y otra historia, antes de colgar me dice, este no es mi teléfono, es de una amiga que lo olvidó en mi casa, he llamado a muchos lugares, y he dicho muchas tonterías, el único que ha devuelto lo llamada eres tú, voy a dormirme, duerme bien, si mi amiga te llama luego no contestes, feliz noche.

Ella me dice, deja de verme así, parece que tuvieras mi desnudez atada a tus ojos.

Ella me dice, sé que quieres besarme, por eso no me descuido, pero a veces, quiero lo mismo y tú estás disperso viendo en el horizonte a los dioses que te saludan.

Ese silencio con el que ocultas las respuestas, ese silencio es una afirmación, me tienes a mí hirviendo soles y aromas en tu cuerpo, yo soy la voz oculta en tu silencio.

Con una sonrisa amplia me dice, soy la mujer de tu pasado, no me sigas, entonces yo le digo, apenas naceré mañana, no tenemos oportunidad de ser. Ella se enoja, dice un par de cosas que no me saben bien, pongo una disculpa en mi boca, ella ni la acepta ni la rechaza, se va. La miro pasar un espejo y en él no se ve.

Ella llama y me dice, ve a tu cama pronto, he embrujado a la noche para que lleve versos al comienzo de tu sueño. Ríe y cuelga, yo voy a la cama y encuentro el libro de las preguntas de Jabés.

Ella sonríe y me dice, ya que tanto sabes de sueños dime qué hacen tres peces nadando en mi estómago, yo le pregunto, van al sur o al norte, van al oeste o al este, ella responde, arriba y abajo, no sé de norte o de sur en mi sueño. Algo se clava en mis ojos, paso mis manos, vuelvo a verla y noto los peces moviendo su boca, arriba y abajo. Repito lo de tocarme los ojos, le digo, son peces de río, temen a las lagunas, no quieren ser detenidos, quieren llegar al mar. Tu sueño solo quiere hacerte saber que tu camino va más allá de la distancia. Me dice, es mentira lo de los peces, yo le digo, lo mío también, desaparezco y la dejo sola en la cama.

Mi abuela se acerca y me dice, para algunos la única manera de tener un destino seguro es amar a una mujer y vivir con ella al mismo tiempo.

La penumbra insiste, se reclama a si misma por los espacios que no ocupa, siente una herida mínima rasgar su cuerpo, una luz desde la ventana se agita, en algún lugar junto a la cama, la alarma de un reloj prepara una emboscada, atacará al silencio, romperá la calma a la que me debo después de haber conciliado el sueño sueño. El primer grito de la luna para escupirle al lobo su propia medicina, un bip largo quiere hipnotizarlo todo, despierto, un manotazo ejercitado a diario da cuenta del aullido, miro a la ventana, la penumbra insiste, se reclama a si misma por los espacios que no ocupa.

A las tres de la tarde la plaza estaba más llena que en la mañana, los policías iban y venían sin comprender la concentración de personas, ante cada pregunta que le hacían a los asistentes a la plaza obtenían respuestas diversas, vine a caminar, no tenía otra cosa qué hacer, que sepa esto no es ilegal, nada, no sabía a dónde ir.

Desde temprano, un poco después de las siete empezaron a llegar, unos se sentaron junto al monumento en el centro, otros en unas escalinatas que dan hacia la catedral, varios se quedaron de pie observando a los vendedores de comida para las palomas, aceptaron la conversación de los vendedores y cuando estuvieron cansados de estar de pie buscaron un lugar en donde sentarse.

A las ocho de la mañana, sin exagerar el diez por ciento de la plaza estaba ocupada, no en conjunto, todos dispersos pero ya se notaba el inicio de una multitud. Nadie se percató de la acumulación de personas hasta el mediodía cuando la catedral abrió sus puertas para la celebración religiosa, el sacristán miró desde la torre del campanario, le pareció extraño no escuchar ruidos de manifestantes, solo un pequeño murmullo por las conversaciones que se sucedían sin coordinación.

Los policías se enteraron después, iban y venían de un lado a otro sin saber de qué trataba el asunto. Sus preguntas fueron respondidas sin que pudieran extraer detalles de alguna conspiración. Antes de las seis de la tarde la plaza se había llenado, las calles alrededor también, los policías cerraron las vías que conducían hacia el lugar, así nadie pudo entrar más. A las siete de la noche sin que una orden mediara entre ellos, los que estaban en la plaza empezaron a caminar, cada uno hacia su casa, muchos irían a pie y otros irían en transporte público.

El primer día fue en esa plaza. Durante los siguientes cinco días no pasó nada ahí. En otro lugar de la ciudad se repitió el suceso. Un parque de los que dan oxígeno a la ciudad, una gran explanada de pasto, de árboles y de algunas plazoletas de asfalto, en este parque la situación fue igual. Cientos al comienzo, luego miles y luego varias decenas de miles se reunieron ahí, todos desconocidos entre sí, no dijeron algo en contra o a favor de nada, solo llegar, estar, conversar e irse a casa.

Otras ciudades tuvieron el mismo fenómeno. Miles de desempleados se aproximaban a las plazas a estar. La policía cerraba lo lugares pero sin poder evitarlo las reuniones que se hacían en otros sitios, hubo orden expresa mediante decreto con el que se prohibían estas reuniones. Nadie respondió, las personas empezaban a llegar sin coordinación alguna.

Ella me dice, ¿Quién eres? Y le respondo, este es un gran comienzo, ya estamos de acuerdo en la pregunta, y quizá también en la respuesta, no sé.

Ella me dice, ¿notas que los ancianos lo ven todo con una serenidad superior? Y le respondo, es porque ellos empiezan a ver el mundo desde el otro lado en donde los empieza a consumir la muerte.

Soy forastero en tu alma porque aun no me amas.

Se acercó para decirme, te concedo la palabra más hermosa que pronuncia mi boca, amor

Me dijo, solo besos cortos, como pequeñas hostias, porque esto tuyo y mío es nuestra eucaristía.

Ella pregunta, ¿me quieres?, le digo, te quiero, por si de pronto, porque también, porque quizá, porque no importa, porque sí importa, porque no es algo que me de la gana, solo te quiero sin más, sin defensa o justificación

Me gustan las latas de sardinas, suelo comprar en el supermercado cuatro o cinco latas, las pongo junto a las zanahorias y los tomates. La mujer que hace aseo en mi casa viene los miércoles, ella no prepara nada para comer, utiliza las latas de atún y de arvejas, las galletas, y el jugo artificial en botella, o prepara sandwich de jamón y queso con pan. Una señora es amiga mía, vive en el primer piso de la torre en donde está mi apartamento, se conoció con la señora, la señora no sabe eso, no hay una razón para decírselo, así que sin saberlo se relaciona con alguien que es común a los dos. Con la señora amiga mía hablan los miércoles, después del mediodía cuando ya el olor a comida ha salido por las ventanas en las cocinas de la torre.

En la portería, el día que se conocieron había un problema por un perro que ladraba sin descanso en la ventana de un apartamento. Ahí conversaron, ahí se enteraron la una de la otra, y mi amiga supo quien se metía sin control por todos los lugares en donde vivo. No le ha dicho a la señora que le permita entrar, a veces lo ha pensado pero prefiere no hacerlo. El perro siguió ladrando y ellas dos caminaron juntas, conversaron como desconocidas que quieren obtener una familiaridad rápidamente. En la entrada a la torre se identificaron, supieron en qué lugar estaba cada una, así, mi amiga le ofreció un café y la señora lo recibió sentada en el comedor mientras que a lo lejos el perro mantenía su canto.

Las latas de sardinas me las sigo comiendo, no en mi casa, en la de mi amiga, durante la semana, en la noche cuando paso a quedarme un rato con ella, a sacudirnos un poco con amor disfrazado de encuentro o viceversa, extrae de una lata de sardinas el contenido, lo pone sobre en plato, lo adorna con verduras, le adiciona arroz, y otras cosas que no reconozco por su nombre ya que no soy bueno con lo de las comidas.

La señora después de la familiaridad obtenida, va cada semana, intercambia la lata de sardinas por arroz recién preparado. No le gustan esas latas pero las aprovecha para el intercambio. En las conversaciones que ha tenido con la señora, mi amiga le ha preguntado cosas, una y otra pregunta indiscreta. De la última que me ha contado es que ella tiende dos veces mi cama, una cuando cambia las sábanas y otra antes de irse. Le explicación que le dió a mi amiga fue que se mete a mi cama, se masturba hasta el orgasmo, luego sin lavarse vuelve a vestirse, tiende la cama y sale sin preocuparse por la aventura imaginada bajo mis sábanas.

Le digo a mi amiga, no creo que haga eso, a su edad no creo que haga eso. Ella me dice que pensaba eso mismo, igual que yo creía que a esa edad una mujer no pensaría en esas cosas, pero esta se dedica con calma a producirse placer sincero.

Mi amiga, después de conversar un poco y escucharme, dice, a no ser que quieras mantenerte en entrenamiento perpetuo, deja de ir a las competencias que no puedes ganar.

Lo que más me gusta de este olvido es que empieza en mi memoria mencionándote.

La muchacha le dice al hombre de la portería, tenemos un problema, desperté. El hombre y la portería desparecen. Yo dejo de soñar.

Mi silencio dice, aprecio mucho tu voz callada, tus palabras apenas mencionadas en tu memoria, esa manera tuya de mirar y repetir, de sonreir y callar. Mi silencio dice, me encanta tu escritura, así, como ahora, así sin escribir.

La mujer expresa su inconformismo con mis correos, expone una dificultad para leerlos, no quiere observar las palabras con las que escribo. La mujer se va, no está, yo dejo de escribir, ella desaparece.

Estamos solos, es la razón de nuestro encuentro.

Hay un lugar en el centro de la ciudad en el que junto a la chimenea un hueco negro brilla con oscuridad intensa. El dueño del local suele poner una manta para que sus clientes no estén preguntándole qué hay en él. Después de asistir regularmente al lugar tuve la oportunidad de verlo, con calma, cuando el lugar estaba casi vacío, el hueco fue despojado de la manta, y como un río oscuro y espeso apareció la oscuridad bordeada por la luz de una bombilla enclavada en la misma pared. La invitación a verlo incluye meter una parte del cuerpo, yo usé mi brazo izquierdo, la oscuridad iba consumiendo la mano y el brazo, la sensación de que el brazo se desconectaba de mi cuerpo era de una precisión quirúrgica. Saqué el brazo y la sensación inversa se iba repitiendo, al tiempo que la piel aparecía en la luz iba sintiendo que se conectaba con mi cuerpo. Me dijeron que después de meter el brazo lo doblara como si quisiera abrazarme, y fue extraño ir doblando el brazo que debería tocar la pared desde adentro, no ocurrió, el brazo siguió de largo sin que apareciera del otro lado, en el que yo estaba o que se golpeará contra la pared. El dueño del local cuenta que una noche metió la cabeza y sintió como se convertía en otra ser, no sentía que fuese un ser humano, su sensibilidad de si mismo era muy diferente a la que estaba acostumbrado. Su esposa lo sacó a prisa cuando vio que se deslizaba sin algún tipo de contención con su propio cuerpo.

Hoy fui, no había clientes, el lugar estaba solo, una protesta de los estudiantes había espantado a los clientes, me senté cerca de la chimenea, recién habían preparado café y me dieron una taza grande, el dueño del lugar que ahora es mi amigo se sentó a conversar conmigo, sentados empezamos a ver que la manta se levantaba, dimos primero un paso atrás luego nos acercamos y quitamos la manta, un árbol se levantaba desde la oscuridad, pusimos las manos sobre sus hojas, una suavidad natural las cubría, de pronto de un movimiento veloz se movió hacia el fondo de la oscuridad. Un rato después, la misma imagen se repitió y el movimiento se hizo con la misma velocidad del instante previo. Apostamos a que la forma volvería y no fue así, perdimos con nosotros mismos, luego, con la taza de café fría en la mesa seguimos esperando sin que ocurriese algo. Se nos ocurrió empezar a meter en el hueco la manta, a la manta atamos una silla, la silla la atamos a una mesa, y fuimos conectando una cosa con otra, así íbamos empujando hacia el hueco todas las cosas. Sin haberlo notado, las cosas empezaron a ser jaladas con mayor velocidad a la que nosotros las empujábamos, fue tarde cuando observamos que la pared de en frente había quedado amarrada a uno de los objetos que entraban velozmente por la voraz oscuridad, solo sentimos el golpe de la pared sobre nuestros cuerpos, fuimos empujados y caímos sin opción alguna.

Cuando los mosquitos me pican y dejan marcas en mi piel yo canto para vengarme de ellos. así saben lo molesto que puedo ser.

Ella me dijo, en la cama, cuando estoy desnuda y dispuesta para el instante de sexo, siento que estoy en el quirófano, una sensación de que la herida es necesaria para estar sana nuevamente.

La mujer tomó la aguja, la limpió con un pañuelo blanco que extrajo de sus senos, luego escupió en su mano derecha y con la saliva humedeció el largo de la aguja antes de clavarla en mi pecho. El corazón sangró un instante después de que la aguja abriera la piel, no pasó otra cosa después de eso, la sangre siguió saliendo sin ser detenida. No pasó nada, no siguió otra cosa después.

Ella me dice, en mi cuerpo están todas las respuestas y no me importa que hagas las preguntas incorrectas.

Uno tiene que estar muy loco para estar tan loco

El hombre de seguridad del centro comercial me pregunta por qué la mujer que acaba de salir veloz por la puerta me dio una bofetada, leyendo con mi mano en el rostro el duro golpe recibido le digo, le pregunté si las pecas en sus mejillas eran tan reales como mi mirada láctea en ellas.

En la panadería, en una cartelera las personas pueden dejar anuncios, ‘se arrienda’, ‘se alquila’, ‘se permuta’, ‘se busca mascota’, ‘se dan clases’, ‘se reparan muebles’, y otro tanto muy similares. Hoy encontré uno que dice, ‘Ofrezco para cambio una tristeza y dos melancolías, se aceptan alegrías y ternuras’. Llamé al número de teléfono que estaba con el anuncio, contestó una persona a la que le pregunté por el ofrecimiento, empezó a explicarme y yo sin dejarlo continuar le dije, solo quería saber si la gente lo llama a ofrecerle algo a cambio, entonces me dijo, sí, pero ninguno tiene una alegría y una ternura como la que busco.

Yo soy mi problema, no te metas conmigo, solo yo me meto con mis problemas.

Ella dice, me encantas, vienes a este mundo y solo piensas en mi beso.

La mujer desde la otra mesa me observa. Siento una desnudez lejana con la que me compara, hay alguien en sus ojos y es a través de esos con los que me mira. Junto a ella, un niño que apenas inicia la colección de calendarios, en frente, un hombre, parece su amante, o su esposo o compañero, es difícil usar esas palabras cuando no parecen significar lo mismo. Ella pidió caldo, yo arroz con huevo, mientras pasa de sorbo en sorbo me observa, hace gestos de asombro al ver como le doy vuelta al tenedor en el plato, comprime sus ojos con indicios de enojo, parece no estar satisfecha por mi manera de empuñar el ojo ante una extraña que ha decidido sentarse en la silla vacía en mi mesa.
La mujer me ve salir, ahora esconde el enojo en la boca, mira a la extraña y se siente frustrada, su hijo, le reclama atención, lo abraza y le hace cosquillas.

La abuela había perdido las llaves de la casa muchas veces, al comienzo creí que había iniciado su trayecto por la pérdida de la memoria debido a su edad, luego creí que lo hacía por capricho senil, a veces le ataba las llaves a la ropa, otras al cinturón, incluso en una cadenita de oro que colgaba en su cuello, pero nunca fueron eficaces estos intentos.

Yo iba con una de mis amigas, de vuelta a casa después de participar en un partido de baloncesto, la vi cruzar por una esquina y con una amiga fuimos detrás de ella con intención de acompañarla, no la alcanzamos, ella tomó por un callejón que da al cementerio, al instante compartí en la conversación que llevábamos que iría al cementerio, a visitar sus recuerdos ante las tumbas de los antiguos amigos. El abuelo se fue pero no por la muerte, él abandonó la ciudad después del bautismo de mi padre, firmados todos los papeles que le daban su apellido partió de la ciudad sin saber más de su vida.

Mi amiga se molestó por mi indiscreción al espiar a la abuela, ella daba pasos y se paraba frente a una tumba, quizá oraba, o tan solo erguía ante su memoria gratos recuerdos, yo iba luego a la tumba y le contaba a mi amiga acerca del amigo de la abuela, casi los conocí a todos, y a los que no, escuché de ellos en las conversaciones de familia.

La abuela salió por la puerta sin habernos visto, y quizá si nos vio no supo quiénes éramos porque sus ojos necesitan lentes y no los llevaba puestos. En el último lugar estuvo más tiempo, debimos esperar un rato. Pasamos al lugar, no parecía muy pública, como si a propósito la hubieran dejado sin acceso.

El nombre y el apellido me parecieron familiares, marcado con caligrafía simple estaba el segundo nombre de mi padre y su primer apellido, la fecha de fin de vida era el año de su cumpleaños y casi el mismo mes de su nacimiento. Al lado las llaves de la casa, puestas como quien deja un recado, y parecía que la abuela le decía, vuelve, abre tu mismo, ya es tiempo.

De los sinónimos de la palabra belleza solo me faltaba conocer uno, tu nombre

Lo supimos a tiempo, no era amor o pasión y fruto lo que nos conmovía, no estábamos atraídos por una sombra larga en el pecho enmudecida, no descolgaba de nuestros el sudor de los vocales de quienes buscan en otro la consonante que consuela. No, no era así, y lo supimos a tiempo, nos descubrimos cubiertos de una ficción que certera había recorrido nuestros encuentros para acercarnos, tu epílogo y yo prólogo atados al mismo libro.

Fue a la cocina y volvió con una vaso a medio llenar, jugo me dijo, y una taza de café, sin azúcar como debe ser, no se daña con dulce lo que debe ser amargo, mientras repasábamos los colores de las cortinas en los apartamentos vecinos iba diciendo, aprendí de ti a hacer nudos de agua, comprendí el lenguaje del hervor en el primer instante del agua hervida, ahora sé que no podemos desatarnos, están tus ríos encallados en la arena de mis islas y mis mares congelados en tus cimas.

En la librería del centro hay promoción, por la compra de dos libros dan otros dos para meter en la destructora de papel.

Ella llama para saludar y al despedirse dice, mira que no has publicado un libro pero ya fuiste traducido al lenguaje de mi corazón, hace sonar un beso y cuelga.

Uno camina y el sol cae, al tiempo una bandada de pájaros pasa y la sombra de las aves son reflejadas, así mi sombra vuela con ellas.

Sospecha de la lluvia muda que te acecha al otro lado de la ventana

En un libro de mitos, de los libros que dejan los usuarios de la biblioteca sobre las mesas después de haberlos leído, encontré uno acerca de la conexión entre dos personas en el mundo, todos, cada uno de nosotros en el momento de nacer tiene un igual que vive en otro lugar del planeta, no lo sabemos y en general estamos condenados a no encontrarnos, sin embargo, en caso de que uno vea al otro, morirá en la siguiente hora el que fue observado. Eso estaba leyendo cuando vi al hombre con el mismo semblante con el que me reconozco en el espejo, una estatura que no superaba ni era menor a la mía, lo vi dar vueltas tratando de comunicarse en otro idioma con algunos visitantes del lugar, no lo logró, yo lo vi y no me atrevo a pensar que sea parte de las historias sin terminar que deja la mitología

Por aquello de babear la rabia, cada tanto siento que la tela se rompe, y poco a poco tú vas a tu lona y yo a la mía sin que alguien quiera zurcir para evitar la separación.

Ella me invita a su cuarto, me muestra su biblioteca, luego, mostrando sus libros me dice, esto es lo que me pongo por dentro, no quieras solo mi desnudez, entra y busca que encontrarás las páginas originales de las mil y una noches, las voces secretas que acompañaron el vino en las tabernas de Poe, el sonido de la campana que no conoció Li Tai Po, la tristeza fecunda de un libro que compré y espera mi lectura.

Yo le dije, no vengas en días de luna, son demasiado propicias para el amor vegetal, me pidió explicarle, no lo hice, se fue enojada y volvió un día de luna, entonces sintió mis manos en hierba abriendo sus raíces, mis brazos en rama atravesando sus frutos, luego, cuando creía que era magia supo que en sus piernas, sin haber usado navajas o cuchillos, marcada con nuestras iniciales estaba su piel igual que la mía.

Hay orgasmos urgentes, o dicho de otra manera, una urgencia en el orgasmo, y lo pienso solo para poder asomar mi rostro a tu indiferencia y sin que me notes poder callarlo.

Hay gente a la que se les caen los besos mientras caminan, los he visto, me he visto haciendo lo mismo, a veces pienso que sería mejor dejarme caer las babas y guardarme los besos, pero es así, se me caen, se les caen, y no sé otra razón diferente a esta, a la gente, a mí, se les caen los besos porque los atan con miserias en vez de darlos con alegrías.

Era imposible no hacerlo, estábamos condenados a la indiferencia

Preguntó por mí, quiso saber la medida de lo simple, edad, peso, nombre, lugares, aficiones, causas perdidas, grietas y dolores, una y otra cosa quería ir sabiendo, sin poder defenderme ya que no me estaban atacando, solo le dije, peso cuadro calendarios de un sistema de medidas que no reconozco, duermo cinco volúmenes menos de los que tiene la luna de tu boca sonriente, añoro los viernes y me gustan los silencios sin prisa, peso cuatro calendarios y a nadie le importa la unidad con la que mido tus preguntas

Quiero ser tu silencio y tu risa, la voz esperada y la palabra a tiempo.

Me gusta leer y a veces lo olvido
Me gusta caminar y a veces me quedo sentado sin movimiento.
Me gusta ver atardeceres y olvido salir a tiempo de la oficina.
Me gusta ver y oir a las personas en los buses y olvido hacerlo porque me quedo dormido.
Me gusta dejar el cabello despeinado y lo peino a diario sin motivo.
Me gusta la oración que empieza agradeciendo, lo olvido, y empiezo pidiendo.
Me gusta medir la distancia entre las nubes y apenas si recuerdo levantar la cabeza al cielo.
Me gusta escribir y a veces lo olvido.
Me gustas y no quiero, ni puedo olvidarlo.

Tomo el celular y llamo, escucho una voz que me dice, es tarde, estoy cansada y me pesan los ojos, háblame hasta que percibas mi sueño, aunque he estado desperdiciando el sueño con parpadeos de duelo, estaba esperando tu llamada. Le hablo, una y otra cosa, un afán y una tristeza, dos historias y una esperanza, quizá hasta le hablé de odradeks y cronopios. Su respiración enumerando la misma frecuencia me hicieron saber sobre su sueño, estaba dormida, eso creí, dije, duerme bonita, duerme. Que lindo, siempre me dices cielo, y esta noche me has dicho bonita

Colgué, no hacía falta aclaración alguna, excepto el siguiente día cuando recibí una llamada de vuelta al número marcado, una mujer, la de la noche anterior me preguntaba por qué había hablado con ella, así, mientras la escuchaba trataba de entender la confusión de números, y sobre todo a la mujer que me pedía recorrer la conversación para poderme decir que la tristeza de mi palabra la había herido ‘besalmente’.

Algunos quieren amores como espejos, que los reflejen mientras están ahí, que sean una copia de lo que ven de sí mismos.

Mi búsqueda no termina en ti, en ti es el nuevo comienzo.

Quiero enamorarme de ti, claro, quisiera la certeza de que tú también lo deseas; así no funciona, lo sé, así no funcionan las emociones, podría ocurrir esto, yo enamorado sin que tu corazón se conmueva por el mío, o si se conmueve podría ser en un sentido diferente, hermandad, amistad, camaradería. Exploro, soy apenas un niño explorando mis emociones, atravieso la fragilidad y me aterra saber hasta donde puedo ir contigo, es un poco ver al cielo, sentir la luz, cerrar los ojos y reconocer que al abrirlos yo voy cambiando mis maneras de verte. Es curioso, me sorprendo aun al leerlo, el amor y el miedo son dos caras opuestas pero se vuelven difusas para mí, enamorarme de ti me lo plantea sin líneas divisorias, quizá es parte de la exploración y cuando vea solo el amor esto de enamorme de ti tenga o deje de tener sentido.

Para que lo sepas, y es importante que no lo olvides, la soledad no mata el amor.

Yo fui al médico general, le expresé mis inquietudes por la presión que empecé a sentir en el pecho, temo por el corazón, eso le dije, entonces después de la revisión sin profundidad apenas me dio una receta con unas pastillas de las cuales no recuerdo el nombre, también me dio una orden para asistir al especialista, no puse atención en la remisión, estaba enojado porque pensé que hubiera podido ir desde un comienzo al cardiólogo, claro que al salir, cuando estaba en el auto observé que me remitió a un taller de literatura porque en mi corazón un abecedario estaba atravesado sin poder salir.

Una geografía extensa en detalles, una construcción hecha de momentos, los lugares a los que hemos asistido, unos apenas de entrada por salida, otros con los minutos contados por la prisa. La ruta, sin repetición posible en nuestros pasos hemos ido, el uno con el otro y el otro con el uno, así, con excusa para acompañarnos, con premeditación has ido a mi rescate.

La voz en el teléfono, la excusa para ver constantemente la pantalla, el correo y el mensaje repentino, besos perdidos en deseos, encuentro con abrazo por saludo, abrazo que respira el beso escondido, una copa para el trago, un vaso para el jugo, muchos libros compartidos.

Narraciones con acentos, el punto, la coma, la vocal sin tilde, la voz tildada, el libro compartido, una mirada esquiva que pone una sonrisa en el rostro, alguna cita incumplida, sueños sin contar para que se cumplan, los muchos dulces compartidos, café endulzado y de maracuyá el sabor del granizado.

Un poco así y otro tanto en otro modo, así como estas palabras entregadas, van del silencio las cometas y los globos elevados, la noche te piensa y el día te nombra, la apuesta que en los dos casos es temida, la incertidumbre se encuentra igual perdiendo o ganando.

El partido de fútbol estaba tan aburrido que incluso le permití a Ana cambiar de canal varias veces, no le gusta este deporte, ella prefiere el boxeo, tiene una inclinación perversa por ver a los hombres golpearse. Debí empezar a dormirme después del minuto veinte del primer tiempo, apenas tengo imágenes del final del primer tiempo, me dormí, extensamente dormido en la cama, extendido más que extenso.

Empecé a soñar, primero era un anciano al que le limaban las uñas y como estaban encarnadas debían meter los pies en un gran recipiente de agua caliente, pero los pies le crecían y debían cambiarlo por uno más grande, una y otra vez repetían el cambio hasta que la cabeza del hombre desaparecía en los tobillos. Creo, con bastante certeza, me moví y solté de la mano el control remoto.

Recién terminaba este sueño empezó otro, estaba atrapado en la bodega de una joyería, ahí sin poder hacer nada, en cada movimiento me enredaba con anillos, aretes y cadenitas. Me era imposible moverme ágilmente, yo con la idea de escaparme, de salir rápidamente en la huida. Cuando más estaba cerca de la salida, más aretes me pinchaban la planta de los pies, y si no eran estos los que me detenían, eran unas delgadas cadenitas que se colgaban de mi cuello, o unas manillas que me caían en la cabeza. Despierto, la nariz me pide con prisa rascarla, lo hago y sin poder evitarlo caigo al sueño nuevamente.

Volví, el sueño no repite imágenes, ahora estoy en una droguería, soy el encargado de limpiar, tengo un pañuelo demasiado delgado para limpiar el mugre, lo hago y las manos se me untan de mugre y alcohol, alguien me ha pedido usar antiséptico para todo, incluso las cucharas y los tenedores los limpio con el líquido que habita una botella grande en donde humedezco el trapo. No sé porque hay cubiertos en el mostrador de la droguería, las demás cosas son normales, todas pertenecen a ese espacio, de pronto, sin que pueda evitarlo el frasco se abre y cae, se rompe y el olor del alcohol es un río adentrándose en el aire.

La nariz me pica, me rasco fuertemente, estoy despierto, trato de moverme y Ana me lo impide, sobre mi cuerpo ha ido dejando sus joyas mientras las limpia con alcohol y agua, dice, no te muevas porque se caen y luego no sabría cuáles ya he limpiado.

Yo estoy escuchando una música prestada, no porque los discos sean tuyos, digo esto ya que fuiste tú quien me habló de estas canciones que ahora ocupan la completa atención de mis oídos. Ha empezado a parecerme normal ver sombras desplazarse desde el lugar en donde la música suena, aparecen saliendo sombras, una tras otra se extienden primero y luego se levantan, es inexacto decir que dan pasos, quizá sea correcto decir, transitan en elípticas sin movimiento aunque se mueven.

A lo que no me acostumbro es a sentirlas entrar en los oídos y cerrarlos como si estuviesen construyendo muros de ladrillo, apenas puede ser atravesado por la música, los demás sonidos desaparecen y luego, cuando ya ha terminado de sonar la canción empiezan a salir las sombras, entonces vuelvo a verlas volver hasta el lugar en donde he puesto el disco.

Hay gente tan austera que no dan amor, y ni siquiera consejo, se lo guardan todo, ni siquiera para ellos, se lo guardan todo porque temen que los otros se lo quiten.

He estado en el centro, en la librería a una calle de la plaza mayor, todas las miradas que doy sobre los estantes ya las he dado antes, eso creo, así miro unas ediciones de comienzos del siglo anterior, varios libros de personas que según el dueño del lugar son dignas de toda admiración y por eso son tan importantes. Al fondo, en una vitrina cubierta de vidrio hay un par de monedas de plata, las cambian, las cambian por otras de plata de menor valor, ahí se mantienen desde antes de mi visita a este sitio, nunca llamaron mi atención, al principio porque era un estudiante y mi presupuesto era limitado incluso para el transporte y la comida, luego cuando podría haber preguntado su valor pensando en que mi salario podría comprarla tampoco lo hice. Hoy vi a un hombre sacarlas, las movía en su mano del mismo modo en que uno puede hacerlo con los dados antes del juego, el dueño del local estaba con él, conversaron de libros antes de llegar a las monedas, mantuve mi atención puesta en sus palabras, el hombre le decía al otro que por fin había podido cambiarlas, un intercambio por otras igual de antiguas, ahora podría pagar su entrada al lugar del que lo habían devuelto porque el portero no tenía cambio, ahora entraría, no tranquilo, pero entraría pagando al infierno y luego saldría, no porque la paga fuese suficiente, más porque sus dos milenios de purgatorio lo había pagado en este mundo

¿Quién proyecta el firmamento cuando tus ojos están cerrados?

Después de leer mis textos me dijo, tus poemas son malos pero tú eres bueno, eso es suficiente para mí. Luego puso una de sus manos sobre mi boca y la besó, hizo eso mismo con la otra mano, después me dijo, ahora cada que te acaricie, sin importar en donde ponga mis manos estaré besando tu piel.

Mis recuerdos y yo veníamos a quedarnos contigo pero en tu casa vive el olvido.

En el lugar al que voy en la noche a comprar algunas cosas que faltan en el apartamento, un lugar que cierra tarde, esta noche he ido por unos panes, leche y huevos, unas latas de atún, unas galletas y una botella de jugo de naranja, esto para el almuerzo de la señora de visita semanal en mi casa, la que mantiene ordenado y aseado todo sin que yo debo ocuparme de ello, en ese lugar, esta noche una mujer que compraba café me dijo, no te vi en casa esta mañana, no te he visto hace varias semanas, acaso has desistido de volver a tus orígenes, yo le sonrío y le respondo, creo que me confundes con alguien. Recibo los artículos comprados, todos en la misma bolsa, la mujer hace un gesto de sorpresa con su frente, luego extrae su billetera e insiste en mantener la conversación, entonces me muestra una fotografía en donde yo estoy junto a ella poniéndole comida a unos peces en una pecera tan grande como yo mismo. Le digo, se parece a mí, pero no soy yo, así, ella vuelve a poner su gesto en la frente y me repite, eres tú, cuando vuelvas a casa lo vas a recordar, yo sé de tu olvido desde que fuiste a vivir a ese lugar en donde todo se paga con olvido, ya volverás, yo igual te espero.

Yo recuerdo haber confesado mi amor a una mujer de quien dije siempre lo sabía todo acerca de mí. No sirvió de nada dije durante un tiempo, ahora pienso que sí, fue necesario que ocurriera mi declaración amorosa para que ella tuviese la certeza de saberlo todo sobre mí. No sé si dije te amo, o me gustas, o quiero algo contigo, nunca fui bueno en eso, de hecho tuvo que hacerme valiente y tomar prestada una sinceridad y una valentía ajenas, no digo haber mentido y usado palabras no propias de mi corazón, digo, fui completamente sincero, sin embargo me comporté como otros porque si hubiese sido como yo mismo me hubiera quedado callado toda la vida.

Después de varias líneas pienso en como remediar este sinceramiento (no sé si exista esta palabra pero solo se me ocurre que ella expresa lo que siento y no tengo ánimo de usar otra) pero voy a dejarlo acá, del mismo modo en que la nube deja las gotas sobre un lago que no es espejo de nadie pero permite a las nubes verse reflejadas antes de caer completas a la tierra. Yo la recuerdo, con una sonrisa serena, linda y alegre, a veces la pienso y otras veces también la olvido porque eso pasa con ciertos amores, uno convive y se conmueve con ellos todo el tiempo.

Hace frío, leí una novela corta, la empecé en la tarde, hacía tiempo no leía una novela en el mismo día, había perdido esa costumbre, bueno, lo voy recuperando. La culpa no es de la novela, es de mi memoria que se atravesó de pronto como una estación que no estaba en el mapa y aparece para ser de obligatoria detención para un tren que va de paso. En la novela, apenas unas líneas me trajeron tremendo pedazo de recuerdo, ella sonriente, con su alegría plena y su rostro hermoso. Es así, estas cosas pasan y sin darme cuenta las voy contando, innecesario por cierto, quizá para partir la noche entre desazón y certeza.

Yo la recuerdo y me confieso fiel a su recuerdo, ahora volveré a la página de la novela, pondré una marca en el papel y quizá me quedé un poco quieto escuchando a la noche que como yo recuerda a la mujer a quien le dije te amo, me gustas, o quiero algo contigo, aunque ya no recuerdo cómo se lo dije.

He visto a una mujer con lunas negras en la cavidad de sus ojos, no me sorprende esto, hay muchos rostros ofreciendo la idea de lunas negras en ellos, sin embargo, estas que he visto ahora no parecían estar gravitando, colgaban como si de una cuerda se sostuvieran para no caerse.

Es poco común ver el inicio de la construcción de un templo, de una iglesia, y más en una ciudad tan grande como esta. No pude sustraerme al hecho de ver a los obreros reunirse a diario e ir acomodando arena con cemento, ladrillo con hierro cada día. Supe del propósito de la construcción una mañana cuando la lluvia espantaba a los más osados y se atrevía incluso a obligar al arrepentimiento a los que salían con paraguas, yo me quedé junto a la construcción, un techo provisional fue mi protección ante el aguacero. Dos de los obreros se juntaron a mi lado, un saludo que va, una respuesta que se obliga, luego ellos empezaron a hablar, primero de las dificultades a las cuales los obligaba el inicio del invierno, después sobre un golpe recibido por uno de ellos de parte de un martillo en su mano derecha.

Lluvia que no pertenece a nadie y conversación ajena, a los dos puse atención, el ruido de las gotas agrietando el silencio, el asfalto ofreciendo su tambor sin eco, desde una ventana un verdadero concierto de agua contra el vidrio, ambos transparentes, uno líquido y el otro sólido, un día las ventanas serán de agua, una delgada capa líquida se opondrá al ingreso del viento, ese mismo manto de agua hará las veces que hoy cumple el vidrio. El hombre de menor estatura pregunta, yo presiento que podría haber respondido ya que las palabras parecían salir de su boca sin haber escogido a quien hacerle la pregunta, el acompañante responde, claro que estará llena el día de la inauguración y probablemente en todos los domingos, una iglesia, es una iglesia y estas se llenan siempre.

Clavé el oído en la conversación (no creo esté bien usada la palabra clavé en este caso), estuve atento, preguntas y respuestas, anécdotas e historias repetidas. La lluvia doblaba su intención de doblegar el ruido de la ciudad y dejar solo el de ella, una especie de tributo a sí misma, a la vocación musical de las nubes. Hablaban de fútbol, después de una película, se desprendieron de algún secreto, cayeron en una discusión bizantina acerca del tamaño de la ciudad y cuántas personas sobran en ella. Hubo un instante en que mi atención pasó de vago interés a defensa en primer grado, todos mis sentidos se concentraron en uno de ellos, hablaba de una mujer que en el seno derecho tenía dibujado un girasol con los lunares, eso mismo decía, una circunferencia rodeada de siete óvalos, todos lunares.

Esa mujer tiene nombre propio para mí, Sol, su nombre es Sol, sufrí su desamor en el colegio, la perseguí en la universidad, ella en la ciudad donde estudiamos el bachillerato, yo en otra ciudad en donde estudié ingeniería. Ya de grande, eso digo yo porque siempre fui un niño frágil ante ella, ya de grande cuando mi historia de trabajo completaba dos años para mostrar en la hoja de vida la encontré nuevamente, yo había desistido de la búsqueda y ella ni siquiera me recordaba. En una cafetería del centro de la ciudad, yo pedía una botella de agua, ella en una mesa le solicitaba al mesero una taza de chocolate.

Al comienzo, después de haberla visto igual de bella a como la recordaba mi deseo, no quise saludarla, entonces asomé toda mi mirada a una esquina, hice igual a los niños, si yo no la veía, ella no podría notarme, no ocurrió, me llamó, dijo mi nombre, y de verdad, sentí que lo hacía con un cariño sincero. Sonreí un poco, me acerqué, ella supo de mi contención, volvió a saludarme, dijimos algo de lo que hacíamos, algo de lo que habíamos dejado de ser, algo de lo que no quiero mencionar.
Prometí llamarla, yo quería salir de la encerrona a la que me sometía el destino, ella puso una sonrisa llena de alegría y ternura, luego con voz callada, casi igual a un susurro, no tienes mi número de teléfono, no podrás llamarme, y sin que pudiera seguir defendiendo mi iniciativa de evitar continuar ahí, tomó un bolígrafo, puso en una hoja su número, y ante mi mirada de incomprensión escribió debajo del número, eres mi nombre y te quiero para apagar mi oscuridad. Sonreí, y sin comprender mucho, o más bien, sin haber leído número o texto, le di mi número de teléfono, luego, yo te llamo, y me despedí.

El hombre reafirma lo que sabe, un amigo de él, bueno un conocido, alguien para quien trabajó, un tipo de esos que tienen todo en la vida, cuando él estaba trabajando en una casa a la que debían construirle un jardín, ese hombre, en una tarde de sábado les invitó unas cervezas, parece que recién había visto una película, la recordaba bien, “sueño de fuga”, parece que en la película alguien le invita cerveza a unos presos, los presos son felices, todos son felices, el tipo como que había fumado algo, así llegó con varias cervezas para cada uno, después les llevó más, fue una buena tarde, con paga en efectivo y con borrachera gratis.
No la llamé, ella lo hizo, fue una conversación a la que no pude conectarme, era difícil ser yo mismo, temía que al serlo volviera a la fragilidad con la que la veía en el colegio, con la que la extrañaba en la universidad. Nunca fuimos novios, nunca tuvimos besos, nada, solo me gustaba mucho y ella lo sabía, ella lo sabía, para mí era imposible que no se me notara.

Las preguntas sobre la mujer del girasol de lunares se hicieron presentes, bruscas y atrevidas, dolorosas para mí. Sigue hablando, no de la mujer, no de los lunares, habla de mí, ahora recuerdo perfectamente al hombre que trabajó en mi casa con parte de la construcción, lo veo, tiene las mismas putas manos con las que golpeó y ahogó a mi esposa cuando ella lo descubrió robándose unos aretes de oro, en forma de girasol que yo le había regalado antes de la boda.

Nunca podrás entrar a mi memoria para recordar lo bella que eras para mí, lo hermosa que yo te veía.

Cosas que dicen en el supermercado, parir esta soledad ha sido muy duro, y no voy a abandonarla en modo alguno, amo estar así desde cuando fui empujado por el olvido.

Cosas que dicen en el mismo supermercado, yo no pongo en duda que el cielo exista, estoy convencido de ello, no creo es en el camino que me ofrecen para llegar a ese destino.

Cosas que le digo a una amiga a la que quiero de amante, te lo había dicho, soy celoso, y si la noche seguía cubriéndote entera, yo le clavaría una luna llena antes de las once.

Llamo a una amiga para decirle, tengo varios malos hábitos, unas costumbres inapropiadas, y quiero cambiarlas contigo. Ella no me comprende, entonces le digo, por ejemplo, cedo el desasosiego de mis sábados nocturnos por un lugar en tu mesa los domingos, aparto de mí la tensión de la oficina por tu voz muda en mi cuello, doy toda desazón y solo espero a cambio tu camino a mi oficina para rescatarme cada tarde.

La cerveza, la primera se la dieron al clima, un error del hombre de las mesas, se excusó por incomodar al mesero, al rato le trajeron una nueva, esta vez fría, como disculpa el hombre le llevó una porción de maní en una taza de vidrio. Dijo gracias, y se alegró sinceramente de que le hubieran llevado el maní, comió un poco, vio su mano, pensó que podría haber estado sucia, el mesero se tropezó con una mesa, se distrajo viéndolo. A un par de mesas de distancia dos hombres se levantan de las sillas y se marchan.

Tengo fiebre, es una buena definición para lo que siente. En la oficina cuando alguien tiene fiebre no le dan permiso para ir a casa, no dan excusa médica por tener fiebre, con solo ese síntoma no dan permiso para ir a casa. El síntoma es ese, no conoce lo que tiene pero sabe que lo sufre. Al comienzo fue tristeza, después usó la palabra melancolía, al rato pensó en ansiedad, volvió a creer en la tristeza, pasó a creer que era vértigo. No tengo nada y me duelo como si estuviera roto.

La cerveza podría haber estado caliente o fría, igual se la estaría tomando, bebe dos sorbos rápidamente, unas gotas le caen en la mano, se limpia con la servilleta, hay un verso en la servilleta, le hace gracia, la mira, en la servilleta dice, «Vine hoy / mañana es tarde / nunca es tarde para la muerte / Ella solo conoce tiempos perfectos». Detrás de la barra una mujer seca sus manos con una toalla blanca, un hombre sentado en la silla frente a ella le habla.

Pide otra cerveza aunque no se ha acabado la que está servida en la mesa, esta vez el mesero pasa higiénicamente desde la mesa hasta la barra. Una lágrima aparece tímida detrás de los ojos, la atrapa con un pestañeo antes de que se asome en la pupila, insiste en agredirse internamente, no es una actitud de adultos estar en estas, esto es para adolescentes, que tontería tan grande agitarse así por una mujer con la que nada quiero.

Va al baño, mira hacia la pared mientras escucha el ruido del líquido, no puede aquietar sus pensamientos, la quiero, de otra manera esta sensación de desarraigo al no estar con ella no la sentiría, Quiero a alguien para toda la vida, que tonto, como si la vida estuviera asegurada para siempre, quizá deba dejar de pensar de esta manera, quizá deba dejar de pensar por un rato.

En el espejo se observa, una vejez amarilla lo cubre, es la luz del baño, se siente pesado, la barriga alcanza a salirse sobre el pantalón, no es cierto, ha ido creciendo, con un poco de ejercicio volverá a estar en su proporción adecuada, no cree en sus propias ideas, no está tan gordo pero no está delgado.
El vaso está lleno, el mesero cambió el vaso, él no lo sabe y piensa en si pusieron el líquido nuevo sobre el anterior, toma un poco, está fría la cerveza, más que la anterior, el vidrio está helado.

En sus vacaciones del año siguiente irá a Alemania, beberá hasta el cansancio, también podría ser a Irlanda, hace un gesto mientras imagina el viaje, podría ir con ella, no en plan de tomar, vacaciones, conocer otro ambiente, lejos de sus grietas, así podría encontrar las respuestas. Mira a la mujer de la barra, puede verla de cuerpo entero, se habla para adentro, está enterita, le gusta mel cuerpo de la mujer, la mira varias veces sin ser notado, es atractiva, podría ser viajar con una desconocida, claro, ese puede ser un buen negocio, en vez de citas secretas, viajes con desconocidos. Mejor viajar solo, una ciudad pequeña, un retiro espiritual, algo que le permita estar atento a sí mismo. Todos queremos resolverlo con un viaje, trae a su memoria varios títulos de libros de literatura en donde eso hace el personaje principal. Se olvida de la idea y repite la mirada extensa sobre el cuerpo de la mujer.

Mira el reloj, pide otra cerveza, cuando el hombre de las mesas se aleja lo llama y cambia el pedido, mejor un mojito, le hacen caso, se toma el primero mientras que repasa mensajes en el celular, ve uno y otro mensaje, contesta alguno, ella está en los contactos, se le antoja escribirle que la quiere, no lo hace, encuentra un correo antiguo de ella, al final del texto ella había firmado, yo también, luego ponía el nombre y en la postdata hay una nota, supuse que pensarías en decirme te quiero, por eso puse yo también. Levanta el teléfono, llama a un amigo, pregunta sobre un compromiso, lo aplaza, miente acerca del lugar en donde se encuentra. Promete volver a llamar.

Repiten la porción de maní. El trago ha viajado más rápido que la cerveza. La quiero, es insistente en su pensamiento, no hay problema alguno entre los dos, igual puede vivir el momento, es lo que dicen todos, vive el momento como si fuera el último minuto de vida, es bonita y si sale con él es porque es sincero el sentimiento, de todas maneras, ella tendrá toda la vida para reorganizar su vida, en cambio, en cambio yo tengo apenas unos años para pasarla bien. Y si me enfermo, si me pasa algo, por lo menos estará ahí, y si no, pues igual moriré solo, es la vida. Le traen un trago, cortesía de la casa. Parece se había demorado en pedir uno nuevo.

Ahora siente celos, se sabe temeroso de lo que puede pasarle, no sabe en dónde está, quiere saberlo. La mujer de la barra está detrás de la barra, se suelta el cabello, no se le ve nada. El mesero es algo afeminado, ya no quiere ser atendido por él. Mira el teléfono, no tiene mensajes, saluda a un amigo, manda dos mensajes más por ahí. Voy a llamarla, esto no puede seguir, se detienen en esa disyuntiva, o si sigue debo tenerlo claro, la llamo y le pregunto, yo me voy a atrever a todo, bueno, y si no me dice nada pues es ella la que no quiere. Pide la cuenta, paga, da propina, agradece al hombre de las mesas, le sonríen todos, la mujer en la barra le da una tarjeta del bar. Levanta el teléfono, va a llamarla, marca, suena, la red a la que está llamando no puede recibir su llamada.

Contigo me siento en desventaja poética, es imposible no enamorarme de ti

Yo recuerdo un tiempo del que casi toda la memoria se encuentra olvidada, me asomo ansioso y veo apenas unos detalles, quisiera ver más, saber otro poco de esos días, la memoria no ayuda, me quedo corto en la experiencia fotográfica, tú estás ahí, yo quería algo contigo, tú en cambio lo querías todo, no sé qué pasó después, solo sé que ahora no estás.

Cosas dolorosas que dice el portero del edificio, a mí me da susto moverme en la cama, me da miedo encontrarla al lado, murió hace tiempo y yo aun la presiento cuando giro al lado que ella dormía.

Anoche cuando volví al apartamento encontré todos los objetos de vidrio rotos, exceptuando los vidrios de la ventanas, todo estaba roto, llamé a la portería, me dijeron que nadie entró, ni escucharon ruidos, llamé a mi mamá, preguntó más cosas de las que me dijo, luego concluyó, es un alma en pena que canta, mejor no te quedes hoy ahí, ve a otra parte. Llamo a mi hermano, le digo si puedo ir a su casa, de pronto un do re mi se oye en el baño, corro a la puerta y salgo a prisa.

Cosas raras que dice mi amiga, la que se parece a mi novia: en unas décadas, se podrá viajar en el tiempo, habrá restricciones pero pueden superarse, yo misma he viajado, tu novia de ahora, soy yo veinte años después, un día perderé la memoria de cómo eras conmigo en esta época, es por eso que estoy en este tiempo, vine a recordarte y verme acercarme a tus ojos.

No pongas sus defectos a un lado, vas a llevártelo completo.

Yo soy un poeta porque tú me dejas publicar mi mirada en tus ojos.

Está la roca, silenciosa y austera, el árbol que habla con la voz del viento, el río yendo con su canto extraviado desde la montaña, arando la tierra hasta el mar, está el mar, un verso en rima ola tras ola, un acento y otro en su movimiento, y estás tú, llena de poemas, y yo necesitado de encontrarlos en tu boca y tus ojos.

Dice mi amigo, escribir un poema es como es como extraer sangre de las venas, algunas veces la aguja entra fácilmente y todo fluye hacia afuera, otras tarda en aparecer el lugar donde la aguja pueda dar certera el pinchazo, y a veces, otras veces, la vena se niega y la aguja no sirve de nada.

Cuando vengas a mi lado, y tu mano se pose suave en mi cuello, cuando guardes de tus postres una porción para compartirla conmigo, cuando en tu nación deje yo de ser un extranjero y mi nacionalidad sea la de tu corazón, cuando los dos digamos al tiempo, toma para ti, cuando te juntes conmigo para ir al siempre y volver al siempre también, cuando sumemos silencios para hablar, cuando llames y al final de la llamada digas te amo, cuídate para mí, entonces sabré que hemos dado el salto de fe.

Yo he escrito tu nombre en mis cuadernos, sonreído plenamente ante tus fotografías, yo he esperado las noticias de ti, me he alegrado de tu sonrisa, yo ahora estoy pensando en ti porque no estás.

Cuando yo digo te amo, el eco es mi voz repetida en tu corazón.

Cada mes la mujer empeña anillos de boda, al comienzo sonríe tímidamente y al irse se va con su rostro lleno de una sonrisa, yo no vendo los aros por unidades, los llevo a donde un conocido que los funde y luego hace otras joyas. El uso de la palabra empeñar no es correcto, ella no volverá por ellos, lo sabemos los dos. Esta tarde, al terminar de hacer el trueque me ha pasado uno, de regalo, me dice, mira, tiene el nombre de tu novia, es bonito, sin que yo trate de evitarlo lo pone en el anular de mi mano derecha, ves, te queda, y sí, el otro día me dijiste el nombre de tu novia, lo recordé, no fue cuando obtuve la joya, fue después, ya estaba en casa, me puse a ver qué decía y entonces pensé en ti. Quédatelo. En el interior, con una caligrafía perfecta estaba el nombre bordado sobre el metal dorado. Estuve a punto de soltar la pregunta, ella lo notó, me advirtió, no he cometido delitos para obtenerlo, tú sabes, a veces los hombres van a lugares nocturnos para quitarse lo que les pesa, y yo les ayudo con eso.

El cielo empezó a oxidarse, fue un instante, los ojos ardieron en un fuego plano y sin llama, moví la cabeza, un parpadeo acabó con la imagen, volví a mirar y todo era claro, el azul propio de días de verano. Continué con los pasos hacia un lugar en donde había sombra, pensé un poco en el color de mi piel y las consecuencias de la exposición a la luz solar, alguna imagen desértica, eso me cayó de pronto, en la piel un desierto sin arena se agrietaba, igual a la superficie de los lagos cuando se han secado, seguí caminando, no miré más los brazos, había un espacio libre en un asiento debajo de la sombra. A mi lado, de manera conveniente, una mujer delgada se cubría los senos con aceite, no le vi el rostro, solo sus manos y la piel brillante. Sentí físicamente su mirada, comprendí que había anclado mis ojos en el puerto equivocado, una fracción de segundo, eso tardé en levantar la cara y verla, esta vez el parpadeo fue consciente, lo repetí, dije, disculpe, pero luego no podría decir otra cosa durante la siguiente explosión planetaria, quizá tres segundos de reloj, dentro de mí una vuelta completa al universo, me levanté diciendo, con permiso, pero ella se puso de pie, movió uno de sus brazos, debió pronunciar dos veces, espera, espera, entonces me quedé de pie, a un par de pasos. Nuestra intimidad había sido sacudida hacía varios años, nos expusimos demasiado el uno al otro, ella más fuerte, yo frágil e imprudente, doloroso para mí, extenuante y cansado para ella.

Una espada transparente se plantó en medio, las voces acostumbradas nos permitieron el saludo, pensé en una alucinación, el cielo oxidado, la piel agrietada, y ahora ella, definitivo, una alucinación. La escucho decir, podemos tomarnos un café, yo respondo como quien ha podido extender ante el enemigo todas sus defensas, sabes, hace calor, creo que no, y me siento un poco acalorado, yo voy a entrar al hotel por una limonada. Mala defensa, puedo ir contigo, una artillería en desuso, le digo, me parece que no, estás preparada para el sol, yo entro y vuelvo más tarde, o te veo luego, ¿vale? No sé defender, no sé atacar, no conozco de la estrategia para en medio de la batalla, ella sonríe y abandonando la invitación se fija en mis palabras, aun dices ‘vale’, yo uso mucho esa palabra, me la sé por ti, vale yo te busco adentro. Una parte del cerebro, la parte idiota le responde, casi no me doy cuenta que tanto la utilizo, pero suelo hacerlo con frecuencia. Armas de defensa abajo, ella me mira, ahora me siento desarmado, y sin saberlo estoy detenido, pies de estatua, apenas escucho su voz, te veo adentro, y camino, como si solo siguiera su orden, como si no hubiese tomado yo la decisión de huir de ella.

Entro al hotel, voy a la recepción, pregunto por las cancelaciones, una mujer me atiende y me pregunta el motivo de mi retiro, le pido sea condescendiente conmigo, he visto a una mujer que rompe todo aquello que dentro de mí está frágil, no puedo estar aquí, debo evitarla, parece una tontería pero siento que moriré si vuelvo a verla. La expresión de la mujer es de comprensión, se adelanta a cualquier petición que pueda hacerle y me dice, estoy para servirle, ¿quiere que llame un taxi para que lo lleve al aeropuerto?, puedo reservarle en otro hotel, si desea seguir en la ciudad pero lejos de las zonas concurridas, hay un lugar en donde puede estar alejado de todo. Solo respondo, no sé. Para que no deba cambiar la fecha de vuelo puedo reservar en otro lugar, déjeme yo lo hago, por ahora usted baje sus cosas, yo hago la reservación, le tengo preparado un taxi, y uno de mis compañeros lo acompañará para que se sienta seguro. Ella nota que me siento sorprendido, entonces me dice, a mí me ha pasado, sé lo que es toparme con mi infierno interno y querer huir de él en el siguiente instante.

Ella puso el café en la mesa, trajo unas galletas, acercó la silla y se sentó a mi lado, me dio un beso en la mejilla, una canción se oía, había puesto música en su celular, el aroma del café se extendió y entonces como si estuviera esperando que el aroma lo cubriera todo me dijo esto, es como el café, sé que está en algún lugar, yo siento su aroma sin tener certeza de dónde está la taza, ves, así te amo, sin tener necesidad de saber por qué lo hago, así, deja de preguntarme por qué te amo tanto.

Hay mujeres cuya primera aparición de la vejez que le llega es la extensión notorio de una línea descendiendo en donde ponen sus aretes.

Hay mujeres cuya primera aparición de la vejez que le llega es la extensión notorio de una línea descendiendo en donde ponen sus aretes.

Fundé para ti rutas en mi memoria, abrí caminos y expulsé la oscuridad que teme, apropié jornadas de extensos deseos con tu nombre en primera persona como si fueses un verbo, el verbo del cual heredan los demás su ADN, extendí la puerta abierta a la geometría sin fin de tus universos y congregué mis propósitos a tu lado. Fue el comienzo de mi gusto, de mi búsqueda y encuentro.

Tu nombre está izado en mis ojos, te nombro en toda conversación oportuna, una mirada de ti se repite en la mía, estás en mí como una frontera invisible que todo lo acuna.

Breve mi memoria, se llena contigo, ancho mi deseo, no te abarca.

Pasa que me enamoro con la misma facilidad con la que caen las hojas en otoño, y luego, ante el vacío incierto, quiero volver al árbol de donde he caído.

Amo tu silencio. El mundo está lleno de ruido. En ti se callan mis aullidos.

Todos los tigres del zoológico, cuando duermen sueñan con su libertad. Estoy en mi hora de sueño, cuando creo que soy libre. He dado pasos hasta la puerta y olvidado que me ato con una cuerda llamada prudencia a la costumbre. Estoy soñando, voy por la calle y camino ágil, ignorancia mía, mañana volveré a despertar ante la reja habitual

La losa de cemento debajo del neumático inflado de aire no besa, no acaricia, son inertes, eso creo, losa y caucho no se sienten, pero son reales, su rozamiento es real, en cambio yo, mientras veo por la ventana hacia la calle, sin poderme detener en las imágenes, no te toco, no te rozo, pero te presiento y siento en mí tu piel ahumada de besos.

Ella me dijo, promete que me amarás igual cuando vuelva, y yo le dije, seremos seres diferentes cuando volvamos a encontrarnos, no prometo nada, no serás igual, no seré el mismo, solo puedo amarte ahora, mañana no sé. Ve hacia tu destino, nadie nos asegura el mañana.

Ella, en la puerta de su casa, mientras afuera llueve, me dice, ve, no va a dejar de llover, yo estaré contigo, yo te esperaré, cree, yo voy contigo, yo estoy ahí, ve, ve conmigo desde ahora hasta siempre, nada más.

¿En dónde cabe el universo detrás de la silueta negra que los bordea? ¿De dónde viene esa sensación de haber sido acogido fetal y tiernamente dentro de tus ojos de uva?

Yo creo haber leído una novela o un cuento sobre esto, alguien que sabe que otra persona está soñando con él, y que ve el sueño, lo vive, pero una cosa es leerlo y otra sentirlo. Por indeterminada razón, hago parte de los sueños de la vecina, sé qué, cuándo y todo sobre sus sueños, yo soy una de sus imágenes oníricas, y vivo las experiencias como si fuese un personaje de una película.

Anoche ella soñaba con un hombre que peleaba por ella, en una riña de calle yo me daba a los puños con otro hombre más fuerte y grande, ella me hizo ganar pero recibí varios golpes, justo uno en el ojo derecho, es por eso que lo tengo inflamado y rojo.

Sé lo difícil de que me crea, pero esa es la razón por la cual he venido a la oficina de esta manera

Mis metas son simples, una caricia aquí, otra allá, unos besos de más, un encuentro, dos cafés, una salida. Mis metas son simples, ir y volver cuando valga la pena, no ir, no volver, cuando sea innecesario, cenar a tiempo, cenar a destiempo con alguien que ame, y eso mis metas son simples, que todo sea con alguien que ame, con alguien que me ame.

Comprende que escribo tu nombre en el agua, sin propósito alguno, no queda en el líquido tu nombre, no aparecen peces con tu rostro tatuado, no se deslizan corrientes aéreas bajo la superficie en calma. Nada pasa, aun así yo lo escribo porque me da la gana repetir la forma de las letras con las que se escribe y voy pensando en que todo pasa como el agua en el río pero también todo queda como el cauce que lo contiene.

Al comienzo la idea parecía una tontería, luego fuimos pensando en maneras de realizarla, así fuimos poniendo de moda vender kilos de lluvia, una solución química que al contacto con el aire se convertía en algo parecido a la lluvia. Mediante un dispositivo de lanza el químico había lo alto y luego en un rango de dos metros cuadrados cae lo que uno puede llamar lluvia. Al comienzo lo compraban adolescentes románticos para sus citas en el parque, después se hicieron populares en las fiestas y conciertos al aire libre. La competencia no tardó en aparecer, entonces nos sacaron del negocio, fue divertido mientras duró, ahora, mientras lluvia de verdad cae en mis hombros, piensa en ella, en las veces que ante la mirada tardía en su boca le daba un beso y ella me pedía que olvidará esa lluvia artificial y saliéramos a caminar tarde de la noche esperando a que lluvia de verdad nos rodeara completos.

Mujer luna, culto de la ola, camino nocturno, brindis de luz, temblor de trueno, maullido de reloj, puerta de nube, paraguas de noche

Esta mañana dejé mi inteligencia, o lo que existe de ella, en el cajón donde se congregan los zapatos, salí sin ella, solo con mi intuición, con los presentimientos, así voy ahora, camino a ti en medio del silencio abrochado en el viento, así voy a encontrarte, desnudo de razones o de inteligencias para que el encuentro sea entre los dos sin artificios mentales.

Va a ser fácil, Tomas tus secretos, los pones en una bolsa de papel, la cierras con un hilo de lana rojo, piensas en un lugar de cuya existencia física estés convencido, pongamos, la estación de buses de una ciudad que conozcas, imaginas un encuentro con un desconocido, un buen ejemplo sería un hombre bajo un paraguas cubriéndose de la lluvia. El hombre está descuidado, es tu imaginación y todo va a ocurrir según tu deseo, mientras él mira a los autos, alguien pasará por él y se hace tarde, tú pones la bolsa de tus secretos en el bolsillo de la chaqueta, vas a poder hacerlo porque eres tú quien dirige la imaginación en este momento, luego le dices al hombre, te he dado algo que vale todas mis vidas, ahora dame tu paraguas, con él estamos a mano. No se va a negar, tomas para ti el paraguas y sales de tu casa con él abierto que ahora está lloviendo afuera.

Me gustan esos días cuando despierto con una predisposición para narrarme, y voy por ahí contándome cosas, camino y me hablo a mí mismo y es una sensación tan liberadora que me hace sentir satisfecho. Ahora mismo, mientas usted me escucha, sí, mientras usted está sentado en ese sillón y toma nota de lo que voy diciéndole, yo imagino, me lo digo con certeza, lo imagino en una gran casa, sentado, así como está ahora, sentado en un balcón viendo hacia la calle mientras sus hijos corren hacia afuera de la casa, jugando, por supuesto, nunca huirían de ella, ellos sabrían que usted además de dictador es un despiadado padre que los atornillaría a una silla antes de permitirles ir libres por la vida. No estoy diciendo que usted sea un dictador, se lo digo porque usted me ha preguntado qué cosas me voy contando mientras hablo solo, y bueno, para mí es claro, usted es el psiquiatra y yo una proyección de sus miedos.

Ella me dice, tengo tus palabras atravesadas en mi piel.

He caído en una suerte de espirales en que las líneas se abren, muestran una lengua de humo y sin fuego, una humareda extensa de guantes, y me ponen de sparring hasta que llego herido a la punta de la lengua, y solo se me ocurre una palabra que se queda ahí, para nunca ser expresada.

Yo no me despido para siempre, ni prometo volver o estar en donde me viste, pero me es necesario cerrar y negarme a tu espacio, así, estas son la últimas palabras que escribo con tu nombre en la punta de mi lengua, así, estas son palabra que dejo expuestas, como sin propósito, que deben llegar a tus ojos, no de manera directa, pero igual, estas son mis palabras últimas que te escribo.

Hay momentos para la magia y hay momentos para abandonarla, este es un momento para lo segundo.

Te amo, asisto a este amor del modo en que se llega a lo inevitable.

Me dice, trae tus fantasmas, yo pongo mi noche.

Tus miradas aéreas surten en mí el milagro de la placidez. Parpadeas dos te quiero y fijas en mí la textura de tus ojos, dices sin hablar, te amo, te amo ahora entre infinitos, mañana, mañana también.

Entonces, ella pone un beso en mi boca y dice, ven yo sé de qué salvarte.

Tu oído es la vía láctea de mi voz, a veces un lugar planetario, otras una estrella fugaz, siempre un lugar para viajar.

Cosas que dicen en la librería, yo estoy muy vieja para envejecer, eso que lo hagan los jóvenes.

Hoy es un buen día para creer que ‘nosotros’ es la primera persona del singular, porque tú dices “yo te amo”, yo digo “yo te amo”, así ‘nosotros’ como una sola persona sentimos lo mismo.

Salí a buscarte porque hace falta vida sin ti.

Toma la noche, llénala de ti, y llámala día. Feliz noche de ti, feliz día de ti. Te quiero.

La señora, en la silla al lado, comparte conmigo la ruta del autobus que me lleva a la oficina, ella duerme, ha extendido un fragmento de su noche sobre sus ojos y calla a la luz del día mientras el sueño la acompaña. La he observado por varios minutos, quiero y creo que sueña, no con duendes, no con hadas, ni vampiros, ni lobos, sueña con un lugar desde donde ver estrellas fugaces y pedir deseos que se cumplan, sueña con la fuente original en donde lanzar la moneda era deseo cumplido.

Le escribí un poema, uno corto, de amor, lo puse junto a su mano, dejé de verla, cuando debí bajarme, la interrumpí para salir, se despertó. On calma, me dio paso hacia el pasillo, al tiempo, miraba la hoja en su mano cuando yo salía por la puerta apenas había leído el verso primero, toda tú envuelta en mis ojos, sin desnudez posible, urgida de descanso, toda tú en mi mirada.

Cosas que la gente dice al salir del trabajo: mire, yo empecé a salir temprano de la oficina, entonces me dí cuenta de qué tenía una vida, pero estaba hecha un asco, así que mejor volví a salir tarde

A veces quiero enviarte palabras lluviosas pero tú duermes y no quiero despertarte, a veces pienso en poner en el viento una tilde sin vocal para que escojas la vocal que lleva el acento pero el viento es gramaticalmente exacto y no quiere errores ortográficos, a veces me prometo socorrer de un árbol y sus cantos para con ellos enviarte los mensajes pero el árbol es celoso y solo quiere saber de ti sin que quiera llevarte mis mensajes. A veces voy al agua, a la corriente eólica del río, ella se niega y la comprendo, me dice que arrasaría todo para poseerte.

Sospecho de algunas personas que me miran en la calle, creo vienen del futuro, alguna razón desconocida los hace venir a observar los actos simples que realizo. Tienen en sus ojos una línea paralela como si hubieran extendido demasiado su mirada sobre la línea cielo-mar desde la playa, su aroma es de aluminio, y el ruido de sus pasos es azul brumoso. Un día, la caza superará a la espera y encontrarán el movimiento que esperan, así volverán a ese tiempo que yo creo es futuro incierto.

Alguien ha puesto un reloj de péndulo en la sala, en la pared donde estaban unos cuadros, réplicas compradas en la calle de unas miniaturas de un pintor checo. No están las miniaturas, el reloj no lo he puesto yo, no me gusta su verbalidad de campana y el afán con el que mide las horas. Es pretencioso de cualquier objeto estar dando gritos cuando se cumple una vuelta al reloj por parte del minutero.

En la mesa de los discos, ¿Por qué hay una mesa con discos compactos? No los recuerdo, aunque he puesto uno, el que estaba preparado en el reproductor, buen reproductor, el sonido es bastante fiel, no sé el significado técnico de que el sonido sea fiel a la banda o al disco pero eso decía la publicidad de un tocadiscos hace mucho tiempo. La canción es de un grupo que me gusta, Morphine, ‘Cure for pain’. Historia triste, pasa eso, aunque la historia narrada es triste uno se pega de la canción sin siquiera pensar en que no la ha vivido y que no le interesa vivirla.

La nevera está demasiado llena para ser la propia, en la cocina hay demasiadas cosas, en la sala también y entonces vuelvo a tocarme y sé que sigo dormido en el sofá sin poder despertarme.

Le pregunto, ¿a quién le dejarás tu vejez? Por lo que veo es lo único que tienes. Con verdadera rabia me responde, a ti, antes de que lo notes vas a llegar aquí igual que yo y la heredarás a otros como la vas a heredar de mí.

Le preguntan, por qué vas lento hoy, parece que todo lo haces sin afán alguno, y con la calma de quien quiere mantenerse estático dice, estoy esperando a mi pasado que quiere alcanzarme, me han dicho que está buscándome por unas deudas antiguas. Un tercero que escuchaba participó diciendo, es la muerte y a ella no debes esperarla, transita a la velocidad que quieras, ella no trata de alcanzarte, ella es de citas puntuales y siempre llega a tiempo. El otro, con la misma parsimonia anterior responde, ha de ser eso, traigo una sensación de haber estado en esa cita sin que haya sido cumplida.

De gracioso no tuvo nada el sueño. Una gran canasta llena de letras, apostillada junto a una mesa. Una ventana en la altura precisa para que sentado en la silla ante la mesa pueda ver todo lo que ocurre afuera. Al lado un espejo líquido donde puedo verme entero. Hay movimiento afuera, lo observo, la ventana es un gran telescopio, lo muestra todo, puedo dirigirlo a cualquier sitio. En el espejo, en cambio, las formas son inexactas, discontinuas, veo lo que pienso, se reflejan mis emociones, todas las formas reflejadas se ven acuosas en el líquido.

Busco un papel para empezar a tomar notas, ya varias ideas dan cuenta de su su existencia, quiero escribirlas, en filas desordenadas se aprestan para ser escritas. En la mesa, un gran rollo de papel está preparado para el uso, tiro de donde parece ser el lugar para sacarlo, funciona, tomo la primera hoja, la acomodo, me sitúo en la mejor posición para empezar la escritura, busco el bolígrafo en el bolsillo de la camisa, no está, hago lo mismo en los bolsillos del pantalón, tampoco, miro a los lados, en mi morral, están los libros de lectura última, un par de hojas, el maní que mi novia me regala para que coma cuando tengo hambre en la calle, las cintas de colores con las que dejo marcas en las hojas, todo parece estar, excepto lápices o bolígrafos.

La mesa tiene cajones, abro uno y otro, hay mucho papel, diferente material, diferentes colores. Las imágenes en la ventana permanecen en movimiento, en el espejo ocurre lo mismo, las ideas aumentan, llegan con urgen ir de ser escritas. Miro la canasta de letras, están todas las del abecedario, solo. Se me ocurre una manera de poner en el papel mis ideas, empiezo a buscar en la cesta, hay palabras completas, hay letras sueltas, consonantes y vocales, hasta los signos de puntuación se encuentran. Tengo clara la idea con la cual empezar el escrito, empiezo a buscar la palabra en la cesta, no aparece, no está, la idea, la imagen o como llamo a lo que imagino es muy claro pero no encuentro la palabra correcta.

Tomo una palabra que se parece a lo que busco, la pongo en el papel, busco la siguiente en la cesta, la búsqueda es igual de lenta, las ideas siguen pasando, aun no se escabullen, las palabras están en la canasta, todas dispuestas para darles uso pero yo no las encuentro.

Hay días en que uno camina entre calles, pasa una y otra, al doblar la esquina, la casualidad ha acordado una cita, sin que uno esté enterado lo pone ante el otro de manera inevitable. Así iba, había pasado la calle, doblaba la esquina, y ella estaba sonriente, contagio repentino y sin esfuerzo en mi rostro, una mujer que me amó con devoción y culto, me saluda, la saludo, la abrazo, me alegra verla, nos juntamos para de prisa contarnos cosas, ella va de afán, hoy no hubo domicilios y debió salir de casa a comprar algunos ingredientes para el desayuno. Yo, ofrezco mi historia, ella me recuerda igual, repitiendo mis rutinas, reímos, vamos bien por la vida, nos recordamos, nos acordamos, y luego la excusa por no llamar ni enviar mensajes.

¿La calle, cuál calle? Ahí estamos, pudiendo ser esta la sala de la casa donde nunca vivimos, o el apartamento de unos amigos o el bar en el que nos hacíamos en la barra. Prometemos un encuentro, confirmamos que no hemos cambiado los números, entonces quedamos en llamar, yo a ella, ella a mí si yo no lo hago, un abrazo, otro, la sonrisa, el camino que obliga a dar la espalda y sigo hacia donde iba, ella igual toma su ruta, pasamos a nuestra vida, quizá nos recordemos un poco pero la rutina nos moverá en sentido contrario a otro encuentro.

No dijo mi nombre, ahora lo noto, nunca decía mi nombre, jamás lo dijo entero o con diminutivo, uso para nombrarme esa misma forma que usa la mujer con la que salgo.

Eres tu propio arcano, cuando las cartas del tarot caen en la mesa, eres tú quien emerge en la imagen, de modo que solo puede haber en tu futuro y tu pasado lo que tú eres.

Me pregunta, ¿Cómo estás?, respondo sin pensar, enamorado de ti, ¿de qué otra manera podría estar?

Han pasado siglos y apenas ahora tu sonrisa me nombra, tardó mucho el universo en encontrarnos

¿Por qué es tan segura su casa? No quiero se salgan los fantasmas que la habitan.

Yo no encuentro el sentido a la inmortalidad o al infinito, en cambio, la brevedad de tu boca cuando dice beso y de tus ojos cuando enumeran miradas, eso me es suficiente, esa brevedad tuya abarcando el universo.

Cuando no estás, voy acumulándome, llenando mis lugares, abriendo los espacios, ampliando los caminos, para que cuando vuelvas tengas la certeza de que soy el mismo que dejaste, el que se encuentra en viaje y vuelo permanente.

Cuando no estás, voy acumulándome, llenando mis lugares, abriendo los espacios, ampliando los caminos, para que cuando vuelvas tengas la certeza de que soy el mismo que dejaste, el que se encuentra en viaje y vuelo permanente.

Nada, nada se te ocurre para explicarlo, sientes que fuiste lanzado del sueño hacia la vida, como si esta vez hubieses sido parido sin esfuerzo, apenas empujado sin haber cruzado cuello alguno. Percibes el frío, vienes de un lugar donde todo era tibio, estabas cómodo, ahora el frío se adelanta sobre tu piel, presientes sonidos, no sabes aun el idioma, todo parece una lengua nueva. Tocas el cuerpo, te sabes extraño, estás en una piel, de algún lugar te llegan definiciones para lo físico, piel, hueso, carne, sangre, pelo, de otro para lo intocable, frío, calor, temor, pálpito.

Te levantas del sofá, vas hasta la ventana, hay una ventana que da hacia la calle, miras, todo es movimiento, nada se detiene, excepto por las torres de apartamentos que son una larga asta de habitaciones comunicándose por pasillos, por puertas de madera y ventanas de vidrio. El estómago atraviesa su existencia al momento, hambre, el estómago está vacío, cuántas horas has estado ahí durmiendo, otra palabra, dormido, estabas dormido, ahora tienes hambre, vas a la cocina, tienes una cocina, hay algo de comer, pan y queso, comes, buscas líquido, jugo de mandarina, sabe bien, calmas el hambre.

Vuelves al sofá, sabes que fuiste lanzado, quieres volver, sabes que no podrás volver ahora, han cerrado el sueño conductor, tu verdadero yo está afuera, te observa, te ha puesto acá para jugar, parte del juego es olvidar lo que sabías, olvidar que esto es un juego.

Usted que me ve tan formal y acomodado debajo del vestido de trabajo, no sabe quién soy y no le importa, eso es lo correcto, por qué habría de importarle que debajo de esa corbata con pretensión de estar bien puesta hay un deseo por la casualidad con la que se usan las camisetas y camisas sueltas. Hablo de usted porque su indiferencia me gusta, lo veo tan valiente dando pasos por el mundo sin ver a su lado a los otros, de hecho creo que solo existe su mundo, no ha visto al que le duele la displicencia con la cual su esposa lo despidió esta mañana de casa y tampoco se ha fijado en el que se siente enfermo de muerte y no quiere ir al médico porque teme le confirmen sus temores como ciertos.

Usted me habla, yo le hablo, parece que estamos de acuerdo en que este es el mundo, no sabe y no tendría por qué saberlo, además no voy a decírselo, a mí me parece que este no es el mundo real, creo que por una grieta nos lanzaron, debimos haber estado en nuestro mundo ir con descuido por algún camino y luego, alguien con una intención insana nos lanzó acá, sí, acá, a este espacio y momento en que parece que estamos construyendo un mundo, el futuro, hasta bonita es la palabra, futuro, pero no existe, es una grieta apenas de la realidad, de la verdadera realidad de la que somos y vinimos.

Usted no se da cuenta que ha sido expulsado, que está aferrado a la inexistencia, no imagina salidas posibles porque supone a esta como la única realidad, en cambio yo que me pongo de su lado y converso en el mismo tono, en la misma frecuencia, que parezco estar de acuerdo en todo, yo sé que esta no es la realidad e imagino un escape un lugar de fuga, así cada noche, cada rato, cada instante estoy observando cuando algo me permita filtrarme, dar el paso y volver a la realidad en la que existo.

Usted no sabe, y es lógico no saberlo, alguien me busca, alguien que fuera de esta grieta me ama, y su voz, a veces, la escucho como un susurro, la escucho entre la música, en el ruido de las calles, afuera y adentro de los sitios que habito, y uso esta palabra “habito” porque solo se me ocurre esta. Ahora mismo, sin que usted y yo sepamos cómo, y usted es el que menos debe saberlo, ahora mismo una mujer dice mi nombre y acá se escucha como un eco, es por eso que me despido de usted, yo tan cortés, usted tan bien puesto, yo voy a la ventana para deleitarme con ese pequeño sonido que me trae la certeza del amor de quien me busca, y usted va a continuar creyendo que está construyendo el mundo para que el futuro exista.

Escribo la palabra amar y me parece incompleta. Aunque están todas las letras que la componen y en el orden correcto, faltan las letras de tu nombre, sin ellas es una palabra sin significado.

Hay mujeres demasiado quirúrgicas, cubiertas de nada para evitar contagio, desinfectadas para no darse, otras en cambio sucias como el abandono, dispuestas a la infección humana, se exponen y nos abren llagas para propagarse en uno.

La noche me dice, estás tocando en el día equivocado, cambia de calendario, así tendrás uno en el cual marcar una fecha con un horario para ti.

Si me ves “a bordo de unos ojos de mujer” sabrás que soy feliz sabiendo que existo en el recuerdo de ella.

No lloran, caen en llanto, delatan de si una guerra que han perdido, y caen heridos de lágrimas. ¿A quién le importa? A mí tampoco, pero me acerco y me asomo para verlos, para darles mi mirada, sí, esta mirada sin compasión, la que está cortada por el ego de la sociedad que desplaza al que se olvida del sistema y se va, se va lejos de esta locura que llamamos sociedad.

Ella se lanza a mis ojos, sin proponérselo extiende su cuerpo cálido a mi lento parpadeo, y yo la miro, dos gotas de cabello le desnudan la cara, una caricia antigua la sacude con un viento del sur que yo imagino tardíamente cayendo en sus rodillas. A mi lado, acá junto, donde duele el alma de los solitarios, acá junto está sentada. Parece extraviada del día, de los calendarios y las horas, abarca con una mirada cónica las manos, yo la sigo, sin poder saber en qué piensa, a qué lugar de su ciudad interna se fuga mientras deja que los dedos cuenten, uno, dos, hasta diez, hasta que mueve la cabeza y me descubre, yo tomo de su timidez un sonrojo, me pongo de ese color y dejo de verla, avergonzado, me paso a su ciudad y me quedo ahí callado hasta cuando la estación enumerada es la suya, se baja y no volvemos a vernos, nos quedamos en un recuerdo pasajero.

Esta frustración propia de quienes hemos envejecido, que nos hace comprender que solo podremos deshacernos de este hastío cuando seamos cadáver, esta frustración que viene contigo.

Rentaremos una noche en un día de mala muerte y haremos una habitación para darnos la tierra que somos los dos, pediremos tequila para después porque beberé mezcal de tu boca y el tequila, me olvidaré del tequila después de tu ombligo reposado.

Hay días en los cuales estás tan enojado que estás dispuesto a pelear aunque sabes que puedes perder.

Yo sé de una amiga que pone sus puños en alto cuando sabe de injusticias, y levanta los brazos para defender y defenderse de los que abusan de la empatía de los otros. Yo sé de una amiga que un día viajó más de 700 kilómetros por dos besos y plantó su cabello húmedo frente al espejo, fue y me vio para besarme apenas un instante. Yo sé de una mujer con fusiles en su pensamiento y la quiero como a mí mismo, si no es que más porque mí mismo la sigue a ella.

Mi amiga les dice, bienvenido a su vida, esto es lo que merecen y los deja solos ante la luna, la luna no les hará nada, solos ante la luz blanca los congelará su miedo por lo que no comprenden.

Hay días en que nuestra única virtud es ganarnos la buena voluntad de los demás.

Desde la madrugada de mi corazón, desde ese primer latido que amanece conmigo, desde ahí he estado queriéndote, hoy con más intensidad que siempre, hoy te quiero más y voy a buscarte en el día hasta que pueda estar contigo.

Hay quienes solo se despiertan para envejecer un día más, y la muerte, la muerte los olvida porque le da hastío verlos, se sofoca al verlos secos de deseos, y los olvida, prefiere olvidarlos.

Yo me despierto y la imagen de tu rostro me llega como la luz de la luna llenando mi cuarto, te pienso, para ser exactos, te siento, y quiero llamar para decirte alguna ternura, por ejemplo, podría ser, ven, acércate, se un poco más cercana, júntate a mi lado, siente que te quiero, ven quiéreme un poco más, así, de a poco hasta que te enamores de mí como yo de ti, y luego quieras quedarte, y te quedes a mí lado, no sé si para siempre, es tan poquito para siempre.

Un susurro ovula tu nombre en mis palabras, digo pan y con voz inaudible, el susurro menciona tu nombre, pan de ti, mesa de panes con tu boca. Digo café, y una corriente callada dice ríos y lagos en tu piel. Un susurro, ese que escuchas cuando en el abrazo me despido, detrás de tu cabello digo, te quiero, quédate conmigo, no te vayas, ven a mí con tus fugas.

Te necesito, es tan bonito saber que soy libre y poder decir te necesito, sí, desde mi libertad te necesito, porque es más bella la vida con sed de tus horas, hambriento de tus palabras, es tan bonito comprender que mi medida de la belleza comienza en tus ojos, y puedo decir, te necesito para conjugar todas las alegrías posibles, sin que necesitarte sea una necesidad dolorosa, te necesito porque se me antojo que la vida es más bella contigo.

Entonces empiezo a pensar en el infinito cuando miro en tus ojos y sé que el universo se expande en tu mirada.

Estoy contento, feliz de ser una pregunta en tu boca y un pensamiento tardío en noche de desvelo, me entusiasma tu ruego a la noche cuando deseas felicidad para mí, me asombro, un asombro alegre, al comprender que me buscas en tus horas, y te sientes satisfecha en alguna hora del día porque has hablado conmigo. Estoy contento de esta conexión que me lleva a tu sonrisa con la que después de nombrarme queda tu rostro.

Me gustas despacito, yo sé que el amor no va rápido o despacio, pero quiero decirlo así, me gustas despacito, como un café sorbo a sorbo, como el vino copa tras copa. Me gustas despacito, así entrando en tus ojos como quien camina sobre el agua, despacito entre tus besos, así me gustas despacito y así mismo te quiero y así me voy cubriendo despacio de enamoramiento.

Quiero quedarme en tu noche y clavarte una luna llena en el corazón

De todo lo que me pidas, el doble te daré. No me pidas olvido, distancia o desamor.

Esta mañana te encontré en mi silencio, me quedé lleno de ti.

Entonces, sin que ella lo supiera, empecé a romper la memoria, me fui acomodando entre telarañas, dejé de escribirle, abandoné sus llamadas, no respondí a sus juegos, me fui enquistando en mi propio desvarío hasta dejarla fuera de mí, luego, cubierto de nada escuché las canciones que me gustan, volví a saber que no hay cura para el olvido, que la noche y el día no se detienen, y así, así me fui quedando solo entre murallas invisibles para olvidarla.

Yo tengo dos corazones, uno de sufrir y otro de gozar, contigo me tocó el primero y el segundo desapareció.

Yo soy la búsqueda y tú el encuentro, te quieres estática, me quieres en movimiento siguiéndote. Yo seré el que se marcha

Estas letras necesitaban un desamor y tú llegaste a tiempo.

Vendo una tristeza y nadie la compra, la oferta de tristezas supera la demanda, es un producto demasiado común y empieza a devaluarse. Pinche ley de la oferta y la demanda, ahora no sé qué hacer con ella. Pensé en donarla, y la rechazaron, quise dejarla tirada en un parque y me la devolvieron

Perdone usted que yo meta mi mirada en sus ojos, es que dejé en ellos mis poemas, y me siento como exiliado de mí mismo, y aunque amo mi exilio no puedo vivir en él sin mi poesía.

Perdone usted que la lluvia caiga vigorosa y parezca incansable, yo la pedí, pedí lluvia este día para lavar la luz de la luna que dejó mi piel llena de escarcha.

Perdone usted que la mire con tanta insistencia, está mi cabeza llena de fieras voraces, y cada una desde su propia fuga te desea con ansia.

Perdone usted que escuche mi música interna, las ventanas de mi alma quedaron abiertas sin que pueda cerrarlas, esa es una música antigua, la he llevado siempre.

Perdone usted que la siga, me he prendido de su sombra, me es necesaria y quiero atar la mía a ella.

Perdone usted que la mire pero en sus miradas fugaces la eternidad me detiene.

Perdone usted mi silencio, yo creo en el milagro de la indiferencia.

Perdone usted la metralla, es que no creo en las flechas de cupido.

Perdone usted que vuelva a mirarla, estoy ocupado en salvarme y se me antoja aferrarme a su voz visual, esa por la que desciende la noche.

Perdone usted, no se preocupe, yo ya estaba averiado.

Perdone usted, el cardiólogo insiste en que estoy sano, pero un iceberg crece entre sístole y diástole sin que pueda quebrarlo.

Perdone usted, siento miedo y cuando eso pasa me pongo de mi lado para protegerme.

Iba a escribir «Te quiero» pero esta noche prefiero escribir «Te oculto, igual que tú conmigo, te oculto»

El vecino insistió en que resolviéramos el incidente a golpes. Él más grande que yo, yo más delgado y frágil, le dije, usted está en ventaja, es más fuerte, yo no pelearé, además, no me parece correcto, esto no se resuelve con puños. Vea, usted me golpeará, es seguro que me dejará una herida en el rostro, y muy maltratado el cuerpo, después, usted se sentirá mejor, reconfortado por haberse vengado, yo en cambio no podré ir a trabajar mañana porque tendré el rostro muy golpeado, en cambio usted se irá a trabajar como todos los días, y su esposa nuevamente pasará a mi apartamento, esta vez con la disculpa de cuidarme, y con esa excusa va a quedarse todo el día conmigo.

La vecina viene a mi balcón, le gusta fumar y en su apartamento no lo permiten. La conocí en el pasillo, estaba con un cigarrillo entre los dedos, se excusó, yo le dije, no hay lío, todo está bien. Conversamos un poco, después, cuando abandonó el humo de su cigarrillo le dije, cuando quieras pasa y fumas en mi balcón. Esa tarde vino, me pidió dejarla sola, me quedé en la ventana en la otra pared, la que da al interior del conjunto, la escuché llorar, luego me dijo, no me hagas caso, ven, conversemos, por alguna razón tomó ceniza y la revolvió con sus lágrimas, me dijo, un poco de locura no sobra, pero hay días en que la cordura pesa mucho más que los días de locos.

La vecina me dice, desde que tengo la llave de tu apartamento vengo a tu balcón cuando llueve, me gusta hablarle a la lluvia, me gusta escucharla, a veces me desnudo para ella, por eso es que encuentras tus sábanas en el sofá de la sala, me seco con ellas, no me gusta el color de tus toallas. El otro día, la lluvia trajo para mí historias de elefantes y de focas, era una lluvia infantil a la que le gustaban los juegos, cantó alegremente, se quedó inmóvil por instantes mientras desde el otro edificio unos adolescentes me veían desnuda. La vecina me abraza, me concede abrazos como si fueran orgasmos, le gusta provocarme, lo logra, yo le sonrío y me quedo callado escuchándola, me gusta escuchar como su voz habla igual que la lluvia, y en ella se filtra el canto de un árbol que se abre completo a las gotas entre la borrasca.

A la vecina le gusta acariciarme los pies, sabe que algunas noches los pongo en agua caliente, ella parece presentirlo y pasa un rato, masajea la planta del pie y los dedos, suele decirme que tengo dedos invisibles, tanto en los pies como en las manos. Ella tiene historias para todo, me dice, desciendes de hombres del tiempo futuro, te trajeron acá para que alguien te encuentre, alguien que está adelante en el futuro próximo. Mira, yo sé que algunas veces sientes a las personas observarte, o piensas que una mujer parece saberlo todo de ti, por ejemplo, la mujer con la que vas a almorzar algunos días, con la que compartes tu gusto literario, ella vino del tiempo de adelante porque su memoria se perdió y está aquí para recobrar esa memoria. Ella es una mujer más joven, claro, joven en este tiempo, sabe que la amarás, que la amas en otra mujer, cuando te escucha, cuando le hablas, ella quiere saberlo todo de ti con ella, pero tú se lo ocultas, y no deberías hacerlo porque ella vino a recuperar su memoria.

Le gusta inventar historias, mi vecina a veces lee las líneas de mi mano, o las ojeras de mi rostro, o el humo de su cigarrillo en el vidrio de la ventana, a ella le gustan los juegos, algunos me dan miedo, como ese de la mujer del futuro que viene a recuperar su memoria conmigo.

La vecina me pregunta por el moretón en mi ojo, le cuento, se ríe, vuelve a reírse, no puede creer que su esposo me haya golpeado, pone sus manos en mi rostro, me besa, dice, te beso para sanarte, siento desvanecerse el dolor, confía en mí, eso dice, ya no tienes el moretón, esta noche me desquitaré de él, entonces le digo que es mejor dejar las cosas tranquilas, ella responde, no, él no me ama, él no me busca, él no me entiende, él no me cree, tú sí lo haces, no permitiré que vuelva a golpearte.

Ella, la vecina, cambia de tema, me pregunta cuál es el cuento de Cortázar que más me gusta, entonces le digo “las manos que crecen”, ríe y dice, ya está, así pasará.

Yo le dije, no uses la palabra, no te atrevas a clavarte en el alma una palabra con la esperanza de obtener suicidios instantáneos, la palabra, las letras, las consonantes, las vocales, son receta de suicidios lentos.

Ella dice, te vendo mi noche. Yo le digo, te vendo en mi noche. Y luego dejamos de entendernos cuando el juego lo hicimos en inglés.

Entonces le pusimos el nombre exacto a las cosas, comprendimos y entendimos que uno de los dos no había leído diccionarios o había asistido a explicaciones, necesarias siempre para el entendimiento. Fue así como empezó el abandono, ella aire, viento ágil, se fue con sus aves y sus nubes, él miro a la tierra y calló sus gritos ante las aves que caían sobre sus ramas de árbol quieto. Cosas que pasan para el entendimiento.

Los muebles de la casa le dicen, no vuelvas, ni pronto, ni tarde, nadie te espera, tu intimidad está llena de heridas, tu noche cae bajo la nube, antes que la voz nocturna diga noche y las estrellas bailen ante los ojos. No vengas, si has de venir vete pronto. Se cumple lo prometido en esta casa, se cumple y se cumplen bien las promesas, ahora, apenas te vayas y ninguna obligación exista para que vuelvas, apenas te vayas, la puerta se cierra, no a ti, no a tu cuerpo, esa puerta por la que entraste a mi alma, esa está cerrada desde antes. Sabes, no lo imaginas, no te importa. En cambio, a mí me tocan la imaginación, a mí me toca esto que me importa, pero hace un buen número de nubes que espero te marches, te vayas como las campanas que mueren en el río que se ha tragado la tarde.

El árbol le dice a la cometa, desde ahora podemos dar por saldada la cuenta, tú sigue, yo me quedo, tú ve, yo no podré verte en la distancia.

Hay ocasiones en que uno mira la noche, descubre una verdad, y uno se resiente, descubre que toda imaginación anterior es una mentira, entonces, digo entonces porque no tengo otra manera de empezar, entonces uno se traga la tristeza y deja que los otros sigan mientras uno recompone los pasos, como el barco de velas después de la tormenta. Que tormenta.

A partir de ayer eres otra, que bonita eras, que lindo saber de ti hace tantas horas como pasó la noche en que quise poner mi corazón en las líneas de tus manos. A partir de ayer, que bonita eras, ahora, ahora, no sé quién eres, y pues así, así uno se va olvidando de la gente, sí, de gente como tú, linda antes, pero ahora, ahora no sé, ni siquiera llegas al olvido.

Ella dice te amo, y los fantasmas se van de mí, ella dice mi nombre, y toda pregunta pendiente es respondida. Ella dice quédate otro rato, y hoy llego tarde a la oficina.

Mi amigo pregunta por qué cojeo del lado izquierdo, entonces le digo, es que el corazón me pesa mucho hoy.

Yo le dije, en el español ninguna palabra lleva dos tildes, ella me responde, en mi blusa sí.

Mi vecina, la enfermera, me cuenta que a su compañera de turno la sancionaron durante dos semanas sin remuneración alguna, parece que por las noches, a los pacientes cercanos a estado de coma, les ponía audífonos, y el audio que se oía en ellos eran los sonidos de películas de porno, algunos cuerpos reaccionaban, y ella como una experta Irina Palm los reconfortaba.

Hay quienes viajan al fondo de su corazón y surgen de si mismos hechos grandes hombres. Hay quienes viajan al fondo de su corazón y se pierden en una locura sin freno. Hay quienes no saben en dónde está su corazón y viajan afuera, a la nada.

Que bonita la luna, esperó a la madrugada para que yo desde la ventana pudiera verla entera.

Gracias porque incluso el acto de olvidarme lo hiciste por amor.

Gracias porque, sin sonrojarte, cometes por mí actos de profunda ternura.

Ella me dice, alineados en mi espalda, los lunares son mi vía planetaria, sé tú la ruta secreta que en ellos da cuenta del camino al desvarío de mi cuerpo.

Me pregunta por qué escribo, y le digo, para dar al otro del amor que siento, para revelar en otros el mismo sentimiento, para desconectar el tiempo y sembrar infinitos cada instante contigo.

Con el tiempo comprendes que la mayor distancia es el silencio, descubres que te obsequiaron una fortuna cuando te ofrecieron la palabra, entiendes que aún sin movimiento el oído que te escucha danza en sintonía exacta con tus sentimientos.

Con el tiempo sabes que te abandonaron cuando dejaron de escucharte y no cuando se fueron, cuando dejaron de buscarte aunque notaban tu ausencia, cuando firmaron tu inapetencia con una nota de tristeza.

Con el tiempo has olvidado todo, no hay importancia en aquello que no se recuerda, sin embargo, sin que lo notes o lo sepas, estás desconectado, roto, agrietado, sin poder encontrar la voz la palabra y el oído que te obsequiaron y no recibiste.

Cosas que uno escucha en el bar, un día se acabó el mundo, pero tú volviste y todo volvió a estar bien.

Cosas que se escuchan en el bar, tan bonita mi mamá, le hablé de ti y sin conocerte puso toda su fe en tu corazón.

Cosas que me ponen feliz, ver tu nombre en lo alto de una pared y pensar que lo pusieron ahí por amor, por la misma que yo lo haría

Amor, de ti amo dos mujeres, la que en la noche descansa a mi lado, la que en el día me mantiene soñando.

Le digo a mi amiga, quiero que te quedes en mi casa y en la mañana siguiente me digas, hagamos juntos el desayuno, entonces ella me dice, primero tienes que comprar comida para prepararlo, luego vemos, pero primero compra las cosas para prepararlo.

Hoy es el día mundial sin ti, y solo lo noto yo porque me faltas.

Le digo, te ves muy feliz en este momento, ¿qué te hace tan feliz? Ella me responde, es que clavé tu nombre en mi memoria.

El cansancio de la noche lo marcan sus ojeras, le pedí una canción, cedió su voz a la música que quise escuchar, pasó a mi mesa, se bebió mi tequila y pidió otra copa, ofrecí más, me dijo, traigo todo mi equipaje en mi morral, cantaré en tu mañana, me hace falta un lugar, me trago la sonrisa, explota en mi rostro, si vas voy a tener que expandir todos los espacios de mi corazón y eso me asusta, ella, con medio tequila en la copa responde, eres el primero que corre ese riesgo por mí, le digo, vale te espero para ir, ya tienes un lugar para dormir. El cansancio lo quiebra la esperanza, sonríe, canta, baila, luego viene a mi mesa otra vez y me confiesa que la guitarra es suya y también la debo recibir.

El novio de la muchacha del bar viene a mi mesa, me pregunta alguna cosa para abrir la charla, luego empieza, soy el único que la besa y le acaricia la piel, es a mi a quien busca con sus brazos, mis llamadas son su esperanza diaria, es en mí donde apuesta su futuro. Dice otras cosas, dolorosas para mí, de gusto y éxtasis en él. Lo felicito, le digo que me alegro por él, una furiosa frustración me apuñala, entonces, sin que yo lo espere empieza su derrota, ¿puede usted dejar de escribirle versos para que ella los lea, no expresarle sentimientos que ella interpreta con cariño y decirle palabras que ella espera con vocación le sean propias, puede usted alejarse y no tocarle el alma con sus letras? Le digo, yo no hago eso, usted me está hablando de lo que ella siente, yo solo soy una corriente marina que no puede fugarse de su océano. Me golpea con el puño encendido, acepto el golpe, me retiro, vuelvo y escribo esto para hincharme de venganza.

Ella dice, no importa el ancho de tu cama, me interesa el ancho de tu pecho, no quiero saber lo largo de tus sábanas, me afana entrar a lo amplio de tu alma.

Mis amigos del bar pusieron un cartel en el que dice, solo se aceptan aquellos a quienes de sus emociones les haya sido mutilada la esperanza. Entramos todos, cupimos todos.

Yo pongo cara de silencio ártico, la sinceridad acude a ella, me dice, te quiero, tu amistad es lo mejor que me ha pasado, cuenta conmigo ahora y siempre. Habían sucedido siete tequilas, y como ella fui sincero, voy a pedir la cuenta, es momento de irnos, no hace falta tu voz ni tu amistad sincera, yo quiero tu sexo, sin amistades higiénicas, yo quiero tu cuerpo sin relaciones esterilizadas. Me puso el líquido de su copa en la cara, le puse mi cara de palo y nos abandonamos, ella herida en su furia y yo con otro monstruo fantasma para calmar en mis noches de nada.

El novio de la muchacha se levanta, hay lugar para la pelea, me expresa su enojo con golpe de pie en mi pierna, su patada me alcanza, no hay opción para fugas, lanza su puño y me arde en el rostro como si fuera un pueblo levantado en armas, caigo, varias golpes de sus zapatos me llegan, no acepto mi defensa, le digo, prepárate para mi muerte, si tu furia es tan fuerte debe llegar hasta mi desaparición, si no, mañana estaré clavando mis versos en ella hasta que el éxtasis la lleve en volcanes de luna.

Quédate, hay lugar en mi armario para tu ropa, hay espacio en mi cama para el descanso mutuo, caben tu nombre y el mío en la puerta, de mi nevera cedo mi lugar sin lechuga para tu fruta, quédate, hay mañana y después de mañana para vivirnos los dos.

Te quiero, y quiero que estés conmigo para compartir tanto el paraguas como la lluvia

La fila estaba llena, no había lugares asignados o numerados, tampoco sillas individuales, en una misma hilera, unos junto a otros, así estábamos, de pronto la señora empezó a caminar frente a todos buscando un lugar para sentarse, lo encontró a mi lado, se acomodó aunque no parecía caber, quise darle espacio, me moví hacia el lado opuesto al que ella quería, empezó a meterse entre mi vecino de lugar y yo, lo logró, aunque empecé a pensar que habían invadido mi espacio vital, así estuvimos durante una hora, el evento al que asistía seguía su curso, sin emociones como para dormirse, de pronto fue inevitable que la mujer se acercara demasiado, cuando quise moverme el cuerpo se había pegado al mío como un parásito, después se fue metiendo en mi piel hasta quedar dentro de mi cuerpo.

Una nube de sueño pareció engrosarse en mis ojos, desperté como si hubiese dormido apenas una gota de tiempo, a mi lado la misma persona que se había hecho ahí desde el comienzo, la presentación continuó otra media hora, luego salí a comprar algo de comer, unos dulces en la tienda, caminé con ellos en la mano mientras iba hacia la estación de autobuses. Varias cosas de las vitrinas me llamaron la atención, nunca las había visto aunque paso por esos lugares constantemente. Percibí más sonidos, observé más colores, comprendí más voces y de manera singular tuve una conversación con una joven en el auto bus, reí de asuntos sin gracia, hice comentarios de una simpleza y sinceridad extrema.

En casa pasé por la cocina y encontré que tenía hambre, preparé varias cosas, las puse en platos diferentes según su sabor, en la mesa comí sentado, bebí agua con sal, una apetencia insatisfecha por la sal me apareció en el gusto, sal en las verduras, sal con las frutas, sal con el agua, sal con la sal. Tuve mucha sed, indudablemente por la sal, volví a la cocina y fui bebiendo agua del grifo durante una hora, me hincharía como un globo si seguía ahí.

El baño fue mi siguiente lugar de estancia, oriné de pie hasta que tuve que sentarme, un dolor empezó a irritarme, sentí que orinaba hasta la sal, al final expulsé granos que me hicieron botarme al piso, el dolor me dobló como si fuese una tela, con las manos me sostenía el estómago y las piernas, daba vueltas con las manos en el vientre, entonces empecé a presentir un dolor en el brazo, mi cuerpo se extendía, una mujer, apareció de dentro, luego, cuando estuvo completamente afuera se levantó y como los orines se fue por el inodoro.

Hay días en que despierto sin golondrinas en la cabeza, y observo mis pensamientos con distancia, entonces tú no giras en mi horizonte, ni siquiera traigo tus memorias a mí, y comprendo que te busco para fugarme de la cordialidad con mi sensatez. Hoy no te haré aparecer en mí, te veré en mí en otro momento de descordura fugaz.

Es lo que hago, no lo que espero, así es, es la búsqueda, no lo que busco, lo digo para entenderme, hago esto porque soy de ese modo, no espero te enamores de mí por eso, te busco porque me gusta tu belleza, porque amo la belleza, no para que mi admiración por ti signifique esté buscando te enamores de mí.

Hoy las palabras no hablan del sol pero sí de su luz, una manera vendada de mencionarlo, de este modo lo hago contigo, hablo de amor y belleza, no te menciono pero es a ti quien me refiero.

Su pareja se dobló sexual sobre su ingle, con desparpajo se apretaron en el orgasmo, plácidos y satisfechos dieron paso a la calma, él siguió urgente acariciando sus senos, ella lo apretó un poco hacia sí para calmarlo, lo abrazó y otra vez una luz oscura la sustrajo del lugar, alejada del sentimiento y la exultación que le produjo el gozo sexual, volvió a mí, al espacio de mis ojos cuando la miran entera y sabe que en ella yo veo todo el universo, se quedó con el calor repentino ante mis palabras y sus guerras contra la memoria, sintió que le querían hurgar entre las piernas, pidió descanso, y su pareja se quedó dormida mientras ella daba vuelta para encontrarme dentro de su pecho, en un lugar al que me había llevado, ahí donde todo era posible conmigo, se hartó del orgasmo recién parido, cayó en recuerdos, en la imagen del café, y la lectura, en mis manos obsequiando a las suyas la palma abierta.

Se tragó un enojo, volvió a verme, se acercó, puso todas sus aproximaciones para entrar a mi mundo, miro a su pareja, se dijo para si misma, lo amo, cerró los ojos, no quiso dormir, entró al lugar donde me lleva, se quedó pensando en mi vaga presencia por su cuerpo, se levantó al baño para lavarse, pensó en heridas, vio una muralla entre su mundo real y el que quiere, apretó los dientes ante su pareja en la cama, volvió, escogió el lugar junto a él, puso entre largas consonantes y vocales mi nombre, se olvidó del orgasmo con el hombre a su lado, trasladó a su memoria mi palabra, me nombró, se prometió silencio, buscó en su teléfono los correos que desde mi buzón son enviados al suyo, leyó, encontró mensajes, volvió a detenerse y sentir que era parte de un amor superior, de una voz que la registraba como era ella, se clavó mi nombre en la boca y me cedió su sueño hasta que al siguiente día su pareja la despertó con los dientes en sus senos.

Mi deseo te ha convertido en fantasma, más que mi fantasía eres un fantasma que huello dentro para espantarme, para darme miedo y asustarme. Eres, de presencia real, con pesos y medidas, colores y formas, pensamientos y sentimientos, puedo identificarte, saber quién eres, estás afuera, con la misma exactitud con la que fuera de mí está una imagen religiosa en la que no creo, y dentro de mí te he convertido en un fantasma, ya lo dije, una imagen retocada por un imaginario de ti que no existe, así fantasmal, vas saliendo, hoy con el afán con que ocurren los partos en las clínicas de abortos clandestinos. Aquí vamos charlando, yo en lo íntimo con el fantasma que he hecho de ti, afuera, contigo, y nos vamos alejando, yo en pos de mí mismo, hacía las ubres de donde he de alimentar mis duelos, tú hacia donde estás, al lugar de donde eres.

Ella recuerda que su pareja le ha dicho, dame una piedra y te daré un castillo; que bonito y generoso conmigo, piensa. Luego se detiene ante el espejo y sabe, con la exactitud del ciego ante la forma del aire en su boca, que yo he tomado su voz, construido una palabra, arado en el bosque de la palabra y le he concedido mi mundo, luego, pasa su mano por la boca y se siente repetida en toda palabra que he pronunciado, exaltada y erigida en una narración en la que ella es ella, donde se siente sinceramente vivida, eso, piensa en que yo solo le he concedido aquello en donde ella puede sentirse viva. Su pareja cumple la promesa de una llamada, el móvil suena, contesta sonrojada, se siente sorprendida de una infidelidad verbal y narrativa, lo saluda, y sin quererlo introduce en el saludo la palabra con la que me nombra en secreto.

Cosas por las que vale la pena vivir, estoy en la entrada de una clínica, una mujer al lado sonríe como si de ello dependiera la existencia del mundo, le digo a la mujer, si sigue sonriendo voy a besarla, ella, antes de que yo siga, lo hace, me da un beso pleno en la boca. Lo mejor de esto es que no salió de una urgencia poética, es cierto y se quedará en mi memoria siempre.

Algunos creen que todo uso personal de la libertad es subversivo.

Algunos pasan por muchas tonterías antes de llegar a una seriedad inocuoa.

A veces es necesario concertar con el azar para permitirse el destino

Ella me besa, y luego dice, esto es una obra única, está prohibida su reproducción parcial o total de la misma, excepto conmigo, por supuesto.

Contigo soy adicto a la esperanza

De repente el ocaso lo envuelve todo en un parpadeo mínimo, una corriente marina cierra el océano, la nubes se nombran a si mismas y convertidas en cortinas oscuras dejan la tarde a punto de noche, así, de repente una pregunta sin respuesta, una palabra sin enunciado apropiado, una mirada esquiva opacan el día, así, con un poco de suerte, dejar pasar el parpadeo permite una perspectiva distinta, y en la siguiente mirada todo vuelve a ser lo mismo aunque dentro algo ha empezado a quebrarse.

Ella me dijo, promete que afeitarás mis piernas en la adulta vejez de los olvidados, dame tu palabra de que me levantarás de la cama para ver la luz cayendo tras la ventana, promete, por favor hazme una promesa, solo una para quedarme contigo. Entonces, yo le dije, prometo renovar cada día una promesa contigo, para empezar, mañana dejaré un beso en el viento para que te que escuches mi olvido. No volvimos a vernos.

Cosas que uno escucha en el bar, oye, son muchos, ya no hay espacio para los condenados, por favor, sálvalos, ya no caben tantos en el infierno.

Ella dice, yo soy tu noche, no puedes ser mi sol porque si lo eres me apagas. Yo soy tu día, no puedes ser el canto oscuro del cielo porque me niegas. Sé tú, pero lo que seas, debe ser algo que no me niegue.

De mañana, en la mañana, mis dedos son peces en tu ingle.

Sin ánimo y sinónimo, tan parecidas palabras y tan diferentes. Así estamos tú y yo.

Yo le dije, no estás muerto ahora, estabas muerto desde antes, en este instante haces parte de la tierra, no de la tierra frutal de los árboles, eres roca insana que no da frutos ni sostiene arcos, bueno seamos exactos, eres arena, antes, en cambio, eras parte de los llamados a tomar el mundo, pero no, tú estabas demasiado ocupado en verte el ombligo y creer que el mundo debería cambiar para que tú pudieras ser tú mismo.

Ella me dijo, yo no quiero nubes, quiero lluvia. Fue cuando decidí dejarla.

Pasa que te amo, ahora, solo ahora cuando tú no estás, mañana será diferente, sería lindo si estuvieras hoy.

Vea que bonito esto, tú tienes novio, yo tengo novia, y solo estamos los dos.

Ella dice la palabra dulcecito y de inmediato abro la boca para morder sus lugares amargos donde ella nunca es esquiva con mi boca.

Hola. Sí, es a ti a quien saludo. Claro, parto de la absurda idea de que lees esto. Podría buscarte para saludarte y decir esto de manera directa. Hoy no me ha dado la gana salir de casa, por eso lo hago desde este espacio. Empiezo otra vez. Hola, quiero sepas aposté por ti, y perdí, ahora estoy rebuscando en mi pupila miradas misericordiosas para pagar este olvido. Eso, ya sé, no vendrás a leer porque tú olvido es cenital, ese es otro motivo por el cual pongo acá este mensaje. No, no hace falta que lo leas, cierto es que olvidé el propósito del mensaje. Sí, dejemos esto así, sin aparcamientos, exacto, sin que se apareen tu olvido y mi anhelo.

Si el muchacho en el parqueadero sigue besando y acariciando a su novia de ese modo va a quitarle las pecas que sobresalen en su piel. Llamo a la portería, digo que hay unos muchachos a punto de pelearse, desde la ventana espero a que lleguen los de vigilancia, lo hacen rápido, el muchacho abandona los besos, la muchacha le habla, el vigilante les pregunta algo que no puedo escuchar, los muchachos le reclaman, yo sigo observándolos hasta cuando veo salir a la vecina, la madre del muchacho, le gusta la pelea, empieza a discutir, el vigilante dice la verdad, muestra la ventana del apartamento, está oscuro, ella grita algo, yo me quedo estático, la señora decide subir, mientras ella sube, salgo del apartamento, me alejo a una distancia desde donde puedo verla, cuando ella está timbrando llego, la saludo, me reclama, le digo que acabo de llegar, no comprendo, me explica, le explico, estoy llegando apenas, no pude ser yo, se lo he dicho muchas veces, vivo solo, si quiere puede seguir a confirmarlo.

La vecina pasa al apartamento, lleva café para los dos, yo pongo las tazas, no hace falta azúcar, nos sentamos en el sofá, después de un rato me dice, la mayor parte del todo es la nada, y cuanto vacío me deja, ves, uno se va muriendo cada instante, mírame ahora, he muerto para la noche que anoche me paria silenciosa, esta es otra noche y mañana se va a morir.

La vecina termina su café y me pregunta, ¿la amabas?, sin saber a quién se refiere respondo sí. Nos quedamos mirándonos un rato, le pregunto, ¿a quién te referías?, me dice, no sé, pregunté para iniciar una nueva conversación, y yo le digo, respondí que sí pero la verdad no sé a quién.

La vecina no comprende aún cómo leo las líneas de su mano, cuando empiezo a leerle lo que dicen, ella empieza a ver que las estiro como hilos y voy recorriendo palabra tras palabra hasta que la voz para la noche le es revelada, a veces reclama haciéndome saber que le duele y yo le respondo, no, el hilo de las manos está lleno de infinitos y no se rompe.

La vecina me pregunta, ¿qué estás pensando? Y le respondo, en el aroma del café entre tus piernas, ella pone rostro de sorpresa, entiendo que quiere amplíe mi respuesta, y con un poco de bochorno en el rostro le digo, sí, caliente y tibio un instante, lleno de aroma en ese mismo momento y capaz de robarme el sueño, íntimo y dispuesto para darse en lo íntimo. Se despide enojada. Un rato después llama y me dice, y deja de escribir en Internet todo lo que hacemos, ahora me han llamado un par de amigos a tomar café a su casa.

El teléfono suena, es la vecina, no está enojada, se ríe de Lo que le han dicho sus amigos, ahora está invitada a tomar café en muchas casas de solteros, se pone seria, quiere saber a quien le dejaré mi fortuna, río un poco, ella lo nota, me dice en serio que quiere saber qué le dejaré si muero, le respondo igual de serio, lo dejaré todo, todo el tiempo, toma el que quieras. Cuelga el teléfono, unos minutos después toca en la puerta, le digo, te dejaré todos los libros cuyo título empiecen por la letra de tu nombre.

La vecina me dice, ¿De verdad, en quien pensabas cuando dijiste la amo? Y se me nota en la sonrisa, entonces me da un abrazo y me confiesa, yo también quiero que ella te ame igual.

Una mujer se fatiga en mis ojos, en ellos encuentra una dulzura que espera caiga a su alma, le gusta su fatiga, se extiende en ella y sin importarle la verdad de lo que soy se queda en esa extensión con la que me mide sin importar la diferencia existente entre realidad e imaginación. Lee con ansia, hunde sus ojos en mis letras, me supone y se equivoca, me lleva dentro y soy otro dentro de su pecho. Ella, ha cubierto su sexualidad con mis palabras, las espera eróticas con su nombre en la punta de las tildes.

Con las mujeres me pasa como con las novelas, quiero las mejores.

Soy muy torpe para que te enamores de mí, aún así lo sigo intentando.

Yo pongo en mis ojos la duda, la miro y cuestiono si alguna espina amorosa quiere clavarse en ella, así fue en otro tiempo, estuvimos los dos, ella ocupada en su búsqueda y yo observándola para narrarla. La duda se responde, comprendo de alguna manera que la mirada tierna y las palabras amorosos que me comprometieron con ella no existen. Noto en ella cambios de ánimo, los he visto antes, una cordillera triste la cubre cuando se descubre expuesta, sin ese amor que le concedí extensamente. He sido sorprendido, a veces, con la afirmación de ella que me niega, en esos momentos un río de voces extrañas atraviesa su nombre, pero lo sé, y lo sabía de antes, no hay desamor, su devoción por mí es la del árbol que recibe al sol, una devoción vegetal, inmóvil, en espera constante, en cambio, yo quiero el movimiento del viento y del agua marítima. Yo abandono la duda y voy como el viento a narrar nubes sobre otros bosques, a herir el mar con olas aéreas.

He bordeado tu espacio, militado abiertamente con mis ojos sobre tu rostro, abierto treguas en mi día para abrir mis fronteras a tu latido. He callado, mi timidez me limita, en vez de palabra sería beso, en vez de abrazo sería caricia.

Ella dice, esta es la llave de mi casa, entra cuando quieras. Le pregunto, ¿dónde es?, y responde, eso no te lo diré, debes cubrir varias búsquedas conmigo antes de que yo te lleve a ella.

Si no adoptas gatos o perros, adopta a un escritor y que sea yo.

Ella viene hasta mi mesa, me hace saber que algo le pica en la espalda, pongo mis dedos en el lugar, roen mis dedos, acaricia mi alma, ella sonríe, me dice, toda excusa es necesaria para que me ames.

Hay amores que duran lo que tarda una cerveza fría en volverse tibia. Le digo eso a mi amiga del bar y ella le pone hielo a mi vaso.

Le digo a la mujer que trae las cervezas a la mesa, demórate con las botellas pero trae pronto tu corazón.

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