Autonarrados

El local estaba junto a la farmacia, un pequeño letrero en la ventana de vidrio, “Se venden ideas para narraciones”, entré, el lugar estaba vacío de objetos, una mujer con una cinta en su brazo izquierdo indicaba, “fabuladora”. Pregunté, me respondió, usted es nuestro primer cliente y también nuestra primera idea para un cuento, y caí doblado entre páginas en un cuaderno de notas que apareció en una vitrina detrás del mostrador.

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