Peces primos

En la librería del centro venden peces entre los libros, peces muertos, no digo pescado porque esa palabra no me gusta.  Son diminutos y por alguna locura los ponen entre las hojas, generalmente después de un número primo.

Le pregunté al librero y me dijo algo sobre su cordura, era inevitable para él hacerlo.  Cerca de su casa hay un lugar en donde venden mascotas, y por supuesto peces y peceras, adentro cuando él pasa hay una muchacha de unos veintitrés años, le parece irresistible su voz,  la escucha y al terminar le compra media docena de peces, que se mueren siempre antes de llegar a la librería. 

El, antes que tomar una acción en contra de su locura, se apropia de ella y empieza a buscar entre los libros lugares en donde ocultarlos.  Tiene al final la sensación de que el acuario ausente de su infancia se encuentra frente a él, se siente pleno y satisfecho, luego abre la librería y lo olvida todo.  Un amigo de él que viene a hacer ocio en las tardes los busca y limpia las hojas, pero no los encuentra todos y algunos clientes como yo nos encontramos con ellos. 

Sobre los números primos me dijo que era una casualidad, ni siquiera se los sabe.  Hoy me encontré un pez dorado, de compra reciente, metido entre las páginas de una reproducción de Huckleberry Finn. Le pasé el libro, me hizo un descuento, luego pregunté por el lugar en donde se encuentra el sitio de venta de las mascotas.  Con la dirección del lugar, tomé un taxi y fui, lo encontré abierto, al fondo una muchacha de rostro pálido se ofreció a atenderme, sin que ella lo notase devolví el pez muerto a una pecera de plástico transparente en la que casi todos los peces dormían. 

Arriba, en la parte superior de la pared, enumerados hasta el 2011 se encuentra una serie de números primos.  Luego un texto dice, ese año le obsequié mi existencia a la nada, no se hable de suicidio, solo fue una entrega prematura,  alguien presionó demasiado, y cedía, hasta que la muerte me tomó por propio.  Le pregunté a la mujer sobre el texto, me dijo, antes era una librería. El librero se suicidó, o lo mataron, más bien creo lo segundo, tenía problemas con su socio.

Compré unas galletas para perros, luego las olvidé cuando entré a comprar una gaseosa en una tienda cercana. 

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