Diarios Innecesarios LIV

El partido de fútbol estaba tan aburrido que incluso le permití a Ana cambiar de canal varias veces, no le gusta este deporte, ella prefiere el boxeo, tiene una inclinación perversa por ver a los hombres golpearse. Debí empezar a dormirme después del minuto veinte del primer tiempo, apenas tengo imágenes del final del primer tiempo, me dormí, extensamente dormido en la cama, extendido más que extenso.

Empecé a soñar, primero era un anciano al que le limaban las uñas y como estaban encarnadas debían meter los pies en un gran recipiente de agua caliente, pero los pies le crecían y debían cambiarlo por uno más grande, una y otra vez repetían el cambio hasta que la cabeza del hombre desaparecía en los tobillos. Creo, con bastante certeza, me moví y solté de la mano el control remoto.

Recién terminaba este sueño empezó otro, estaba atrapado en la bodega de una joyería, ahí sin poder hacer nada, en cada movimiento me enredaba con anillos, aretes y cadenitas. Me era imposible moverme ágilmente, yo con la idea de escaparme, de salir rápidamente en la huida. Cuando más estaba cerca de la salida, más aretes me pinchaban la planta de los pies, y si no eran estos los que me detenían, eran unas delgadas cadenitas que se colgaban de mi cuello, o unas manillas que me caían en la cabeza. Despierto, la nariz me pide con prisa rascarla, lo hago y sin poder evitarlo caigo al sueño nuevamente.

Volví, el sueño no repite imágenes, ahora estoy en una droguería, soy el encargado de limpiar, tengo un pañuelo demasiado delgado para limpiar el mugre, lo hago y las manos se me untan de mugre y alcohol, alguien me ha pedido usar antiséptico para todo, incluso las cucharas y los tenedores los limpio con el líquido que habita una botella grande en donde humedezco el trapo. No sé porque hay cubiertos en el mostrador de la droguería, las demás cosas son normales, todas pertenecen a ese espacio, de pronto, sin que pueda evitarlo el frasco se abre y cae, se rompe y el olor del alcohol es un río adentrándose en el aire.

La nariz me pica, me rasco fuertemente, estoy despierto, trato de moverme y Ana me lo impide, sobre mi cuerpo ha ido dejando sus joyas mientras las limpia con alcohol y agua, dice, no te muevas porque se caen y luego no sabría cuáles ya he limpiado.

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