Plazas de encuentro

A las tres de la tarde la plaza estaba más llena que en la mañana, los policías iban y venían sin comprender la concentración de personas, ante cada pregunta que le hacían a los asistentes a la plaza obtenían respuestas diversas, vine a caminar, no tenía otra cosa qué hacer, que sepa esto no es ilegal, nada, no sabía a dónde ir.

Desde temprano, un poco después de las siete empezaron a llegar, unos se sentaron junto al monumento en el centro, otros en unas escalinatas que dan hacia la catedral, varios se quedaron de pie observando a los vendedores de comida para las palomas, aceptaron la conversación de los vendedores y cuando estuvieron cansados de estar de pie buscaron un lugar en donde sentarse.

A las ocho de la mañana, sin exagerar el diez por ciento de la plaza estaba ocupada, no en conjunto, todos dispersos pero ya se notaba el inicio de una multitud. Nadie se percató de la acumulación de personas hasta el mediodía cuando la catedral abrió sus puertas para la celebración religiosa, el sacristán miró desde la torre del campanario, le pareció extraño no escuchar ruidos de manifestantes, solo un pequeño murmullo por las conversaciones que se sucedían sin coordinación.

Los policías se enteraron después, iban y venían de un lado a otro sin saber de qué trataba el asunto. Sus preguntas fueron respondidas sin que pudieran extraer detalles de alguna conspiración. Antes de las seis de la tarde la plaza se había llenado, las calles alrededor también, los policías cerraron las vías que conducían hacia el lugar, así nadie pudo entrar más. A las siete de la noche sin que una orden mediara entre ellos, los que estaban en la plaza empezaron a caminar, cada uno hacia su casa, muchos irían a pie y otros irían en transporte público.

El primer día fue en esa plaza. Durante los siguientes cinco días no pasó nada ahí. En otro lugar de la ciudad se repitió el suceso. Un parque de los que dan oxígeno a la ciudad, una gran explanada de pasto, de árboles y de algunas plazoletas de asfalto, en este parque la situación fue igual. Cientos al comienzo, luego miles y luego varias decenas de miles se reunieron ahí, todos desconocidos entre sí, no dijeron algo en contra o a favor de nada, solo llegar, estar, conversar e irse a casa.

Otras ciudades tuvieron el mismo fenómeno. Miles de desempleados se aproximaban a las plazas a estar. La policía cerraba lo lugares pero sin poder evitarlo las reuniones que se hacían en otros sitios, hubo orden expresa mediante decreto con el que se prohibían estas reuniones. Nadie respondió, las personas empezaban a llegar sin coordinación alguna.

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