Diarios innecesarios LI

Me gustan las latas de sardinas, suelo comprar en el supermercado cuatro o cinco latas, las pongo junto a las zanahorias y los tomates. La mujer que hace aseo en mi casa viene los miércoles, ella no prepara nada para comer, utiliza las latas de atún y de arvejas, las galletas, y el jugo artificial en botella, o prepara sandwich de jamón y queso con pan. Una señora es amiga mía, vive en el primer piso de la torre en donde está mi apartamento, se conoció con la señora, la señora no sabe eso, no hay una razón para decírselo, así que sin saberlo se relaciona con alguien que es común a los dos. Con la señora amiga mía hablan los miércoles, después del mediodía cuando ya el olor a comida ha salido por las ventanas en las cocinas de la torre.

En la portería, el día que se conocieron había un problema por un perro que ladraba sin descanso en la ventana de un apartamento. Ahí conversaron, ahí se enteraron la una de la otra, y mi amiga supo quien se metía sin control por todos los lugares en donde vivo. No le ha dicho a la señora que le permita entrar, a veces lo ha pensado pero prefiere no hacerlo. El perro siguió ladrando y ellas dos caminaron juntas, conversaron como desconocidas que quieren obtener una familiaridad rápidamente. En la entrada a la torre se identificaron, supieron en qué lugar estaba cada una, así, mi amiga le ofreció un café y la señora lo recibió sentada en el comedor mientras que a lo lejos el perro mantenía su canto.

Las latas de sardinas me las sigo comiendo, no en mi casa, en la de mi amiga, durante la semana, en la noche cuando paso a quedarme un rato con ella, a sacudirnos un poco con amor disfrazado de encuentro o viceversa, extrae de una lata de sardinas el contenido, lo pone sobre en plato, lo adorna con verduras, le adiciona arroz, y otras cosas que no reconozco por su nombre ya que no soy bueno con lo de las comidas.

La señora después de la familiaridad obtenida, va cada semana, intercambia la lata de sardinas por arroz recién preparado. No le gustan esas latas pero las aprovecha para el intercambio. En las conversaciones que ha tenido con la señora, mi amiga le ha preguntado cosas, una y otra pregunta indiscreta. De la última que me ha contado es que ella tiende dos veces mi cama, una cuando cambia las sábanas y otra antes de irse. Le explicación que le dió a mi amiga fue que se mete a mi cama, se masturba hasta el orgasmo, luego sin lavarse vuelve a vestirse, tiende la cama y sale sin preocuparse por la aventura imaginada bajo mis sábanas.

Le digo a mi amiga, no creo que haga eso, a su edad no creo que haga eso. Ella me dice que pensaba eso mismo, igual que yo creía que a esa edad una mujer no pensaría en esas cosas, pero esta se dedica con calma a producirse placer sincero.

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