Intuiciones

Empecé a caminar a las dos de la tarde, miré el reloj y eran exactamente doce segundos después de esa hora, fui primero al centro comercial y me detuve ante el lugar en el que venden café, estaba la misma mujer de ojos de sótano, me observó con la misma intención de siempre, me sentí de la manera acostumbrada, primero fue un frío intenso en la mano derecha, a lo que yo respondí poniéndola en el bolsillo, luego una pequeña lágrima se aproximó a la ventana ocular, yo parpadeé y antes de volver a sentirme atado a sus ojos giré la cabeza hacia la derecha para ver a una familia hacer fila ante un local en el que venden helados.

Tomé la taza de café y crucé la plaza central, fui derecho hacia la puerta de salida, una amiga entraba con su hermano, nos saludamos, ella notó que yo aprecié el color de su piel en medio de su escote, apretó mi brazo y supe que había sido descubierto, nos dimos un abrazo al despedirnos, me habló cerca del oído diciendo, avergüénzate de tu indiscreción pero no te disculpes, a mí me gusta cuando lo haces. Continué con los pasos hacia la calle, atravesé el andén, pasé la calle, y en la otra acera caminé hacia el centro.

No pensé en caminar más de una hora, media hora avanzando y media hora devolviéndome. Llevaba el café en la mano y sabía que debía detenerme cada cierto número de calles para poder tomarlo, así lo hice en la siguiente cuadra. Un hombre sentado en la acera se quitaba los zapatos y los calcetines, luego, les ponía agua de una botella de plástico que tenía en la mano. Di unos pasos hacia donde sentía que podría observar sin ser visto. El hombre refrescó sus pies, los secó con varias servilletas que llevaba en un bolsillo, estuvo sentado cinco minutos, volvió a poner agua en sus pies, volvió a secarlos. Tuve la visión, y lo creo cierto, de ver salir un par de hojas de árbol de sus uñas, cerré los ojos y por si las dudas continué mi camino sin voltear atrás. En el camino de vuelta pasaría por la otra acera.

Una señora iba adelante mío, hablaba sola, supe que yo también lo estaba haciendo, na charla conmigo mismo, una especie de monólogo improvisado me iba acompañando, me apené un poco al creer que otros se fijaban en mí del mismo modo en que yo lo hacía con la mujer, callé, puse mis pensamientos en voz baja y repetí los últimos que había pronunciado. Fui más ágil, caminé con mayor prisa, atendí la invitación de las vitrinas de algunos almacenes, me fijé en lo que ofrecían, en una relojería vi un reloj parecido a uno que tuve en los días de universitario, un reloj que tenía solo el segundero, sin minutos ni horas, un reloj que servía para recordar que nada se detiene aunque se marque el tiempo.

“Todo lo que tiene un comienzo tiene un fín”, recordé eso de una película, ‘Matrix’, seguí unas calles más y el café ya estaba frío, lo dejé en una cesta para la basura en la calle, un maniquí tenía puesto la camiseta del equipo de fútbol del que soy hincha, pregunté por el precio, me lo dieron, prometí pasar luego a comprarla, me cambié de acera y dirigí los pasos hacia mi casa.

De una tienda de mascotas se habían escapado una docena de gatos, digo una docena por poner un número, eran muchos, varias personas los seguían, los buscaban, querían atraparlos. Se me ocurrió eso mismo acerca de los peces encerrados en las peceras, una manada de peces tratando de escaparse, y el aire los consume con su fuego de oxígeno. Una calle adelante había olvidado la tienda de mascotas. Seguí adelante y donde había estado el hombre refrescando sus pies ahora se veía una planta pequeña. No quise pensar nada acerca de eso.

El nivel de ruido de los autos en la calle empezó a molestarme, al tiempo que el ruido subía, yo me hacía más sensible y empezaba a taparme los oídos, no era suficiente, sin que pudiera evitarlo empecé a romper con las uñas la piel en las orejas, luego los dedos entraron y surcaron el oído interior como si fuese dulce, luego, poco a poco, seguí arañando la cabeza, hasta que de mí, de dentro de mí empecé a sentir que un río me surcaba y se expandía por mis pies hasta la punta de tus dedos, es por eso que ahora me presientes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s