Hizo una nueva observación, esta vez sobre el color de las botellas de licor, fue inevitable girar el rostro para verla y asentir, aprovechó mi atención para decirme, Parece que te incomoda mi conversación, lo siento mucho, es la barra del bar y se me ocurre que uno puede conversar… No permití que siguiera, me disculpé y toda la vejez cayó sobre mis palabras, Es difícil para mí creer que una mujer hermosa se plantee siquiera como curiosidad hablar con un feo como yo, así que ahora cuando ocurre, me altero y levanto todas mis formas de defensa. Soy muy tímido con las mujeres, quizá porque parto de la idea de que rechazarán cualquier afecto ofrecido por mí, de hecho ya me ha ocurrido antes.
Dos tragos repitieron la dosis servida previamente, ella había pedido al barman cambiar las copas. Seguí, De hecho creo que si una mujer hermosa, tú lo eres, se me aproxima es porque no tiene una intención buena conmigo, un poco sospecha de las bellas. Ella rió y puso su mano izquierda debajo de la mejilla, luego se movió dentro de la silla, apuró la media copa y ofreció un saludo para que yo hiciera lo mismo con la mía.
Dijo, me gustan los feos, la curiosidad por ellos me supera, creo que detrás de cada hombre feo debe haber una sorpresa, un gran secreto que el universo ha puesto ahí para ocultarlo, para evitar que sea descubierto.
Un tango empezó a tragarse el silencio, el barman atendió mi pedido y las copas estuvieron nuevamente llenas.