Espejos innecesarios

Después de un examen en el espejo, los ojos han llegado a la conclusión, las emociones del cuerpo observado están hechas en su mayor parte del color de las hojas de libros expuestas al sol y a la noche, y por extensión a la luna, al invierno y por ley de transitividad a la lluvia.  Otra porción de la composición cromática es igual al de la madre tierra, no de la de antes que aún no negaba a sus hijos, de esta tierra, la de ahora, a quien la opción de negarlos es la única salida.  Varias tonalidades atraviesan el rojo del enojo, pasan por el verde pálido y viscoso, y raspan largamente amarillos leprosos.  Tras el examen, los ojos se cierran, el cerebro reproduce la imagen, la empeora y toma la decisión de apagar la luz, sale del lugar, toma camino a la calle y se niega a los reflejos.

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