Palabras diarias

Cosas que se escuchan en una librería, hay personas a las que se les da un lápiz y dibujan con él su visión del mundo, otros se sacian con la palabra y la escriben en el papel narrando su universo, otros lo usan para dejar un registro en donde se suma y se resta, se multiplica y divide para dejar en equilibrio lo observado, otros los utilizan para sacarse con él la cera acumulada en los oídos aunque siguen sordos a la magia de la vida.

El sol está preñado de arena y aletea sobre la tierra, desde su útero, un paraguas de luz y calor es lanzado a la ciudad a través de sus partos invisibles
Los hijos del páramo reclaman la sombra, les es imposible abandonar sus abrigos y caminar con sandalias sobre el asfalto que solo es amado por el neumático aceroso de los autos.

Camino con lo justo, sin exceso, aunque a veces lo justo no es suficiente

Uno cae sin que haya nobleza alguna en la derrota.

Con mi lengua reconocí la geografía de sus labios y presumí la conquista cuando ella era quien colonizaba mis latidos.

Sé mi lápiz, que todos mis mundos nazcan de ti. Me respondes, no puedo serlo, en cambio, seré ese lugar imaginario en donde tú y yo quebramos el mundo, el resto es una certeza de voces que nos ha de fecundar hasta saciarnos y fatigarnos de hambre, y volver a ponernos al uno frente al otro hasta que la luz nos sea una sola.

Entonces le dijeron, viviste postergándolo todo, olvidaste que ibas a la vida a vivir poco a poco la condena, ahora en este sitio, tu infierno, debes sufrirlo todo en un instante infinito.

Ebria de virtud cayó envenenada por mí pereza y no pudo más resistirse a mi ambigua paciencia.

Tú que vienes a mi memoria del mismo modo en que me llegan la fatiga y la alegría momentánea, díme, ¿irrumpo en tus cortinas solares para cegarte con arrepentimientos cuando notas que volviste a ser asfalto para quien simplemente te recorre con luz de autos?

Contigo he comprendido que los párpados se cierran y la mirada del ojo mantiene fija su línea ecuatorial sobre tu cuerpo, nada detiene está línea repetida en paralelos sobre tus formas.

Eres invisible a lectores ópticos, imperceptible a sensores de ruido, de humedad y movimiento, sin peso como una mirada detenida el desierto, rígida y bordada en metales sin fuerza o resistencia que soporten su propio peso. Eres un lugar en la periferia de la sangre etílica del bosque digital que nos conecta.

La puerta está cerrada, siempre cerrada pero dispuesta a ser abierta. No hace falta una llave, solo es necesario encontrar la puerta para abrirla.

Cosas que uno escucha en las escaleras: ni siquiera en mis momentos más placenteros estás conmigo, ¿Por qué? Pues anoche tuve un orgasmo mientras te soñaba y tú estabas en tu casa sin mí.

Ella insiste en contener el orgasmo hasta cuando pueda ser biógrafa sobre las hojas de uno de los libros que más conservo con cariño. Me convenzo de que no hay figuras literarias en su voz, entonces la biblioteca tiembla levemente y entre las hojas del libro una aldea de letras recibe su canto líquido.

He dibujado una esquina entre sístole y diástole, ahí te espero, trae tus lunas y tus noches.

Voy a besarte porque un milagro me espera en la savia de tu le

Alterados por la bebida
eufóricos por el contenido de los vasos
dimos un salto por encima de la duda
nos juramos amor innecesariamente
fuimos guiados por el desprendimiento
que esperábamos hiciera justicia a los otros.
Volvimos, cada uno a su casa,
al teatro detrás de la apariencia,
el instante de fuga apenas fue eso, un instante

Te besaré con la vía láctea para poner la noche en tu boca.

Cuando la fuerza del río te ate a su corriente detente como la roca, sé el punto y no la línea. Cuando la montaña te vuelva roca inmóvil, muévete incesante hasta ser río furioso. Nunca aceptes lo establecido como ley última, entra en acción como un estallido.

Todo libro está incompleto hasta cuando el lector se asombra al encontrar en él una voz que le pertenece.

Mi ausencia vive en tu vientre abierto al musgo. No me extrañes tanto.

Erotizada, ella abre sus formas y erige un lugar de culto sin mártires en la punta de su seno.

Ella dice, explicando el color de su cabello, es que vengo de la calle y la noche ha entrado conmigo.

Conspiras con el sol para mantenerme bajo la sombra de un parasol mientras tomo café caliente aunque el calor exige bebidas frías.
Ofreces a la luna una ventana sin vidrios, con borde metálico, a cambio inclinas mis lentes para que mis ojos adquieran una vocación lunar antes de que te salude con un beso en la esquina de tu boca.
Exageras en la propina que le das a la mesera y le sugieres coquetear conmigo cuando vamos juntos, así aparentas verme detrás de una reja con la que evitas darme golpes por estar atento a la mujer que insiste en limpiar una mancha inexistente en el cuello de mi camisa.
Vistes una falda de aros amplios, una blusa blanca y te plantas frente a mis ojos haciendo líneas con tus dedos sobre tu cabello, así evitas que la luz lleve a mis ojos una imagen diferente a la tuya.
Miras a un desconocido en la calle y sin más me cuentas una historia sobre él que estás inventando, luego me retas a que yo narra su vida futura a partir de la lectura de sus pómulos.
Llevas un chocolate en el bolso y cuando comprendes que he sido superado por el mutismo de mi timidez me das una porción al tiempo que juegas a morderme los hombros.
Abres la palma de tus manos e insistes en mis habilidades con la quiromancia, así cuando observó las líneas encuentro mi nombre escrito en ellas.

Yo te presto uno de los libros de mi biblioteca y tú me das un rato de silencio en tu boca mientras te beso.

Sabíamos que tus horas de viaje, los paisajes externos y tus memorias internas poblarían de muebles los lugares en donde yo acumulé mis pasos; no eran invencibles porque acampé apenas frágilmente en tu vía láctea, disperso como polvo cósmico apenas logré la atención de tu espacial mirada. Con la certeza del náufrago nocturno acumulando lunas y oscuros presagios, sé que encuentras un aire de posesión sobre la forma de los puentes, no permanece inmutable ante los templos antiguos y te asombras de ti misma al apasionarte ante las librerías sin que en caso alguno logres capturar la intención que te lleva a esa fugaz posesión. Sé que atraviesas en bloque tu mirada sobre los trenes y una sensación inquietante que no identificas con un nombre suena dentro de ti como una campana antes de que en el siguiente segundo vuelvas a tu realidad sin reconocer especialmente el instante previo.

Un mal nombre para la codicia es evolución.
Un mal presagio para la humanidad es la creencia de que lo básico puede ser reemplazado por la técnica y la tecnología.
Un absurdo de los medios de comunicación es creer que somos universales sin conocer la aldea dónde nacimos.
La única batalla por la que vale la pena mantener el brazo en alto es por aquella cuyo propósito es ser mejor.
Ser humano es un exilio de la animalidad. Aún no sabemos lo que somos. Seguimos siendo el ojo que a sí mismo no se ve.
Una noche es un día olvidado en la puerta de la casualidad. Nada pasa. Todo pasará.
No hay sacrificio posible para mantener el caos.
Vengan los que abandonaron la mano ardiente
Tomemos el frío ya llegarán.

Una tristeza de cascos polares, brumosa y astillada da color al fuego de humos que hace el eco a mis pestañas.

Hoy me entristece tanta belleza en ti, sé que solo es posible en el límite antes de dar el paso a la muerte.

La mujer le responde al policía que pregunta por sus hijos, de día son del sol y en la noche le pertenecen a la luna, aunque antes de que ella pueda evitarlo la traicionan con la noche a la vuelta de la esquina

Tus desiertos mi tristeza los abarca sin timidez alguna.

Tu indiferencia no me parece amistosa,
hay mucha furia trepando tu silencio,
presiento apéndices con motivaciones secretas,
amenazas afilándose en tus ojos.
Tu indiferencia no me parece amistosa.

Un día cuando la noche nos cobre el tiempo vivido y sea obligatorio pagar por medio de la muerte la deuda con la oscuridad, llegaremos a un lugar en donde libres de la fatiga del cuerpo veremos en nosotros la belleza que nos oculta la basura material que nos impide ver como somos.

Eres, es una palabra hermosa porque está dedicada completamente al otro, a lo que es el otro, a su esencia.

El aroma a manzana que ella ponía debajo de sus senos antes de que él los besara le impedía sustraerse del recuerdo de infancia cuando era amamantando por su madre, ahora ella impedía su sexualidad obligándolo a recuerdos infantiles.

Algunas personas pasan de manera inmediata de la adultez a una vejez creyendo que sabiduría y madurez son amargura, negación y descontento.

Los senos en punta de flecha, sin filo ni veneno, en punta, firmes ante el frío que aprecia la delgada tela que propone la desnudez a la imaginación y repite las líneas de la forma

Escuchaba un llanto interrumpido apenas por el ruido propio del bar y los autos en la calle. La muchacha salió del baño y le pregunté si podía ofrecerle ayuda para resolver aquello que la obligaba al llanto, entonces me dijo, lloro en la cima y la ladera del orgasmo. Ante mi rostro de duda, sonrió y sin que hubiese existido la pregunta respondió, me gusta masturbarme en baños públicos.

Una única vez besé tu boca en el borde de una copa de vino.

En esa calle que veo a diario desde lejos, está el que soy, y esquivo todos los caminos que me llevan a ella para no encontrarme.

Duermes con mi voz en tu boca, un beso en el decibel mínimo es suficiente para que tu cuerpo me presienta en tu sueño.

Traigo sueño en la boca ocular. Bostezo en pestañeos.

Ella se vestía con la intención de que yo al verla comprendiera que esa era su manera de decirme, enamórate de mí, yo en cambio la miraba y sin haber aprendido su lenguaje, quería que dijera, desnúdame.

Soy un ser incompleto, con más vacíos que elementos concretos, el amor se trata de que me completes con cada lectura que haces de mí por medio de tus sentidos.

Ella me puso en su memoria del mismo modo en que la comida se sirve en el plato, una y otra vez pasó sobre ella la navaja afilada de sus juicios, luego, desmembrada mi memoria no encontró en ella su piel expuesta a mis ojos,  aún así supo que su cuerpo había sido seducido por mi palabra y en cada instante en que se desvestía yo la desnudaba sin importar la distancia que nos separaba.

Breve, instantáneo sobre tu boca te espío con un beso. Lo presientes, dudas y crees que fue el viento. La distancia no impide a mi imaginación llenarte. Por ahora somos una sospecha el uno del otro.

En este edificio, las paredes adquieren y resaltan el color de las emociones de quienes viven dentro. Así que para mantener la buena imagen del edificio está prohibido sentirse gris, feos o tristes. ¿Y cuándo me sienta triste, qué hago? Los tristes van al parque, a ese parque oscuro donde el otoño constantemente fallece.

Sé mi multitud para abordarte cuando la soledad sea rito en mi nombre.

Oídos higiénicos; palabras estériles.
Bocas de dieta; respuestas sin sal, sin azúcar.
Cuerpos sintéticos; caricias de silicona.
Relaciones virtuales; esqueletos sin edad radiocarbónica.
Consolas de juego; sudar sin piel.
Un pixel; un beso.
Compras on line; reyes magos.

En el occidente de tu boca está tu mirada de soslayo.

Me sorprende tu negación al culto religioso ya que para acercarse a tu sexo exiges más rituales, promesas, liturgias y rezos que los requeridos para ser peregrino de una religión cualquiera.

Los ojos de los cuerpos sin sexo son tan sexuales que en cada mirada confiesan la tristeza producida por el grito ajeno detrás de la pared o la ventana.

Sonrió mientras me decía, hay más en mi pezón desnudo que en tus palabras llenas de gritos de ambulancia.

Otra vez, traicionada por el orgasmo abre el grifo, lava sus manos, y piensa en la sábana recién tendida.

El botón en tu blusa, el broche en tu sostén, la cremallera de tu falda, son lugares apropiados para mi mano que busca el color de tu piel debajo de tu ropa.

Me dijo, no vuelvas a amotinarte en mi memoria. Le respondí, no me encierres en tu pasado.

Cada cierto tiempo me lo encuentro por ahí, y diligentemente lo saludo hasta cuando lo veo partir, entonces pienso en que me gustaría que su esposa me escogiera a mí para serle infiel.

Hay quienes viven embobados como quien está preñado de vejez.

Uno va sumando soledades hasta que un día todas forman una sólida barrera que apuesta en todos los juegos y no importa, se pierda o se gane, todo es ganancia.

Volví a pensar en tus senos mínimos, en la pequeña distancia de la planicie a la cima, y sonreí en modo único, esos pequeños senos contienen las montañas y las frutas, la vereda y las estrellas, el verso y el poema. Volví a pensar en tus senos y recordé que desde tu escote una luz de olas quietas seguía seduciéndome.

He repetido insistente acerca de mi nombre, solo soy nombrado de este modo cuando el frío se vende a precio de fatiga en la calle, no hay otra manera para que yo pueda responder, es así como ocurre que aparezca de pronto a unos pasos del cansancio que finge.

Ahora que presionas un poco sobre mi piel y notas la palabra que te nombra en alto relieve desde mi sangre te recomiendo que vayas más adentro y sientas también la astilla rota que se clava lenta y dolorosamente en los lugares que te extrañan.

El hombre es atendido por un par de enfermeros quienes le preguntan sobre la sangre en su cuerpo, y este les responde, no es sangre, el expresidente dice que solo es sangre, la de los héroes leales a su cultivo de guerra para hacer tributo a la nación en el campo de batalla

Amor.
Una piedra.
Una mano
La mano golpea.
Es una piedra fuerte
Es una mano frágil
Se concedieron
La piedra ofreció sus grietas.
La mano entregó su calma.

Yo trato de escribir bien para enamorarte. Claro, no sé si escribo bien, y también no sé si eso te enamore.

Ahora cuando te nombro junto con el agua que sale del grifo sé que eran inevitables el encuentro y la partida.

La tristeza lo observa con furia, le reclama la sonrisa y el movimiento, el hombre le responde, lo siento, es la música.

Permíteles el triunfo
No sabrán ellos
Que tú los soltaste
Para verlos caer
En la incierta victoria.
Donde no hay salvación.
Igual en ellos
Nada hay para salvar.

Para ser exactos, este abandono tiene mucho que ver con tu palabra, con ella has expresado la manera en la que vives el mundo, y justo, justo en unas de esas cosas no estoy de acuerdo contigo. Pequeñas cosas nos separan, pero así es el mundo, pequeñas cosas son insuperables y nos impiden seguir.

Ella dijo, si el amor es una religión, prefiero el poema laico por fuera del ritual y la costumbre, aunque debo confesar que a veces siento el mordisco empalagoso y se me da por escribir versos amorosos.

Tu sexo padece lutos diarios, la bandera a media asta conmemora la muerte del deseo antiguo con el que me perseguías.

Ella me dijo, antes de que me preguntaras ya te había aceptado, antes de que me buscaras yo te había encontrado, antes de tu deseo me habías acariciado, previo a tu partida ya te había dejado.

Es un tren el que me habita, acude entre las sombras y se estaciona en mis ojos, ahí lo ves, afila el vagón-locomotora y sale furioso a herirme. Al comienzo era un tren de fugas, dentro de mí viajaban la fatiga y el dolor que niega a la palabra, ahora en cambio es un tren de heridas, sus rieles hieren y transportan en el mismo instante.

El hombre le habla al carcelero, es cierto que no es usted muy hábil con la música, eso no es un crimen, claro, si lo fuera usted estaría de este lado de la reja y no del otro. A las cuatro de la mañana las sonatas que ponen son perfectas, igual a esos seres alados que nos sacan de este hueco algunas veces en la noche, perfectas, de esa palabra usted debe conocer el significado, sería inapropiado para alguien de su rango no conocerla. Sobre las cinco cambian a compositores polacos, los reconozco porque siempre atrapan mi melancolía y la vuelven líquido en mis ojos.

Comprendo que a las seis de la mañana cuando deben despertarnos y pasar revista no dejen el sonido habitual en el ambiente, a mí me gustaría pero supongo ustedes han sopesado las razones y todas les parecen suficientes para hacernos tragar el silencio que llega con el frío a esa hora del día. Vea usted, me han dicho y lo creo, usted fue quien decidió dejarnos escuchar la música española al medio día, a mí me gusta, es una sublevación necesaria aunque demasiado estéril en el estado en el que nos encontramos, es importante agradecerle ese gesto.

Esta conversación que le he pedido y su gentileza y generosidad me han concedido tiene por objeto hacer una petición, claro, ya lo imagina, de la música en la tarde, no sé ustedes de donde la sacaron pero esas notas cortan con guadaña el aire y hacen lo mismo con el espíritu. Usted debería conocer que la garganta es débil, frágil, bueno yo también lo sé porque tengo experiencia viendo las cuerdas del violín haciéndole daño. Esa música está entonada con alambres, duele, yo empiezo a escucharla y siento la fatiga en la mano empuñada sin la cuerda, sin un cuello en donde darle uso

Cada cierto tiempo me da por conmemorar un número exacto de días desde cuando algo sucedió entre nosotros, hoy por ejemplo brindo tristemente por la primera vez que dijiste “angustia”, recuerdo exactamente el uso dado a la palabra, fue después de estar convencidos de que no era volcánico el beso, ni marítima la caricia, me decías, me produce angustia que tu palabra sea más viva que mi cuerpo.

Me dijo, igual que con tus espermatozoides en mis ovarios, lo que hacen tus palabras conmigo es culpa tuya.

Ella me dice, yo me aproximo a mi desnudez por medio de tus ojos.

Sin razón aparente el corazón se hace un ovillo.

No hay sed en mi palabra, o inquietud en mi voz, o verbalidad que pueda expresarme, son mis manos bajo tu blusa, entre la tela del sostén y la piel sin sol de tus senos, las que hablan por mí.

Yo quería vivir contigo y dormir entre tus sueños, ser la espera y la fatiga, el canto y el silencio a donde tu voz fuese a reponerse. Yo quería vivir contigo y proponer alegrías y cantos, variaciones verbales para la risa y risa para soportar cualquier tragedia.

Ahora, ahora que pienso acerca de mis deseos me pregunto, ¿y si te hubieras ido antes de la pregunta?

A diferencia de los países, uno puede rápidamente y sin advertencia reconsiderar sus fronteras. A diferencia del sueño de los espejos, uno puede caminar por la suerte de otros caminos.

Le dice, te amo ahora para desamarte luego. Él pregunta, ¿Eso qué significa? Ella le responde, aprovecha ahora porque después te va a doler.

La nota que pusiste en el bolsillo decía, no tendrás tiempo para la nostalgia, el día al que llamas mañana no lo verás venir, el poco tiempo que te quede apenas te dará oportunidad para que la lluvia te acose hasta conminarte a la casa sin poder salir. Tomé la nota y la puse en el espejo del baño, eso fue hace varios años, el papelito estuvo expuesto todo el tiempo ahí sin que yo me fijara en él. Esta noche la muchacha con la que acordamos quedarnos en mi cama pasó al baño y lo leyó, se interesó por el origen, la motivación, el autor, no supe explicarlo muy bien, luego, cuando nos habíamos agitado suficiente y estábamos en reposo callados viendo hacia la pared ella me dijo, en el baño de mujeres de la facultad hay un texto igual, está firmado por alguien con el mismo nombre, no sé cuando lo pusieron, cuando yo ingresé a la universidad ya estaba ahí.

Pregunté si no pintaban cada cierto tiempo las paredes y me respondió que lo hacen y el texto desaparece pero luego unos pocos días después vuelve a aparecer.

La mujer me dice, le leo las cartas, puedo decirle su pasado oculto, el presente que cambiará su futuro, y su futuro por supuesto. Le respondp con un gesto y digo no, muchas gracias.

La mujer baila en un silencio largo sobre mis ojos y sin que yo pudiera evitarlo tira las cartas a la mesa, toma una silla, se sienta y me dice, léame usted las cartas a mí, usted sabe más cosas de las.que desea confesar.

Mis amigos, se dejan llevar por el impulso y se ponen de lado de la idea, léale las cartas para darle de su propia medicina.

Tomo las cartas, lad barajo, canto un rezo antiguo, escupo en la mano de la mujer, le limpio la palma, golpeo la mesa y miro con furia a la mujer.

Las palabras van sin preguntar, todas las agujas que me caben en la boca tejen la historia de la mujer. El silencio responde de manera apropiada, todos callan, excepto la mujer que me replica, ya ves, estoy vieja y jodida, dame un par de billetes para tener donde dormir.

Uno de los amigos de la mesa le da un manojo de billetes y me pide prometer nunca decirle a él lo que le va a suceder.

No hay sexo sin heridas; el sexo está hecho para abrirlas o para sanarlas.

No me pidas que seamos uno solo; ¿si no estamos separados, cómo vamos a juntarnos? Si nos juntamos no es para ser masa, es para ser dos porque de ese modo es que podemos sumarnos.

Son el amor y la muerte los que nos escogen; nunca nosotros a ellos

El sueño es una gota de muerte que tomas cada día hasta que un día la copa esta vacía y deja de ser necesario que te despiertes.

Porque también se borra el olvido llegas a mi memoria como si nunca tu recuerdo hubiese partido.

Lo que soy, fui y seré está contenido en el acento con el que pronuncias mi nombre. Soy tu voz y mi alma tu acento.

Mis palabras no son cometa en el viento, no son la sal del mar, mis palabras apenas llegan a ser esquina en la espina dorsal de la nada.

Mis palabras son oscuras y solo se iluminan cuando las pronuncia tu voz. Mis palabras surgen llenas de luz y se vuelven oscuras cuando tu boca se niega a pronunciarlas.

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