Diarios Innecesarios XLV

La muchacha utiliza unas botas negras que escalan desde sus pies hasta cinco centímetros antes de las rodillas.  Unos jeans azules, una chaqueta de paño color negro y una blusa rojo claro.  Hace unos minutos aplicó en su boca un brillo para resaltar el rosado con el que pintó sus labios unas horas antes.  El cabello lo recoge en un nudo semisuelto a la altura del cuello.  No puedo escuchar su voz ni imaginar su estatura y su estatura porque está sentada.

Unas líneas grises, teñidas a propósito, cruzan completamente su cabello.  En cada oreja unos aretes en forma de perla brillan tenuemente.  Entiendo hasta donde he logrado observar que es del área de recurso humano de la empresa para la cual trabajan las personas que atienden en el café.  Los entrevista, sus preguntas están asociadas al clima laboral y el tipo de clientes a los que deben dar servicio en el sitio.  Es muy poca la información a la que accedo desde esta distancia y se notaría mucho si hago un movimiento para acercarme más a la mesa en donde están conversando.

No usa anillos y lleva una manilla de esferas diminutas en el brazo derecho.  La mujer a la que entrevista es tímida, se ve forzada en las respuestas pero la entrevistadora le llega rápidamente con una observación u otra pregunta y logra que la respuesta tímida se vuelva una larga expresión sin austeridad en las palabras.  Ahora cruza las piernas, arriba la derecha, abajo la izquierda. Las uñas de las manos están ligeramente esmaltadas con un color transparente.

Sonríe, a veces sonríe espontáneamente al ver pasar a las personas por el pasillo de en frente.  Ahora pasó una señora con ropas muy ajustadas, en su mente debió tener lugar una conversación de moda con ella misma.  La acostumbrada presencia de los celulares es inevitable, extrae el celular del bolso, pone un mensaje, lee otro, hace un gesto y vuelve a mirar al frente.

Debajo de su mano derecha, entre la silla y su cuerpo ha puesto el bolso color crema oscuro, junto a él una bufanda de un color en el mismo tono que el bolso pero más claro.  Hace un movimiento leve pero notorio girando hacia el lado izquierdo su boca antes de sonreir.  Sonríe.

La entrevista ha dado paso al diligenciamiento de formatos, ella pregunta, la mujer contesta, ella registra las respuestas en la hoja.  Un bolígrafo de color transparente es maniobrado entre los dedos de su mano derecha.  El clima es frío, el aire helado permite suponer una lluvia pronto.  Han sido claros los movimientos de sus manos y el de su rostro, no la he escuchado pero me parece que habla de la lluvia.

El frío obliga al abrazo de la bufanda al cuello.  Los sonidos son invadidos por la lluvia.  Ahora me habla una nube, la muchachita se levanta de la silla, viene hasta mi mesa, me pregunta si tengo un paraguas, miro en el morral, hay uno, lo extiendo para que llegue a su mano, me sonríe, deja caer el paraguas, alargo la mano, lo recojo, me levanto, ella se lleva el paraguas, la lluvia es intensa, yo la veo salir, vuelvo a sentarme, la mujer que era entrevistada, me trae una nota de parte de la muchacha, dice la nota, la próxima vez escribe para mí en vez de narrarme solo para tu lectura.

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