Desborde

La vejez empezó a cercarnos sin que lo supiéramos, primero fueron los pasos lentos, las paredes agrietadas, el sexo hecho tragedia y costumbre, los deseos en la ventana musical de la distancia antes que en el piano pronto de tu música, así, sin remedio, un desierto de ataduras arenosas se apoderó de todo lo visible e invisible, así, sin oposición abandonamos hasta el abandono y sin decisión tomada mantuvimos conjunciones.

He partido porque a mí me corresponden los viajes, soy yo el que navega, incluso en la espera estoy en movimiento, voy aquí, allá, a todas partes mientras que tu memoria me recuerde, cuando eso deje de pasar, entonces, entonces seré una línea estática que ha recibido la derrota de los años.

He leído las líneas de mi mano, he acudido a todos los oráculos, he revisado el libro de razones, he valorado el tambor de todas las excusas, y he comprendido que el destino no me es propio, su pertenencia es compartida, es tuyo, es mío, es nuestro.

La hora es inexacta, ocurre del mismo modo siempre, tiemblo, un sudor desproporcionado se seca en la ropa, en el pecho un sonido de pica y pala remeda el palpitar del corazón, algo se abre, algo ha sido roto, una hendidura salpica con su aroma el aire, la agitación es silenciosa y consume la voz que no quiere aparecer en la boca.  Tengo miedo, he sido asaltado en el sueño por los temores, la representación de aquello que temo ha aparecido bruscamente en el sueño con el que había caminado en la noche.

Yo sentí el ataque, la irrupción del miedo en la escena, la fortaleza se desvanece, nada calma el temor de ser agredido, golpeado, de ver la cara hinchada de sangre o los brazos rotos por la pelea.  Igual que en un asalto callejero en donde el delincuente lleva ventaja, de ese modo sentí la frustración al defenderme en el sueño.  Solo me arrebataron el buen dormir, la calma necesaria para avanzar en la noche y caer tranquilo en el día.

Desperté, la sensación de que una sombra está al lado, se mueve, yo levanto los brazos, me defiendo, todo desaparece.  Busco mi piedad religiosa, busco quién se haga cargo de ella, cierro los ojos, secó con la sábana el rostro, me digo, que miedo, de locos este sueño.  Una plegaria por mí, otra por quien me está asustando, el sueño no concilia con nadie, contablemente está descuadrado.

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