Regalos infieles

La mujer es casada. Yo lo sé desde el principio. Primero le dejé una nota mínima en el bolso, supongo que la encontró al llegar a su casa. Luego creé una cuenta en twitter, empecé a seguirla y cada tanto le mandaba un mensaje para obtener su atención. Nos hicimos amigos, no le pongo las comillas pero todos deben entender que era una amistad virtual, de segundos, momentánea, sin compromisos o lealtades eternas.

El día de su cumpleaños le escribí un poema. Fue su primer cumpleaños en nuestra relación, yo lo llamo relación porque me parece una bonita manera de ponerle nombre. Le mandé a la oficina un oso de felpa lleno de dulces, de libros de poemas, de pétalos y de letras de canciones en papel. En una memoria usb estaban todas las canciones. Un amigo llevó el oso. No le permitieron entregarlo, yo, la verdad creo que se asustó y no se atrevió a dar el paso hasta la oficina de ella.

Lo llevé yo mismo. Llegué a la recepción, pregunté por ella, y antes de que cualquiera otra palabra diera paso de mi boca hasta el oído de la mujer de la recepción me dijo, no puedo dejarlo subir con ese regalo, ya vino alguien más a entregarlo y la norma es que solo puede hacerse acá en la recepción. La señora no está. Me pareció una manera despiadada de hacerme perder la ilusión.

La recepcionista pareció leer mis pensamientos. Dijo, puede ir a la cafetería que está en la esquina, ella va al medio día a comprar postres, los que atienden en el lugar la conocen. Acometí de inmediato la ejecución de la propuesta de la mujer, en la cafetería convencí a una muchacha de entregar el regalo por mí. Ella pasó después del almuerzo, le desearon feliz cumpleaños, ella se sorprendió de que lo supieran, en la cafetería le contaron acerca de la persona que llevó que llevó el regalo y al tiempo se lo entregaron.

Sonrió. Sonrió. Volvió a sonreír. Eso supe después, la muchacha de la cafetería me había dado su número de móvil y me contó eso y más. Tomó el regalo, salió a la puerta y volvió unos segundos después. – No puedo llevarlo, es muy grande y en la oficina no lo dejarán entrar, puedo pasar por él al final del día? A las siete de la noche pasó por él. Yo quería que lo llevara a su casa. No fue así.

Una de sus amigas pasó con ella, metieron el regalo en el auto, fueron al apartamento de la amiga, lo desocuparon de dulces y poemas, de pétalos y canciones. Ella me envió un mensaje, estás loco, me gusta tu locura, vas a hacer que me emocione más por ti.

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