Ruta obligada

Colectivo. 18 personas. Tres hombres. Los demás mujeres. Unos con mayor frío que otros. Algunos duermen. Algunos atentos ante la calle miran a todos los lugares. Todos en silencio. Afuera la mirada de quien busca transporte nos persigue. Una mujer, bolso rosado, blusa larga y blanca, chaqueta negra, pantalón igual en el color, el cabello apretado en un moño, es la primera que le toca de pie. Cuatro personas más van como ella. De pie, como si algo nos obligara a participar de un juego al que se debe llegar de cualquier modo.

Junto a la joven de blusa blanca, una mujer de más edad, con una chaqueta roja y un pantalón de un color que no sé definir observa por la ventana a una multitud de gatos que acaba de cruzar la calle. Es extraño ver a seis gatos en hilera militar corriendo por la calle a esta hora (6:40 a.m)

El rostro de la mujer que observa los gatos parece se lo hubieran tatuado, es como si alguien le hubiera tatuado la figura de otra cara en la suya, pienso que no le pertenece aunque ella se ve cómoda con él.

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