De esos momentos I

De esos días que descansan agotados en la espalda del minutero que olvidado de si mismo cuenta solo números impares.

De esas horas pronunciadas por la voz oculta de la mujer en la mesa vecina y uno escucha, así sea contigo pero quiero un amante esta noche en el sofá de la casa.

De esos momentos en que la muerte es una certeza ciega y la risa de los amigos clavan agujas en la espina dorsal de la tragedia hasta que la quiebran.

De esas huida a en que saciado de ti ruedo maltrecho y las horas se clavan melancólicas en el profundo pozo del color de tus ojos.

De esas ocasiones en que la mujer de la cafetería en el cinema me atiende mal y no le reclamo porque al ver sus ojos sé que la noche anterior durmió con las piernas depiladas pero su esposo llegó tarde y solo la tocó con tufo de cerveza.

De aquellos recuerdos que trasladan emociones antiguas a la mano entre las piernas.

De esos días en que mi amiga me dice, voy a ponerte en cuarentena porque estás muy aburridor con tus enojos y no quiero que contagies de tu fastidio a la gente.

De esos momentos en que la sonrisa en el rostro de mi amiga es suficiente motivo para emprender las guerras necesarias para que ella la repita.

De esas veces en que la deseo y ella vive en primavera en cambio yo  descubro otoños invernados en mi cuerpo como goteras.

De esos instantes en que uno quiere salirse y el destino insiste en que hacen falta pasos para alcanzar la puerta.

De esos sueños en que la muerte parece concedernos el suicidio, sin embargo es un juego nada más para ella sentir que uno coquetea con ella para conquistarla.

De esos días en que es obligatorio cambiar los espejos de la casa porque ya no reflejan el rostro y solo muestran recuerdos sin futuro.

De esas ocasiones en que uno conoce a alguien vacío de muerte cuya única esperanza es tener una esperanza digna a la que pueda referirse cuando le preguntan sobre sus anhelos.

De esas ocasiones en que el portero le dice al hombre solitario, tranquilo que la del quinto piso cuando se embriaga se comporta misericordiosa y el hombre piensa en su ropa sin planchar antes que en el calor sobre las sábanas.

De esas ocasiones en que el café está hecho de narraciones y poemas; el libro cambia el aroma de su tinta por el aroma de mi tinto.

De esas ocasiones en que la música es la cocina en dónde se prepara el alimento del alma.

De esas ocasiones en que una fotografía motiva a la memoria y una enciclopedia de emociones abren inevitablemente el corazón.

De esas ocasiones en que la canción en la radio recuerda el sonido de la lluvia en la ventana cuando tú y yo jugábamos a escuchar la voz de las nubes sobre el vidrio recordando la historia de ríos que alentados en cometas evaporadas se transformaban en hielo.

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