Diarios Innecesarios XI

El desvelo anuncia un día largo.  Detrás del reloj digital, la segunda hora impar de la mañana gatea lentamente con un “tic tac” invisible,  El silencio es una cordillera sin ríos, apenas algunos sonidos desembocan en sus laderas, autos de prisa tardía o con remordimientos tempranos pasan por la avenida a una cuadra de mi casa.  Apenas hace unas horas estaba despierto, “el libro del desasosiego” mantiene sus hojas cerradas en algún lugar de mi cama, la lectura se estaba alargando, a propósito lo cerré a las doce, pude haber seguido leyendo pero sé que el sueño me falta.

Hoy he comprometido mi asistencia a cuatro reuniones, en cada una de ellas observaré silencio, me parecerá una cura adecuada para el desvelo, silencio nocturno recorrerá mis ojos y bostezos metálicos asombrarán mi boca.  Espero que el sueño llegue en cualquier momento, eso sí que sea antes de las cinco.  La cama adquirió el hábito ruidoso de las puertas que rechinan, cada uno de mis giros son respondidos con ruido, hay temor dentro de mí por esos ruidos, por razones desconocidos presiento que tras cada sonido de esos hay una grieta, en cada grieta un abismo, en cada abismo un salto interminable.

Mantengo los ojos cerrados, evito concentrarme en una idea diferente al deseo de dormir, alrededor de la cama, distractores preparados para sabotearme se aprestan a ofrecerse, un par de libros, el celular, un cubo rubik, media botella de tequila, una agenda de notas, la lista de nombres de personas a las que regularmente olvido.  Esa lista es un asunto importante para mí, hay nombres de personas que olvido, o rostros que se quedan sin nombre, o las dos cosas, entonces cuando los recuerdo, en esos momentos en los que nada se conecta con ellos aparecen de pronto, sin más, como un reclamo en la memoria, como si fuesen un arco iris. Me gusta pensar que son como un acuerdo de la memoria conmigo, ella me dice, estaré aquí sin olvidar nada, solo debes entrar tranquilamente y buscar lo que quieras.

Mentalmente recorro el closet, pretendo saber la ropa que me pondré para ir al trabajo.  A la izquierda los sacos con su pantalón respectivo, a su derecha las corbatas, luego las camisetas blancas, después las camisas y en el extremo derecho las chaquetas que uso el fin de semana.  Pienso que usaré un traje gris y una camisa azul, me pondré la corbata amarilla.  Sigo sin dormir, ¿En dónde encontraré el botón de apagado?  Anoche leí el titular de una noticia, en China construirán una fábrica para hacer robots.  Me sorprende la bobería intelectual de los humanos, no hemos sido capaces de construir una humanidad sostenible y ya estamos construyendo imitaciones baratas de nuestra mecánica.

Insisto en dormir.  El cuerpo no.

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