Diarios Innecesarios II

Era tarde para la tarde y temprano para la noche. La reunión estaba planeada para una hora antes, era necesaria, casi urgente. Ahora que lo digo, me pregunto la diferencia entre una urgencia y algo casi urgente, debe ser ninguna, o quizá lo casi no existe. En este pequeño instante en el que escribo pequeñas voces en mi nombre, sí, ahora, paso un trago de tequila servido en una copa de aguardiente, cosas que pasan cuando uno no tiene un bar apropiado para el ocio etílico.

La reunión fue rápida, ¿acaso rápida es un adjetivo apropiado? No lo se, no importa, fueron pocas cosas las revisadas, de hecho, ni siquiera me esforzaré en mencionar lo que sucedió en la reunión, solo me sirve para decir que estaba pensando en salir temprano del trabajo pero debí postergar la salida por ese compromiso. Los pies se declararon cansados, la cabeza insistió en partir, tomé la chaqueta, busqué camino hasta el ascensor, me encontré a alguien, hablamos de algo que no recuerdo.

La calle se tragaba el frío, el frío se tragaba la calle, dos bocas abiertas y con hambre siguieron mis pasos, busqué un lugar donde conseguir transporte para ir a la casa, debí caminar varias cuadras hasta lograrlo. Había un asiento disponible, pensé en dormir, pensé en darle color de voces a la noche, no ocurrió. Unas muchachas hablaban adelante, una señora se quejaba del aire, un hombre miraba con obsenidad la piel desnuda entre la blusa y el pantalón de una de las muchachas, una línea roja era la prueba del color de la ropa interior de ella.

Los pies insistían en el descanso, a unas calles de mi casa hay un centro comercial, ahí fui a comprar una botella de tequila, debí hablar por teléfono un par de minutos mientras buscaba el lugar en donde están los licores, luego varias personas pasaron antes que yo a pagar en la caja, una espera, otra espera, atiende un muchacho que me hace pensar en mis días antiguos. ¿Cuáles serían esos días? No importa ahora, o bueno, solo para mencionarlos, me acordé de cuando estuve trabajando en un supermercado.

Después de salir del centro comercial, pasé por un sitio en donde venden empanadas, pido una, error, el sabor no es agradable, parece que su fecha de expiración ha sido superada, o quizá peor, está mal preparada, me afano por mi estómago, me afano por no enfermarme, dejo la empanada en una esquina donde hay unas bolsas con desperdicios, no me la pude comer, no la quise comer, no era agradable el sabor, sabía a peligro.

En la casa, una copa, la botella, sentarme, ver hacia el techo. Romper el dolor con licor por un rato.

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