humo

Heme aquí, desbordado por anuncios sin certeza, abrigado en la duda y con la confianza hecha humo. La seguí, le creí, me convencí que sus caricias y sus besos eran río y canto de un corazón fecundo. Heme aquí, con un puñal en la mano derecha viéndola a ella abrirse el pecho para mostrarme que ahí, sin corazón, solo anidaba una quimera.

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