Historias Revendidas

El primer libro que escribió fue cuatro años atrás, este era el cuarto y según decía en los medios de comunicación y en las charlas con los amigos ya tenía listo el quinto. Lo conocí una noche después de un conversatorio sobre el arte como único acuerdo necesario para la libertad de los pueblos. Al terminar la conferencia salí con Jorge, iríamos por unas cervezas a un bar cercano, estaba lloviendo y con la idea de que cesaría la lluvia pronto esperamos junto a la puerta que daba entrada al auditorio y comunicaba con la calle. Jorge me empujó un poco para que yo prestara atención, era él, iba solo y se quedó pensando ante la lluvia, igual que nosotros se quedó esperando un clima más apto para caminar sin paraguas.

El saludo fue simple, no tuvimos que hacer presentaciones o extendernos en entender que habíamos estado en el mismo lugar y que seguramente teníamos una afición parecida ya que estábamos en el lugar. Se presentó como Juan, Juan Antonio Santos. Le dijimos en coro con Jorge -San Antonio o San Juan. Su risa nos contagió, le pareció cómico el comentario. Un cuarto de hora después estábamos en un bar tomando cerveza, antes de atreverse a pedir nos dijo que se había quedado corto de efectivo y no había traído las tarjetas. Yo me ofrecí a pagar, ese día había sido día de pago en la oficina y las cervezas en ese bar no eran costosas. A la una de la mañana sabíamos que estábamos tocados delicada y sutilmente por la ebriedad, así que yo pensando en la hora a la cual debía llegar a la oficina y Jorge pensando en que tenía clase a las siete de la mañana nos despedimos, eso sí, Juan Antonio me pidió que lo acercara a su casa. Ya borrachos unas calles más en el taxi no me importaban.

Volvimos a vernos en una venta de inventario que hacía una editorial, Yo iba con María, se me acercó a saludarme e hicimos las presentaciones apropiadas. Ese fue el primer día de muchos que yo tendría que aguantarme el dolor que solo pueden producir los celos. Aún no supe como logró sacar dos libros sin pagarlos, era un desconocido y un ladrón cuando tenía que serlo. Yo me sentí avergonzado, en cambio a María le pareció una delicadeza propia de los que aman la literatura. Ella se los compró por el mismo precio que los vendían, yo le presté la plata que como era de suponerse ella no me devolvería. Jorge llegó tarde, entró con Juan Antonio al sitio en donde estaban vendiendo los libros, mientras que Yo y María nos hacíamos cosquillas en un parque cerca del lugar.

Esa tarde estuvimos en una licorera, ayudó a pagar con la plata de los libros robados que le vendió a María y que Yo compré. Jorge me contaría unos días después que a él si no le pareció correcto robarse los libros y lo había obligado entrar a devolverlos. Jorge mide más de un metro ochenta y se ve amenazador cuando presume al cerrar el puño. Yo le dije lo de los libros, me hizo un gesto y se enojó conmigo. A las nueve de la noche fuimos a un bar en donde había música en vivo, él era conocido de los dueños del lugar, nos atendieron bastante bien, esa noche intercambiamos números de celular, direcciones de correo electrónico y un par de días después éramos amigos virtuales. María se vio con él sin que yo lo supiera, esa sería una constante durante ese año.

Ese año su novela fue publicada con el esfuerzo económico de sus amigos, me conté entre ellos, pagué doble porque María me pidió prestado según ella para comprar unas cosas para su apartamento, supe yo que la plata había terminado en el mismo fondo, María no me devolvió la plata. Yo leí la novela cuando fue publicada, la leí la misma noche en que la tuve en mis manos. El enojo fue conmigo, había sido evidente que Juan Antonio tomaba las historias que vivía con nosotros para alimentarse de ellas, parásito de las vivencias ajenas. Pequé de estúpido hasta esa noche, a la madrugada llamé a María y sin razón aparente di por terminada la relación. Durante los siguientes tres meses ella estuvo buscándome, yo apenas le ponía atención y me despedía de ella, unas veces por teléfono, otras en el Messenger, y unas pocas cuando nos encontrábamos en los mismos lugares. El dolor era intenso, un dolor que me costó varios kilos de peso, me llevó a beber casi a ritmo de alcohólico y una inconstancia y dejadez en la oficina que casi me deja sin trabajo.

Jorge estuvo conmigo esos tres meses, él no quiso decirme nunca nada, ante todo la prudencia. Somos buenos amigos con Jorge y comprendí que no quisiera alertarme, para él la intimidad es un asunto de absoluta privacidad, es inconcebible para él que alguien se atreva a decir algo acerca de la intimidad de los otros. No me acompañó a todas las veces en las que me embriagué, pero estuvo conmigo. Por esos meses estaba con una novia, ella generosa con él, llevaba siempre una amiga para hacer dos parejas e ir al cine o a comer. Eso me ayudó bastante, sobre todo porque conocí a una muchacha que se ufanaba de equilibrar las energías de todos, a mí me ponía las manos sobre la cabeza y yo me quedaba dormido, tenía que despertarme, claro que luego me sentía bien por los siguientes tres o cuatro días.

Yo estaba en una de las librerías del centro cuando vi a Juan Antonio, se me acercó efusivamente y tuve que saludarlo. Había utilizado muchas excusas para no verlo, para no encontrármelo pero ahí fue inevitable. La noche anterior la amiga de Jorge me había puesto sus manos en la cabeza, habíamos hecho el amor y por la mañana me había bañado con agua de no sé qué hierbas. Estaba en estado de equilibrio, la verdad es que no me impactó tanto como temía, así que hablamos un rato, me contó que lo habían contratado para publicar un segundo libro, que el primero había sido un éxito real, incluso en varios países lo estaban vendiendo. Me alegré por él. Me preguntó por María, le dije que ya era una relación que debía quemarse para que de las cenizas surgiera una nueva, más fuerte, en un estado más cercano al alma. Se lo creyó y yo también.

A Jorge el amor le duró ocho meses. Durante los últimos cuatro volvimos a encontrarnos de manera frecuente, no nos embriagamos como el año anterior y las historias de Jorge, así como las que yo vivía con la amiga de Jorge, fueron nuevamente presa del apetito con el que vivía Juan Antonio. Su segundo libro lo leí como si hubiera pasado por sobre un directorio telefónico, me importó nada, a quien le molestó mucho fue a Jorge. Se vio retratado como un verdadero fiasco, como si todo en él solo fuese un remedo de amante. El segundo libro fue un éxito. Más que el primero.

En el tercer año de conocernos Yo viajé al exterior y dejé de ver a Juan Antonio durante seis meses. Él me escribía por correo electrónico, hablábamos por Messenger o Skype. Jorge no lo vio durante esos meses. María y Yo nos encontramos en Madrid, ella estaba estudiando y Yo había ido a trabajar. La soledad y el corazón de la venganza me hicieron caer sin mucha precaución. El tercer libro fue un fiasco. No tenía la misma emotividad de los dos primeros. No se si María y él habían vuelto a verse, en Enero del año en que salió su cuarto libro Yo volví de Madrid, María volvió un mes después. En febrero volvimos a salir con Juan Antonio.

Esta vez se aparecía repentinamente por mi apartamento, o me llamaba para pasar por mi trabajo y de ahí salir a alguna parte. Mi relación con María me parecía a mí que debía ser un asunto de adultos mayores, Yo pensaba en ella como la persona con la cual pasaría mis días y creía firmemente en ella. Ese año el trabajo estuvo agotador, cada vez exigían más en la oficina, Yo salía más tarde y nos veíamos con María y Juan Antonio los fines de semana, lo que no habíamos hecho entre semana lo hacíamos el viernes y el sábado. El semblante de Juan Antonio cambió en ese tiempo.

El cuarto libro fue un éxito. Yo lo leí la misma semana en que se empezó a vender en las librerías, ya mi ánimo por la literatura había decaído. El enojo no se me pasó y aún no se me pasa. Esta vez parecía una continuación del primero, o del segundo. Nuevamente la infidelidad de María había sido un asunto de diario vivir para ellos. A mí se me pasó por la nariz todo y no lo ví. Jorge había viajado a Brasil. Lo llamé para contarle y apenas se rió de mí, una risa amistosa que me contagió porque él tenía una idea para que pudiéramos vengarnos.

El tío de Jorge tiene una imprenta. El tío de Jorge tiene un local donde venden sellos de caucho. El tío de Jorge vende ruedas para camiones y neumáticos para bicicletas. El tío de Jorge vende y compra aserrín y muñecos de trapo. El tío de Jorge es un comerciante de no se sabe cuántos misterios. El portátil de María algunas veces se queda en mi apartamento porque Yo no discutí con ella y me hice el que no estaba enterado de su infidelidad. María va y viene por mi vida como si creyera que todo está normal. En el portátil de María encontré el archivo fuente de la novela exitosa. Hice mi mejor esfuerzo como economista y como antiguo aspirante a escritor.

El libro de Juan Antonio se vendía en las librerías a 18 Euros. En la calle los libros pirata se venden aproximadamente a 5 Euros. Yo tomé de mis ahorros y subsidié uno de los negocios adicionales del tío de Jorge, desde Brasil también colaboró con unos reales. El libro salió a venderse en las principales ciudades del país a la módica suma de 1 Euro, de manera que el libro vendido en las librerías difícilmente competiría con los precios de la calle. Realmente fue un éxito en ventas. A Juan Antonio no le importaba eso, a él ya le habían pagado. Bueno, eso dijo hasta cuando leyó uno de los libros piratas que se vendían en las calles, en el libro, él su personaje se había vuelto zoofílico y confesaba que solo cuando había ido al psiquiatra había comprendido que sus relaciones eran una mentira.

Oscar Vargas Duarte

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