Cucú desconocido

Eran las tres de la tarde y el teléfono vibró en el bolsillo del pantalón.  Aunque la mano derecha ingresó fácilmente para sacarlo y  contestar la llamada al otro lado de la línea ya habían colgado.  Esperé a que volvieran a timbrar y no lo hicieron, no quise devolver la llamada y me acomodé en le sofá, encendí el televisor y antes de diez minutos estaba dormido.  A las cuatro de la tarde timbró el teléfono, esta vez el sonido surgió de la mesa de centro, entre dormido me levanté para tomar el teléfono, pasó lo mismo, nuevamente habían colgado.   Marqué al número, no me contestaron, me quedé viendo el celular mientras esperaba a que volviera a sonar, no ocurrió.

Estaban pasando un partido de la liga inglesa de fútbol, según recordaba yo había dejado el televisor en un canal en el que pasan series y no dan fútbol.  No encontraba el control, había estado debajo de mi cuerpo, seguro que presioné los botones y por eso se cambió de canal.  

En la nevera una botella de jugo de naranja ya empezada y una lata de coca cola me tuvieron durante cinco segundos decidiendo que tomar, unos minutos después estaba tomando coca cola y comiendo galletas de sal.  El sofá siguió siendo atractivo para dormir un rato más.  Cambié de canal, dejé uno en el que daban una serie policiaca.  Antes de quedarme dormido había mirado el celular nuevamente y había confirmado que ninguno de los dos números desde los cuales había recibido la llamada eran de personas conocidas.

A las seis de la tarde me despertó el timbre del celular.  Una nueva llamada, otro número desconocido.  Revisé y a las cinco estaba registrada otra de un número diferente.  Llamé a los cuatro números que aparecían en mi lista de llamadas perdidas, ninguno de los números contestó.  Tomé un saco, me puse los zapatos y salí para ir por un café.  Apenas había caminado dos calles y el celular vibró en el bolsillo, lo saqué con prisa y contesté.   María estaba cerca y me preguntaba si podríamos ir a cine.  Mientras tomaba café en un sitio en el centro comercial llegó ella.  Fuimos hasta el cinema, escogimos la película, compramos bebidas e ingresamos a la sala.  María me habló de una cosa y de otra mientras la pantalla estaba oscura.

La película estuvo bien, entretenida, más cómica de lo que esperábamos.  Reímos y ambos sentimos que fue un buen momento.  Nos tomamos un café y mientras hablábamos nos dieron las diez de la noche, hora en la que volvió a sonar el celular.  Era mi hermano confirmando que tendríamos asado en su casa.  Hora indicada para llegar desde las once de la mañana, mi compromiso eran las bebidas.  Al revisar encontré llamadas perdidas a las siete, ocho y nueve.  También había una a las diez, no me había fijado en las tres primeras y esta cuarta entró justo cuando mi hermano me hablaba.

Algunas noches coincidimos con María en los deseos que ocultamos y tomamos la decisión de dormir juntos.  A veces es incomprensible, ella tiene novio y cuando viene a verme apaga su celular para tener como excusa que se descargó la batería.  Igual le dice que estuvo en casa de una de sus amigas.  Yo no apago el mío pero debo prometer que no contestaré llamadas mientras desafiamos la sensibilidad de nuestros cuerpos.  El celular timbró una hora tras otra, en punto de cada hora.  El asunto empezó a molestarme a las tres de la mañana y lo apagué.

Hicimos desayuno con María.  Huevos con  mazorca, café, jugo de naranja y pan.  A las once tomamos un taxi en la calle, la llevé a su apartamento y al despedirse me dijo que la llamara al llegar a donde mi hermano, ese era mi destino final.  Aún estaba el celular apagado.  Otra vez llamadas perdidas a la hora en punto, también habían unas de mi hermano, le marqué, me recordaba que llevara la cerveza.

En la casa de mi hermano estaba el novio de María, saludé y al mismo tiempo iba repartiendo cerveza.  Aún no eran las doce, quedaban unos minutos, me quedé observando el celular, tenía que llamar a María para confirmarle que había llegado bien.  Alguien me habló, me preguntaba por mi trabajo, quería saber si podría ayudarle a ella con algo de lo que se supone soy experto, quedamos en que revisaríamos esa semana.  Tendríamos una cita el miércoles al empezar la noche.

Al ver al novio de María vi que estaba colgando, miré mi celular y vi una llamada perdida a las doce en punto. Pensé que había sido él quien me llamaba.  Le timbré a María, el celular estaba apagado, marqué al teléfono fijo, contestó, me dijo que ya encendía el celular, mientras revisaba encontró las llamadas perdidas del novio, le conté que estaba ahí donde mi hermano, se rió a carcajadas y me hizo prometer que me portaría absolutamente decente.  Colgamos.  Unos segundos después el novio de María le estaba insistiendo para que también viniera al asado.  Ella no vino.

Le conté a mi hermano lo de las llamadas.  Escribimos cada uno de los números y llamamos desde el celular de él, en cada ocasión el mensaje fue el mismo, `el número al que acaba de llamar no ha sido asignado`.  Hicimos el mismo ejercicio desde el celular de mi cuñada, 21 llamadas con el mismo resultado, en cambio al hacerlo desde el mío sencillamente timbraba sin que al otro lado de la línea alguien contestara.

El novio de María tomaba su celular y el mío sonaba unos segundos después, me pareció extraño, le pedí prestado el celular  con una excusa cualquiera, entonces sin que él estuviera viendo revisé la lista de sus números marcados, todos estaban borrados.  Marqué desde su celular a uno de los números de la lista, la respuesta fue la misma que recibí al hacerlo desde el de mi hermano y mi cuñada.

Sobre las nueve de la noche Yo creía que era el novio de María el que llamaba a fastidiarme, algo estaría haciendo para cambiar el número y llamarme´ Quería pelearle, antes de hacerlo llamé a María, antes de que yo le dijera cualquier cosa me contó que ella también estaba recibiendo una llamada en punto cada hora, soltó la risa, era su novio que la llamaba.  No le busqué pleito al novio de María, no era él.

El celular sigue timbrando cada hora, ahora no contesto.  A veces timbra una, dos o tres veces, lo máximo que timbra son doce veces.

Oscar Vargas Duarte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s