Oscuridad

La mujer se desprendió de la ropa, no quiso insistir más en saber por qué no debía encender la luz de la habitación.  Así sería, otro tímido que no quería ser observado, solo tocar y manosear.  Eran las siete de la noche, la llamada para el servicio la había recibido de una amiga que no podía ir a trabajar con este cliente porque estaría en una despedida de solteros.  Se metió en la cama, tocó las piernas del hombre, sintió la piel fría, dejó que las palabras acostumbradas salieran de su boca, pasó por el estómago, llegó despacio al cuello, el hombre le atrapó las manos, le dio una tela, unos segundos después estaba con los ojos vendados.  Oscuridad tras oscuridad.

Fue rápido, como preparar un coctel. La misma receta, el mismo resultado.  Fue a la ducha, siguió en la oscuridad, no quiso que le pidieran apagar la luz, estuvo con los ojos cerrados aseándose, se sorprendió al haberse cepillado los dientes sin verse en el espejo.  El maquillaje sería un problema, no podría hacerlo sin la luz, lo pensó un par de minutos, decidió salir sin maquillarse.  Abrió la puerta del baño, vio la cama, el hombre no estaba, buscó la puerta de salida y se marchó del motel caminando sin prisa.

La calle del motel era solitaria, las calles siguientes estaban concurridas.  Caminó despacio, encontró una cafetería, entró y pidió una bebida fría, la bebió mientras observaba uno tras otro los números de su celular, las llamadas perdidas, los clientes perdidos, encontró un mensaje de su amiga preguntando si todo había estado bien, contestó y preguntó por el cliente, ella le respondió que con ella era también del mismo modo.  Pagó y salió a buscar un taxi para volver a su lugar de costumbre para el trabajo.

El taxi dio una vuelta para retomar los pasos que ella había dado, desandaba las calles y pasaba frente al motel, luego seguiría hasta encontrar la avenida.  Al pasar frente al motel recordó al niño que había visto cuando entró, ya no estaba.  En el semáforo un hombre mendigaba acompañado de un niño, reconoció al niño, era el que estaba en la entrada del motel, vio al hombre que estaba a su lado, al ver su rostro comprendió rápidamente la ceguera, el taxista interpretó velozmente el cambio de colores, pasó a verde, y ella no pudo ver más al hombre.

Oscar Vargas Duarte

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