Palabras de sangre

Ella se aproximó hasta mi oficina en la tarde, me preguntó si la acompañaba a la cafetería a comprar algo, respondí que sí, salimos hasta la cafetería, en la cafetería pidió una aromática, yo pedí un café oscuro, entonces nos sentamos alrededor de una mesa, ella estuvo mirándome sin decir nada, en un minuto tomó impulso y me dijo que me amaba.  — Te amo, y quiero que nos demos la oportunidad de estar juntos, hay muchas cosas que nos han alejado y tal vez todas estas ocurren porque equivocamos la manera de decirnos las cosas.  La miré sin otra pretensión que la de satisfacerme con la luz de sus ojos.  — Sabes que te amo desde aquella vez en que tu voz llovió en mis oídos.  Esta vez ella me tomó la mano, aproximó su rostro y me dió un beso en la boca.  — Comiste chocolatina? — Sí. — Fue un beso chocolatinoso.  Sonreímos, nos volvimos a besar.  Salimos de la cafetería, en la calle el aire frío parecía desbordarlo todo, aún así, los dos caminábamos en el calor de nuestro sentimiento.  Unos meses después del año en que celebramos nuestro primer aniversario como novios estábamos de luna de miel en un país europeo.  Ese mismo día la acompañé a su casa, ella aproximó la boca hasta la mía, volvió a besarme, me pidió cerrar los ojos, tomó mis manos y las puso en mi espalda, luego me mordió con tal intensidad los labios, antes de que pudiera zafarme estaba sangrando.  — Es para que se te salga cualquier veneno que pudieras tener en tu boca, así solo me hablarás y besarás con el amor que salta en tu pecho.

 

Oscar Vargas Duarte

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