Deseos para mentir

De cuatro, cada tres pensamientos son un acontecimiento que se sucede en nombre de su amada. Es su amada, solo sabe que él la ama, no es su amante porque amante es una palabra activa que exige movimiento, génesis, interacción y gloria entre dos. Amada es una palabra para designar al sujeto pasivo que puede, como en este caso, no estar interesado en él que la piensa. Hoy está dolido, sufre de perturbaciones cíclicas, entre minuto y minuto debe observar sus pensamientos para intentar, de la peor manera, dejar de pensarla. A las tres de la tarde la encuentra en el café en el que algunas veces se encuentran, la mira, la saluda, aprieta el puño, va hasta la caja, paga lo que ha pedido, piensa en retirarse rápidamente, por casualidad la escucha reirse, a él le gusta su risa, sale viciado, en modo alguno considera que puede cumplir su propósito. En la calle, se dedica a ver a las personas, las ve tranquilas, sin dolores, él en cambio se siente más agrietado en cada paso.

De cuatro, cada tres acciones que él realiza son para sustraerse en actividades que le permitan concentrarse y olvidar sus grietas, no siempre funciona, nunca funciona, a veces funciona, es un asunto doloroso. La noche se cobra una cuota de sacrificio importante, es silenciosa, se consume en el frío, la cama solitaria fatiga con vacíos entre las sábanas. Las ojeras son de lo que no se puede hacer de día, él da una vuelta y la repite, siente frío en los pies, se dobla, trata de encontrar una tibieza que lo duerma, el sueño no llega, piensa en dejarse llevar por la fantasía, no lo logra, vuelve a ella, entonces, se queda dormido, dormido a medias, se despierta nuevamente y va por agua a la cocina, vuelve a la cama, por suerte se queda dormida, la noche se conduele y lo abriga.

De cuatro, cada tres fijaciones son por ella, la primera es estar cerca, poder sentir su perfume, la segunda abrazarla, tomarle con ternura el rostro, la tercera es darle un beso en la boca. La cuarta fijación, la que siempre estaba en primer lugar antes de cualquier otra idea, antes de conocerla a ella, es tomar el cuello de una mujer y estrangularlo sin pensar en besos o ternuras.



Oscar Vargas Duarte

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