De puta madre que no me leas

Salimos a tomar algo por fuera de la casa, yo fui con la intención de beber un café oscuro, amargo, sin dulce, ella, lo he sabido desde siempre, agua aromática.  Para pedir el agua aromática preguntaría por todos los sabores disponibles, después de esto diría que no había el de su gusto, a lo que sumaría una prolongación de palabras sobre la indisponibilidad en ese sitio de lo que ella como cliente esperaba, varias veces, decía ella, si no es que todas, le ocurría lo mismo.  Pedía, al final, como yo también lo sabía, un agua aromática de frutas, frutos rojos.  Yo la miré de manera despreocupada, busqué una mesa en donde pudiera sentirme cómodo, no tengo idea de por qué se me ocurrió llevar el periódico pero ahí estaba con él en la mano, así que empecé a hojearlo, ella me pidió que le buscara algo para leer; en esa cafetería hay disponibles para todos los clientes revistas de todos los ámbitos, llevé cuatro, moda, cine, decoración y arquitectura. Las tomó y empezó a buscarles la fecha de publicación, por supuesto todas eran de números anteriores a la edición actual, nuevamente aprovechó para recitar el aprendido rito con el que criticaba al lugar al que íbamos a tomar café.  Algún día le propuse ir a un café, a un par de calles, donde a mi entender la atención y el sitio eran mejores, no quiso, le pareció muy lejos.

Ella tomó las revistas, tiene un interés sincero por la arquitectura aunque esa no es su profesión, La olvidé mientras mecánicamente iba tomando café y leyendo, supongo que ella hacía lo mismo, las hojas del periódico se doblaban entre mis manos.  Encontré un artículo de Umberto Eco, una columna interesante sobre la fiabilidad de la ciencia, releí la columna, luego di vueltas entre las noticias deportivas y las judiciales.  En un lugar de la ciudad un hombre había cortado el cuello de su esposa, después de hacerlo, fue hasta la estación de policía, se presentó confesando el homicidio, alegó que la encontró con un amante, el cual intentó agredirlo, él se defendió, después de golpear al amante y expulsarlo de la casa, su esposa, la difunta, intentó golpearlo con un objeto que él no recuerda, entonces se defendió y ocurrió lo que estaba confesando.  Acto seguido el hombre quiso retirarse de la estación de policía, él consideraba que siendo un homicidio en defensa propia no debía purgar pena alguna.  El hombre fue puesto a disposición de un juez que lo condenaría a varios años de cárcel. Uno de los jugadores de la selección de fútbol nacional se lesionó en un entrenamiento, dos meses de recuperación.  Una modelo es la amante de un exitoso deportista, hay varias fotos de la mujer, en diferentes actividades de su vida.  Una noticia y otra pasan por mis ojos hasta que siento un pie que después de subir por mi pierna se encaja suavemente entre las piernas, bajo el periódico y es ella, le sonrío.

El contenido de las revistas que traje para ella no le pareció interesante, así que después de reclamarme por no saber escoger me pide ir por otras, voy, me encuentro por el camino con una vecina que siempre utiliza blusas con escote, a lo que yo no puedo contenerme, así que la miro primero al pecho y luego a los ojos, me observa con indignación, yo la observo con gusto, ella sabe acomodar bien sus atributos, ha de pensar de mí que soy un cretino, yo solo pienso que es porque fui amamantado hasta los tres años.  La saludo brevemente, es decir, trato de pronunciar unas palabras y termino solo haciendo un gesto con la boca y los ojos.  Una de las mujeres que atiende en la cafetería es una hermosa muchacha cuya edad no debe superar los veintitrés años, cuando voy solo, sin mi esposa, tengo la impresión de que me coquetea, me saluda con mi nombre, sabe lo que voy a pedir y me hace preguntas simples, cómo estás, qué tal el trabajo, ayer no vino, le gusta el día, etc.  Yo me siento el hombre más importante del mundo, es como si esa mujer hermosa fuese todas las mujeres al mismo tiempo, soy muy amable con ella sin intentar propasarme. Cuando voy con mi esposa, se dirige a mí como a todos los clientes, apenas si me mira, yo sé que me ignora a propósito, eso me hace sentir que soy todos los hombres al mismo tiempo, que en ese espacio de tiempo ella no piensa en nadie más que en mí.  Son pensamientos que me surgen al ir por las otras revistas para mi esposa.

Algunos días he visto a este muchacho, es delgado, usa pantalones desgastados, camiseta blanca y tenis del mismo color, trata de ordenar su desarreglado cabello pasando varias veces su mano por la cabeza, el muchacho está de pie junto al mostrador de la cafetería esperando que la mujer hermosa le hable mientras no hay clientes.  Ella le sonríe, la hace algún gesto que seguro significa que debe esperar a que ella se acerque.   Yo he visto que le ayuda con algún tipo de tarea contable que ella hace con la información de las facturas, él ayuda a ordenar, parece ser bueno organizando.  Mientras ella concentra su mirada en las hojas él contempla los ojos color café de la muchacha, color café claro, parece quedar perplejo ante ellos.  Ella se mueve, le pasa otra factura y entonces se queda viendo sus manos.  El joven se mantiene en espera, yo paso por su lado, tomo unas revistas, esta vez van seis, devuelvo las cuatro que había llevado.

Al volver hacia la mesa con mi esposa, noto que al muchacho se le cae una hoja de papel, al mismo instante dejo caer una revista sobre el papel, me agacho y levanto el papel y la revista.  Mi esposa había tomado el periódico, pongo las revistas cerca de su mano, y tomo una para mí, en medio de ella dejo la hoja, es una nota poética, empieza con una expresión sutil de admiración, luego pone un poema de expectación ante la posible amante, después en un párrafo refleja el amor que siente y al final cierra con el descubrimiento del amor pleno.  Me parece hermoso y deseo compartirlo con mi esposa. Se lo paso, le digo como ha llegado a mis manos, espero a que lo lea, estoy con una sonrisa de expectación, quiero que ella asienta lo que yo estoy pensando, que es una nota de amor maravillosa. Pienso en los textos que escribo en mi blog, son textos de amor como ese, llenos de suaves dulces y ternuras amargas.  En ese momento estoy ya pensando en mis publicaciones en mi blog, ya estoy pensando en decirle a mi esposa que esa nota se parece a lo que escribo.

Mi esposa me dice en voz baja, esto no sirve para nada, son pendejadas de niños inmaduros, ese joven ya debería comportarse como adulto.  La hoja vuelve a mi mano, le digo a mi esposa que voy a devolverla, hago un truco para dejarla junto a los pies del joven, le advierto que se le ha caído algo, él la levanta del piso y me agradece.

En la mesa nuevamente, mi esposa concentrada en una revista, levanto el periódico, no creo que pueda concentrarme en leer algún artículo, pienso en mi blog y en mi esposa, y como si del estribillo de una canción se tratara, voy diciendo “de puta madre que no me leas”

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