INSTINT-RTE 3

Viviana se despertó nuevamente a las ocho de la mañana, no escuchaba
ruidos y pensó que el apartamento estaba vacío, tuvo una sensación de
claustrofobia momentánea, aún así, se levantó de la cama, se colocó una
sudadera y se dejó la blusa con la que había dormido. Salió a la sala,
pensó en los colores, en la posición de los muebles, vio luces y
sombras, formas y objetos. Caminó por la cocina, fue al baño que a ella
le correspondía, no lo había hecho la noche anterior de manera que
aprovechó para organizar shampoo, cremas, protectores, cepillo de
dientes, y otros objetos personales. Le pareció que el espacio se
acomodaba de manera precisa a sus necesidades, se vio en el espejo, tomo
el cepillo de dientes, el dentífrico y empezó a cepillarse. Mientras
el movimiento iba arriba y abajo tarareaba la canción de un comercial de
televisión. Miro su rostro en el espejo, encontró señales de limpieza
mal adelantada, tomó un papel y lo limpió.Salió del baño, pensó que yo estaba durmiendo y se atrevió a entrar a mi
cuarto, la puerta estaba abierta, ingresó sin hacer ruido, pasé junto a
un mueble que contiene libros, se detuvo, empezó a verlos, una hilera,
luego otra, siguió hasta que pudo ver la cama vacía, desde la posición
en donde estaba pudo ver la puerta del baño de mi cuarto abierta, no
creyó que estuviera ahí así que se fue a la sala nuevamente. Se
sorprendió al no encontrarme. Fue por la sala, entró al cuarto de
estudio, ahí se entretuvo viendo las hileras de libros, tomó uno, iba a
empezar a leerlo pero se arrepintió, lo volvió a dejar en el mueble,
‘hombres y engranajes’ de Ernesto Sábato.

El libro lo compró una amiga, ella estaba caminando por el centro,
estaba buscando un almacén en el que vendieran lana, agujas e hilo. Mi
amiga ejercita su paciendo tejiendo sacos. Mientras buscaba el almacén
se vio acosada por un joven de los que viven en la calle, le pedía una
moneda para ir a comer un pan, mi amiga, asustada, seguía caminando, al
final, ya casi llegando al almacén el joven se plantó frente a ella y le
dijo que le comprara ese libro, que le diera alguna cosa por el libro
que con eso tendría para comerse un pan y una bebida caliente. El trato
se hizo rápido, luego ella entró al almacén compró la lana, escogió el
color rojo, un mes después el saco estaba en el closet de su novio. Nos
encontramos por casualidad, ella caminaba hacia el lugar en donde tenía
el auto, yo iba por ahí dando suspiros, sin rumbo fijo, el joven de la
calle estaba otra vez tras ella, le pedía el libro, ahí llegué y
entonces el joven se retiró sin haber tenido éxito al tratar de
recuperar el libro.

Viviana paseó por la cocina, pasear es una palabra con una inmensa
estatura, en realidad dio cuatro o cinco pasos, abrió la nevera, tomó un
yogurth, buscó un vaso, puso el contenido en él, y sintió que los
pezones apreciaban el frío, no se percató que se empezaron a notar bajo
su blusa. Volvió a la sala, vio la puerta del balcón, la abrió y ahí me
encontró. Había adquirido el mal hábito de levantarme con una ruana de
lana, me iba al balcón, llevaba varios libros y empezaba a leerlos ahí
hasta que el hambre me obligaba a recargar a mi estómago. Sobre una
alfombra, con los pies sobre una de las paredes del balcón, viendo hacia
el techo, así estaba cuando la puerta dejó que por ella atravesara
Viviana. Me saludó como si nos conociésemos de toda la vida.

Pasé de estar acostado sobre la alfombra que me acompañaba en el balcón a
estar sentado, me preguntó que libro leía y cuando lo pasé para que
ella lo tomara, entonces se agachó un poco y mis ojos no pudieron pasar
desapercibido el escote y menos la manera en como el frío de la nevera
había impactado en la cima de sus senos. Me avergoncé, pero ella sonrió
y se puso el libro sobre su pecho, entonces me dijo, es mejor que tus
ojos se apasionen por las letras y no te ocupes de distracciones. Tuve
que reir y ofrecer mis más sinceras disculpas.

Fuimos a desayunar a una cafetería que está a unas calles, venden pan,
yo nunca he sabido si es panadería y venden café o cafetería y venden
pan. Ella me contó de su primer fin de semana en la ciudad, tomó un
autobus y se fue al centro de la ciudad a conocer uno de los museos. El
domingo es gratis el acceso.

Hay un parque a un par de calles del museo, ahí se sentó a darle de
comer migajas de pan a las palomas, corrió tras ellas, se tomó una foto
mientras una paloma comía pan de su mano, dio un par de vueltas por el
lugar, observó unas construcciones antiguas, preguntó a una persona de
la oficina de turismo acerca de la historia de los edificios, la
información que le dieron le pareció muy vaga, ella quería conocer el
nombre del arquitecto, los años que tardó la construcción, las
remodelaciones, las personas que habían vivido ahí, sin embargo, el
hombre de la oficina de turimo solo le dijo que en ese edificio estaban
las instalaciones de una de la oficina de turismo y que ahí en alguna
época se habían desarrollado reuniones para la presentación de la
primera constitución del país. Ella se despidió y se fue al museo.

Ella escogió el desayuno por mí, fue hermoso saber que mientras tenía
los ojos cerrados ella pedía mi desayuno, luego, cuando lo traían volvió
a pedir que cerrase los ojos, entonces mi dijo que debía adivinar qué
comería. Caldo, con sabor a qué ? huevos en qué presentación ? para
cada cosa tenía una manera de presentarla que me hacía imaginar, y
luego, ese mismo día cuando volvimos al apartamento tuve que sentarme a
escribir como desesperado, escribí poemas, poemas acerca de la
conspiración y la esperanza.

En el museo estuvo apenas en dos de las salas porque se entusiasmó con
cada uno de los objetos que veía, tomaba nota de cada uno de ellos,
pidió que le obsequiaran una hoja en blanco, se la dieron y con un lapiz
que llevaba en su bolso empezó a pintar las sombras que se producían
alrededor de una de las figuras que s exponían en el museo. Varias
personas se hicieron a prudente distancia y la observaban, un joven le
tomó una fotografía y al final cuando terminó de pintar todos se
sorprendieron porque en el papel estaban representadas las sombras y la
luz alrededor del objeto pero el objeto no se veía.

Oscar Vargas Duarte

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