INSTINT-RTE 2

Viviana le explicó primero a la esposa de su jefe y luego a él a que
dedicaba su día libre, a ellos les pareció muy extraño, sin embargo,
después de que a cada uno de ellos les timbró el celular se olvidaron
del tema y todo pareció volver a la normalidad. Viviana llamó a Rebeca,
una amiga del pueblo que había venido a la ciudad desde hacía varios
años. Una cosa lleva a la otra y la conversación terminó en que debía
aventurarse en otras actividades para vivir. Viviana aceptó la
propuesta de buscar en donde poder vivir sin pagar mucho o sin pagar
nada, lo que sería mejor para su situación, luego buscar un trabajo con
una remuneración más importante y poder darle forma a sus deseos.La explicación a sus jefes se las dió un miércoles en la noche, presentó
la carta de renuncia con 45 días de anticipación, por supuesto si
encontraban a otra persona antes ella no tendría problema en abandonar
su cargo. Los siguientes días debió ser más eficiente en sus
actividades, así aprovechó para leer parte de los libros que había
empezado, no inició uno hasta que terminó con todos los que había
comenzado meses antes. Tres semanas después la reemplazó una muchacha.
Se despidió más que de sus jefes, se despidió de los libros y los días
de lectura.

Rebeca había buscado opciones en donde Viviana pudiese vivir sin
problemas, sin embargo, cuando hacían las cuentas monetarias no les
cuadraban, así, mientras sumaban y restaban ella dijo, te vas a vivir
con un amigo que no te cobrará, solo que existen con él ciertos asuntos
que pueden hacer que tu relación con él sea muy compleja o tan simple
que yo empiece a creer que el mundo es perfecto. En la conversación
entre las dos mujeres, Rebeca dejó desprender un par de rocas que le
permitieron a Viviana reconocer algunos secretos que no imaginaba de
ella. Al comienzo le dijo que sus visitas al psicólogo habían sido una
curiosidad propia de sus aventuras intelectuales, luego sin encontrar
maneras de soportar esa aventura debió contarle que había ido a consulta
psicológica porque tenía una serie de visiones que le eran
incomprensibles. Unas veces eran preguntas acerca de realidades que no
conocía, otras simplemente imágenes a las cuales les hacía falta una
parte, como si fuesen un cuadro del cual ella solo podía ver una parte.

Después de que conoció el motivo por el cual regularmente ella iba a
consulta psicológica, vino la pregunta obligada, y qué solución te dió?
Entonces Rebeca le habló de mí. Yo iba al psicólogo porque me parecía
divertido ser el personaje central de una conversación por cuarenta y
cinco minutos, además, me permitía inventar historias y recibir de
primera mano una visión profesional sobre mis imaginaciones, que a mi
entender, y según el rostro de mi interlocutora, parecían consistentes o
no, así, volvía a mi apartamento y las borraba o no según la atención
que había prestado mi psicóloga.

Un día, María Victoria, mi psicóloga y también la psicóloga de Rebeca,
me pidió que escuchara una historia, ella la contó con todos los
detalles, entonces tuve que decirle que ese era el comienzo de una de
mis narraciones, de hecho era la historia exacta antes de que iniciara
el desenlace. Le pedí que me acompañara a mi apartamento, pero ella se
negó, quería mostrarle que yo había escrito esa historia desde antes,
pero ella pensó que solo era una manera mía de invitarle a un rato de
sexo, bueno, tenía razón, yo quería estar un rato con ella, pero en
realidad mi interés primario era mostrarle el texto completo de mi
historia.

María Victoria es una mujer de treinta y cuatro años, ella no sabe pero
antes de que yo pidiera la primera cita con ella vi las fotos que tiene
publicadas en facebook. Fue fácil, busqué entre las psicólogas
adscritas a mi plan prepagado de salud, después hice lo mismo con su
nombre en google, me aparecieron referencias a facebook, hi5 y myspace.
En facebook traté de ver fotos que ella tuviera públicas, sin embargo
ella las tenía restringidas para ser vistas solo por sus amigos. Busqué
entre sus amigos, uno de ellos había publicado sin privacidad todas sus
fotos, las ví, había una de María Victoria, en esa misma había una
referencia a un amigo de ellos que no tenía aún un perfil en la red
social. Ese mismo día me fui a un café internet, creé un perfil con el
nombre de ese amigo que supuse era común a María Victoria y esa persona
que publicó fotos sin privacidad, entonces, lancé el anzuelo, invité a
varios amigos que aparecían en la lista, y volví a la semana siguiente.
Varios me aceptaron y pude ver las fotos que ella solo compartía con
sus amigos. María Victoria es una mujer muy atractiva, asunto que para
mí era importante, quería enamorarme de mi psicóloga. Eliminé el perfil
que utilicé para ver las fotos y pedí mi primera cita.

Rebeca le contó a Viviana que el motivo por el cual había escogido esa
psicóloga y no otra, había sido porque era una mujer muy atractiva, no
es que tuviera interés por personas de su mismo sexo, simplemente quería
contarle sus historias a una mujer que se sintiera atractiva a los
hombres. No supo explicar el por qué de este capricho, a Viviana no le
importó mucho y dejaron el tema inconcluso. La verdad así se quedaría
entre ellas.

Después de quince minutos en que debí explicarle a María Victoria que no
tenía otro interés diferente a mostrarle mis escritos, logré
convencerla de que fuese hasta mi apartamento. Ella no quería y puso
sobre la mesa todas las consideraciones que le eran propias a su
profesionalismo, yo en cambio, insistía en que era importante que ella
supiera que yo había escrito ya ese texto, esa narración que otra de sus
pacientes le había narrado. No me dijo quien era la paciente, yo no
pregunté, pero si le pude decir que ese texto al igual que muchos otros
no los había publicado y por lo tanto no existían razones para que
alguien las conociera.

María Victoria ingresó al apartamento con una confianza que me pareció
sospechosa. Cuando ella notó que en mi rostro se advertía esa sospecha,
me dijo que yo era un paciente sano, con un interés real en
desprenderme de manipulaciones propias de malos aprendizajes y de
represiones no asumidas, pero en ningún caso era un hombre peligroso.
Tomé la caja en donde están guardados mis textos escritos a mano y se la
pasé para que ella misma buscara la historia, sin embargo, no hizo
falta que le indicara cuál era, ella empezó a leer y con las primeras
descubrió una relación sobre la que no hacían falta muchos análisis. El
final de mis historias correspondía con la continuación de los hechos
que Rebeca no sabía en qué terminaban. Ella salió aún con la duda
pensando que era parte de un engaño, aún así, después de varios
juramentos que ella no consideraba necesarios prometió validar el motivo
por el cual sucedía esa coincidencia.

Hubo una sesión en la que Rebeca y yo compartimos durante dos horas una y
otra historia. Incluso había unas que yo no había escrito, sin
embargo, cuando ella contaba la parte que yo no sabía, yo podía
terminarla sin problema alguno, y entonces, después de eso, la
recomendación de María Victoria fue que compartiéramos las historias.
Debieron pasar varias sesiones, unas separadamente y otras en conjunto
antes de que María Victoria nos permitiera pasar a tener una relación de
amigos frecuentes. Así, y no de otro modo, Rebeca obtuvo de mi parte
una confianza absoluta y también ella fue generosa conmigo al sentir lo
mismo.

Un día después Viviana estaba durmiendo junto a Rebeca en un cuarto de
mi apartamento, durmieron acompañadas para que Viviana se sintiera
tranquila, al siguiente día, a las cinco de la mañana Rebeca se despidió
recomendándome a su amiga.

Oscar Vargas Duarte

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