Matrimonio

Pasa, si no siempre, la mayoría de las veces, llevo una cerveza, la
pongo en la mesa al lado de mi cama, lo más lejos que pueda estar de los
objetos que no deben mojarse, pero apenas muevo mi cuerpo parece que en
cadena uno lleva al movimiento del otro y entonces la cerveza da un
giro y cae, eso sí, en esos momentos suele estar llena y se entrega
extensa al orgasmo que le permite dejarse regar sobre la madera.
Llueve. He traído una silla para sentarme junto a la ventana, desde acá
puedo ver los autos que pasan con su luz artificial guiándose hacia un
lugar que yo desconozco. La lluvia derrota a la sed, hoy han ganado
aquellos que oraron porque las nubes se entregaran a la incontinencia.

El olor a cerveza es inevitable, estará así toda la noche, yo dormiré
entre el aroma a sueño y el olor inconfundible de la cerveza derramada.
La lluvia seguirá hasta muy tarde, quizá ni siquiera sepa el momento en
el cual deje de llover, también podría ocurrir que lloverá incesante
hasta el amanecer cuando mi cuerpo reclamado por algún dolor se
despierte. Las luces ahora se multiplican, adicionadas a las de los
autos se han congregado las de los edificios alrededor de la calle, una
ventana empieza como si fuera un faro, luego, todo el edificio se llena
de luz, unos pisos remedan a los otros y las mismas luces se encienden
como si los habitantes de esos apartamentos estuvieran coordinados para
mantenerse en los mismos lugares pero en pisos diferentes.

El teléfono suena, es uno de mis estudiantes que llama a preguntar por
una tarea que recién hace unas horas envié por correo electrónico. Yo
suponía que la verían al siguiente día, pero este se ha adelantado y me
obliga a pensar, sus preguntas son interesantes y quizá superan a la
tarea misma, le hablo con pausas, le reconozco su inteligencia y
entonces lo impulso hacia el lugar en donde se encuentra la respuesta,
él dice gracias, solo quería confirmarlo, no es prepotencia profesor, es
que me siento satisfecho en extremo.

Me pregunto si el joven estudiante tiene novia o novio, si está
comprometido, si es que en su casa alguien está continuamente
evaluándolo. Es el mismo estudiante que cumple con todas sus tareas,
supera siempre las respuestas esperadas en cada evaluación. De seguro
no tiene otra cosa más que el estudio. Yo me tengo a mí, eso ya es una
carga, saber que me tengo a mí y debo confiar mi futuro en alguien de
quien he desconfiado desde mis primeros errores es algo que me preocupa.
La ventana está hecha de gotas de lluvia, no puedo ver con claridad a
la calle, las luces se multiplican en cada gota de agua y la visión de
la calle se me niega.

Hoy no me afeité, ayer tampoco. Esperaba la llamada de una amiga mía,
la verdad creía con certeza de apostador que ella llamaría, no llamó y
por eso no me afeité. Yo salí al supermercado, compré comida, a ella le
gustan el queso y el jamón, el vino y el dulce. Me hice a un buen
inventario de cosas para ofrecerle cuando viniera, pero no llamó y por
supuesto no vino. Compre condones, no es que estuviera exagerando, pero
compré el paquete de seis, estaban en promoción y uno nunca sabe cuando
se le da por entretenerse con juegos y luego en la estocada real no hay
un cauchito con el cual cumplir la acometida.

La botella de cerveza que tenía en la mesa, que cayó sobre la madera y
la inundó con su humedad, esa cerveza ha desaparecido sin otra fidelidad
que la de haber dejado un aroma a bar en mi cuarto. En la nevera debe
haber más, en la nevera nunca hay suficiente cerveza, hay días en que me
tomo una y quiero otra pero no está, la nevera está vacía. Los
condones ahora serán un objeto de lujo en uno de los cajones de la mesa
junto a la cama. He repetido varias veces esta observación que vi
alguna vez en un programa de televisión, para personas como yo, comprar
condones es un acto del azar, son como comprar la lotería, de pronto uno
se la gana o de pronto uno los usa.

En el edificio de enfrente vive una mujer encantadora. Ha de tener
sesenta o más años. Es la abuela de una muchacha de veinte, me gusta la
de veinte pero la abuela me parece fenomenal. Nos encontramos los
domingos en un cafetería a la que vamos a desayunar, antes no
compartíamos la mesa, pero algún día en que no había más lugares yo les
ofrecí compartir la mía, entonces desde ese día, claro después de una
charla cordial, nos hacemos en el mismo lugar, de hecho incluso
concretamos cita. Yo tengo algo menos de cincuenta años, la abuela cree
que le coqueteo, sin embargo, ‘el viejo verde’ ya me está carcomiendo y
es la nieta la que me gusta. La abuela sigue pareciéndome encantadora,
pero no le tocaría un cabello.

La lluvia sigue, continúa, se congracia consigo misma y mantiene su
abundancia. Los autos tampoco ceden, siguen desgastándose para llegar a
su destino último, una pareja camina por la calle, ha de parecerles
romántico ir tomados de la mano mientras la lluvia los eterniza con su
canto de gotas. Dos jóvenes se les acercan, van con un poco más de
prisa que los enamorados, supongo que son enamorados, los alcanzan,
pasan a su lado, no creo que exista un saludo entre las dos parejas, los
jóvenes paran unos pasos adelante, uno de ellos se agacha a ajustar sus
zapatos, la pareja llega hasta ellos dan un paso para adelantarlos, los
jóvenes toman otra actitud, ágilmente toman lo que los enamorados
llevan en sus manos y hombros, salen corriendo a prisa. No llamaré a la
policía, no creo que vengan con la velocidad necesaria.

Sigo viendo por la ventana. El teléfono suena. Pienso por un instante
que es el estudiante nuevamente, miro el reloj, ya no pienso en el
estudiante, creo que es Ángela que llama a reclamar por la no asistencia
a la reunión en casa de su familia el viernes anterior. Me preparo, el
identificador de llamadas confirma que es Ángela.

Angela reclama por mi irresponsabilidad en asumir compromisos y no
cumplirlos, así he hecho desde siempre, aún no entiende como es que me
comprometí en matrimonio con ella, claro, eso sí, unos años después la
dejé abandonada. Yo aún no comprendo como es que ella me recuerda cada
evento que compartimos cada vez que tenemos una discusión, ahora
nuestras discusiones se dan del siguiente modo, ella discute, yo escucho
y acepto todo, eso sí, mantengo mi resolución de seguirme equivocando.
Ella está en casa de sus padres, me llama desde el celular, lo que
seguramente quiere decir que sus padres le reclamaron su incapacidad
para obligarme a asistir a sus reuniones y ella, dolida con razón, salió
al jardín a llamarme.

Ángela repite una y otra vez que no entiende como es que yo me
comprometí con ella si es que no he sido capaz de cumplir todos los
compromisos posteriores. Ella no sabe que su padre me amenazó de muerte
si no me casaba con ella, yo creía que ella estaba embarazada, bueno yo
y su padre creíamos que ella estaba embarazada y entonces cedí ante la
pistola y su oscura intimidación.

Oscar Vargas Duarte

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