INSTINT-RTE

El período de vacaciones entre semestre y semestre era el tiempo durante
el cual se debía visitar a los abuelos. Alguna vez pensó que sus
padres aprovechaban de la generosa disposición de los abuelos para no
tener que preocuparse por sus aventuras en la ciudad. En el periodo de
clases, las ocupaciones estudiantiles no permitían muchas libertades,
así, en las vacaciones cuando el tiempo estaba libre de obligaciones y
podría dedicarse a olfatear con su gusto de joven aventuras riesgosas
sus padres lo enviaban a la finca de los abuelos para evitarle riesgos, o
evitárselos ellos.El pueblo es un pequeño caserío de no más de cien casas, allí creció
hasta cuando cumplió los trece años y sus padres viajaron a la ciudad
por razones que se acumularon y rompieron la conexión que con el pueblo
tenían por herencia.

La muchacha es la hija de unos señores que tienen una finca a dos horas
del pueblo, ella viene al colegio, el mismo en el que él estudió durante
unos años. Se sientan a hablar, él no es citadino, entendiendo eso todo
lo que ha visto en la ciudad le parece fascinante, burdo o extraño, así
se lo va contando. Le habla de los teatros, de los cines, de los
museos y los parques. El estudia antropología y es obligatorio hacer
excursiones a esos lugares, unas veces porque es parte integral de la
clase y otras porque exigen hablar acerca de las relaciones
extemporáneas que se dan entre las culturas, ya sea por medio de la
vivencia de situaciones de otros pueblos que se presentan en el cine o
por la integración de la cultura antigua a la sociedad moderna por medio
del arte.

Para ella todo es asombroso y para él es maravilloso obtener la atención
de una niña hermosa. No la besó, ni siquiera lo ha pretendido, no
trató de seducirla, ella es quien lo seduce por esa magia que irradian
aquellos que absorben el mundo utilizando todos sus sentidos. No volvió
al pueblo. Cosas del capitalismo salvaje, entiéndase consiguió un
trabajo en las vacaciones para apoyar a sus padres con el valor de la
matrícula de cada semestre.

Viviana no terminó el colegio, son cosas que pasan, es parte del destino
de aquellos que naufragan en una violencia sobre la que no actúan pero
son víctimas. Una amiga de una conocida de la mamá estuvo buscando
niñas que quisieran ir a la ciudad a trabajar en las labores domésticas a
una familia. Viviana quiere ir a la ciudad, lo que le ha dicho Raúl le
parece emocionante así que cuando le preguntan ella ya tiene sus tres
vestidos listos en una pequeña maleta.

Vive en una casa en la que el esposo y la esposa trabajan, debe cuidar
dos niños. El señor es un catedrático de postgrados de una universidad
importante en la ciudad. En la casa hay muchos libros y revistas a las
cuales Viviana puede acceder, así que cuando los niños duermen ella
hojea con apetito entusiasta cada una de sus hojas. Le gusta escuchar
las conversaciones de sus patrones porque descubre siempre nuevas
palabras, ella las apunta y curiosamente guarda la hoja con cada palabra
que no logra interpretar, la guarda entre los senos, más exactamente en
el derecho. En las noches piensa en Raúl, ojalá lo encuentre algún día
para escucharlo y también para contarle lo que ha visto.

Los fines de semana, exactamente el domingo, también los feriados, puede
salir desde las seis de la mañana y debe volver a las ocho de la noche,
cuando es feriado se puede quedar por fuera de la casa pero debe volver
el lunes antes de las ocho de la noche. Ella, toma nota de una revista
que llega semanalmente a la casa, de ahí extrae los lugares culturales a
los cuales asistirá. Durante seis meses que ha estado trabajando,
mejor aún, durante los veinte domingos que ha estado fuera de la casa ha
visitado museos, bibliotecas, librerías y parques, ha ido a
exposiciones, recitales de música, al planetario, se ha suscrito a todos
los eventos culturales a los que ha podido.

En los días en que Raúl visitaba el pueblo le había dado una dirección,
ella registra los datos de Raúl y esa dirección en todos los lugares en
donde ofrecen enviar invitaciones por escrito de los siguientes eventos,
ella espera coincidir con él en alguno.

Un día entrando en una galería la detuvo el portero, la ropa que ella
llevaba no parecía ser la indicada para el lugar, entonces ella miro al
portero, que al igual que ella tenía una cara de provinciano imposible
de ocultarse, entonces le dijo, mira, vengo a realizar una investigación
que busca demostrar la relación implícita entre la narración escrita y
el verbo visual de los primeros pintores, claro está, reflejada en el
arte contemporáneo de galerías como esta. Te parece si debes llamar a
la directora para que me permitas ingresar? Entonces el portero la dejó
seguir, no sin quedarse con la inquietud de que lo estaban engañando.
Después de ese día supo que debía invertir en alguna ropa que le
permitiera confundirse entre las personas sin que fuese vista tal como
lo hizo ese portero.

Compró un pantalón color caqui, una camisa azul a cuadros, unos zapatos
tenis azules, se cortó el cabello y empezó a llevar un bolso sencillo
con imágenes indígenas grabadas en él, con un letrero que decía
instint-rte. La ropa la compró amplia, de manera que sus formas dejasen
de ser atractivas, era molesto sentirse observada, los hombres le veían
las formas y las mujeres la ropa. Aunque repetía la ropa los fines de
semana, evitó ser objeto de observación en la mayoría de los sitios.

En la casa en la que trabaja el señor suele verla de modo que a ella le
molesta, es molesto sentirse observada de ese modo. Ella ha logrado que
la señora le obsequie ropa que le queda amplia, así evita que sus
formas se pronuncien y el señor la mire de ese modo tan incómodo. A
ella él le parece un hombre fascinante, le gusta escucharlo hablar,
algunas veces lo sigue en sus conversaciones telefónicas, otras lo
escucha grabar discursos que luego transmite a sus alumnos. Le parece
hermosa su inteligencia, sin embargo, sabe que ese hombre solo ve su
cuerpo, la pedantería del hombre oculta su verdadera belleza, eso piensa
con enojo.

Raúl llegó temprano a la librería, había una presentación de un escritor
que ganó un premio de novela de una editorial importante, a los
primeros diez asistentes les darían un ejemplar gratis firmado por el
autor, al final del evento rifarían una colección de libros de la
editorial. Él estaba aburrido de la publicidad de sitios culturales que
llega a su casa, no comprendía la razón por la cual le enviaban tanto
papel a la casa, sabiendo que existen los correos electrónicos y más aún
sin él haberse inscrito en ninguna lista de correos. Hoy es un día
interesante, lo del libro gratis le pareció ya un buen punto teniendo en
cuenta que esa editorial escoge muy bien a los escritores, ahora si se
gana el concurso podrá poblar el remedo de biblioteca que tiene en su
casa.

Viviana lo mira, lo reconoció apenas lo vio desde la entrada. Está
emocionada, quiere aguantar la sonrisa para expresarla plena ante él, no
puede, empieza a sonreír desde que dirige sus pasos hacia donde él se
encuentra, tropieza con un hombre en el camino, ella se cae, al
levantarse ve que es su jefe con el que se ha tropezado, él la mira
primero extrañado, luego contrariado, entonces le dice con fuerza,
aunque en voz baja, este no es un lugar para tí, vete ya.

Ella sale enojada del sitio. El jefe la mira inquieto al no poder ver
sus formas. Raúl se siente idiota, acaba de preguntar y él fue el
número once en llegar al evento.

Oscar Vargas Duarte

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