Horóscopo

Cada cierto tiempo Rebeca se permite una aventura zodiacal, así nombra las andanzas a las que se deja llevar algunos sábados conmigo.  El identificador de llamadas de mi teléfono celular interpreta una canción de Morphine, cure for pain, cuando es desde su número del que recibo una llamada.

Rebeca me saluda entre risas, va diciendo mi nombre y contándome que encontró una revista en una cafetería, buscó la página en donde está el horóscopo, escogió un signo cualquiera, luego leyó colocando al final de cada frase, con Oscar.  Esta vez el azar le entregó las siguientes oraciones, “La fortuna sigue propiciando momentos maravillosos en tu vida…. con Oscar”. “El amor será fuente de placeres… con Oscar”. “Tu relación de pareja cobrará más sentido si aún no estás comprometida… con Oscar”. “No lo dudes más, haz ejercicio y practica la buena comida … con Oscar”

Rebeca rió con más fuerza y reconoció que la única razón por la que me estaba llamando es que imaginó por un instante un suculento plato de comida hecho de mi nombre, no de mi cuerpo, imaginó que con cada tipo de comida habían hecho mi nombre, una s minúscula formada con spaguettis, una R mayúscula rodeada de queso, y siguió riendo hasta que al final me dijo, pasa por mí, hay una buena película en el cinema de la 72.  Cambia las sábanas y hazle aseo al baño, esta noche me quedaré contigo, lo del desayuno lo compraremos en el supermercado 7×24.

El teléfono hace saber que la llamada ha terminado, Rebeca vuelve a marcar, esta vez solo me pide que lleve un paraguas rojo.  En un almacén cerca de mi apartamento venden paraguas, compro uno, lo abro, camino dos, tres, cuatro calles con el paraguas abierto.  No llueve.  Aún así sigo con el paraguas en lo alto, algunos me miran con curiosidad, otros ni se fijan en mi presencia.  Son doce calles antes de llegar al parque en donde nos encontramos, no voy a su casa porque su hermano cree que soy una mala influencia para ella y la verdad, yo creo lo mismo de él, así que solemos irnos a las palabras antes de que Rebeca esté preparada para salir, de manera que después del último altercado optamos por encontrarnos en ese parque.

La espero con el paraguas abierto, estoy de pie junto a la fuente, unas aves elevan agua desde sus picos, mientras que unas ranas hacen lo propio con su boca pero hacia abajo.  La espera me hace recordar que los zapatos con los que salí no son los más cómodos para salir a caminar.  Hubo un tiempo en el que caminábamos descalzos en el parque, dejábamos los zapatos al cuidado de cualquiera de los vendedores de helados, pero el último día que lo hicimos ella se cortó con un vidrio que debió ser parte de una botella de licor.  Estuvo complicado el asunto porque la sangre no paraba de salir, era como si la vida quisiera irse hacia la tierra, como si antes de convertirse en polvo quisiera volver a la tierra tal como era, sangre.

Me besa en la boca, luego me muerde los dedos, después se para sobre mis pies y como si esto fuese un examen me dice, aún sabes besar, tienes los dedos firmes y puedes con mi peso, lo otro lo comprobaré más tarde, pero vale la pena salir contigo.
Afortunadamente Rebeca quiere ir en taxi, hoy hay mucho ruido en la calle, incluso para nosotros, se sienta a mi lado, me mira las orejas, me limpia la izquierda, luego me muerde detrás del cuello, se ríe, juega con mi cabello, se queja porque no lo dejo crecer como a ella le gusta, le habla al conductor del taxi sobre la mejor ruta para llegar al cinema, el conductor le replica que esa es muy larga, ella contesta, claro, de eso se trata, es como la vida y la muerte, uno debe darle muchas vueltas a la vida porque la muerte es la meta.  Reímos los dos, sin embargo el conductor no comprende la ironía y lo dejamos tragarse su silencio.

En la taquilla le pedimos a quien atiende que nos de dos boletas para la última película que se presente, antes de que responda le pedimos que no nos diga cuál es.  Sabemos que aún tendremos tres horas antes del inicio de la película así que buscamos rápidamente el bar que se encuentra a dos calles, pedimos dieciséis tragos, cuatro de tequila, cuatro aguardientes, dos de ginebra, dos de whisky, dos de vodka y dos de ron, el muchacho que nos presta el servicio cree que no hablamos en serio de modo que le pagamos la cuenta antes de que nos sirva los tragos.  En la mesa están los tragos que pedimos y vamos tomando uno a uno, sin hablarnos, solo nos vemos directamente a los ojos, levantamos las copas tomadas al azar y salud.  Los dos sabemos que estaremos casi ebrios en la quinta copa que cada uno se tome, cuando lleguemos a ese número pararemos y pediremos agua, mucha agua y comida.

Estamos a cinco minutos de que empiece la película.  Corremos, nos gusta ver los avances de las películas, es parte de la magia que le encontramos al encuentro.  Apostamos a no dormirnos, nunca nos dormimos pero es parte de los juegos, ella va pellizcándome suavemente y diciéndome te estás durmiendo, yo le muerdo el hombro y las manos y le digo perdiste, despierta.  La película nos parece interesante, nos gusta, salimos y pensamos en que uno es parte de la película, ella tiene la idea de que las películas son apenas un guion a medio hacer que se completa cuando uno ve la película y la llena de sus percepciones, de sus ideas acerca de lo que está viendo.

Tomamos un taxi, apenas hemos recorrido cinco o seis calles recordamos el paraguas rojo, Rebeca me pregunta si dejé la carta en él, le digo que sí, que como siempre en el paraguas que dejamos abandonado sigo dejando una carta de despedida, una carta que podría escribir cualquier suicida despistado o un enamorado a quien le han lastimado el corazón, a veces es una carta a un hijo que se ha ido o a un soldado que no vuelve y está perdido en la selva.  En esta ocasión la carta es de un estudiante de colegio a su profesora de química, un estudiante adolescente que le confiesa horas de imaginación que terminan en el baño con apenas unos segundos de masturbación.  La narración no tiene ningún tipo de morbo, solo habla del temor que siente al ser descubierto por ella, del mismo modo que podría ser descubierto con su erección en la cama.  A Rebeca no le gusta, me pide que no vuelva a escribir esas historias.  Se que está un poco ebria, o quizá soy yo quien está ebrio, o ambos.

En el apartamento apostamos a quien irá primero al baño, yo se que gano esa apuesta así que acepto y al rato me he ganado ser el consentido de la noche, puedo pedir un deseo, fácilmente digo, quiero que cantes.  Rebeca canta muy bien, no le gusta hacerlo porque es tímida en lo que tiene que ver con ese talento, conmigo se atreve y se lanza a la cama desnuda y empieza a cantar villancicos.  La miro con cara de malos amigos, ella me dice, ganaste pero te hizo falta especificar bien tu deseo. Reímos a carcajadas.

Rebeca empieza con una canción de amor, me abraza, se aprieta a mi espalda, me muerde y como siempre me da un puño en el estómago.  Ella sabe que me duele, luego me dice, es para que aprendas que aunque te estén amando en cualquier momento te rompen el hígado o los huevos, esta vez fue lo primero.

La mañana es fresca, despertamos al tiempo, nos miramos el rostro, ella pregunta si aún sigo sin agua caliente, le digo que ya está resuelto, un fontanero tuvo que cambiar un par de tubos, me pide que le traiga el desayuno, le recuerdo que olvidamos pasar al supermercado, ella me recuerda que puedo pedir un domicilio, sonrío, ella sabe que la mujer de la panadería quiere que me la eche al plato y por eso me envía desayunos al apartamento, aún sabiendo que pido dos desayunos y que yo vivo solo, quizá eso le parezca atractivo.  Rebeca tiene una teoría sobre eso.

Desayunamos.  Cuando la mujer entró al apartamento a dejarme el desayuno Rebeca quería salir desnuda a presentarse, fue complicado impedírselo, al fin la mujer se fue sin cobrarme y coqueteándome.  Siempre que hago eso me dice que hay quienes se levantan a preparar el desayuno sin esperar a que se lo lleven a la cama.  Rebeca se enoja mucho con ese comentario.

Son las once de la mañana.  Nos despedimos, Rebeca saca de uno de sus bolsillos un pedazo de papel periódico, me dice que es el horóscopo que leyó el día anterior.  Nos despedimos.

Mientras camino hacia el apartamento leo el horóscopo, “Hoy es un día propicio para el reconocimiento de aquello que te pertenece y que dejas libre porque así llena con esa libertad el universo tú puedes respirarlo en cualquier parte”

Oscar Vargas Duarte

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