Viernes

Viernes. Dolor en las piernas, las torres que lo sostienen se reconocen frágiles, apenas la energía mínima para caminar hasta la peluquería. Dolorosamente diferentes, ahora las peluquerías son el reflejo de modas inverosímiles para su masculinidad.  Esta, a la que ingresa, es nueva, apenas la abrieron hace unas semanas.

Ingresa y un joven le ofrece una silla, lo invita tomarse un café, que posterior a su aprobación le trae en una taza blanca sobre un plato del mismo color.  Bebé café mientras da las indicaciones acerca del corte que requiere, no sin aclarar que ha tenido problemas en otras peluquerías porque no han seguido sus indicaciones.

Pronto sobre la capa azul que cubrirá su cuerpo para proteger a su ropa de los incómodos cabellos cortados, pronto verá sobre esa capa cientos de cabellos que como bien recuerda eran negros en una juventud que le sucedió hace tiempo.

El cabello se acumula como bosques de nieve sobre las laderas azules de la capa, su mirada se pierde en ellos, y la sensación de saber que antes esas acumulaciones eran noches oscuras, lagos negros, lo convocan a mirar el pasado.  Así era antes, cuando él era maestro de escuela, mientras ve caer más hilos blancos sobre la capa, recuerda los días en que derrochaba ego y sobornaba con dulces a los niños y niñas.  Así también sonríe mientras recuerda como se llevaba a los niños castigados a la bodega y después de varios azotes los obligaba a su perniciosa maldad y los sometía a la sodomización.

Ahora se mira al espejo y nota que su sonrisa es plena, que el rostro conmemora la satisfacción que siente por aquellos recuerdos. Levanta un poco el rostro y nota que el peluquero lo mira directo al reflejo de sus ojos en el espejo, él también lo ausculta, cree reconocer su rostro.  Muchos nombres le llegan como cuentas de rosario.

Una luz que se cuela por las fisuras de sus recuerdos le trae el nombre y mientras trata de pronunciarlo nota que los bosques de nieve son teñidos del color de los ríos rojo oscuro que surcan la capa.  El peluquero mantiene la mirada ante el espejo, una mirada fija y recia como la mano con la cual empuja la cuchilla sobre la garganta.

Oscar Vargas Duarte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s