– Te diré algo que sabes pero no reconoces.
– A ver de qué se trata.
– Cuando naciste, un miércoles en la media mañana, después de varias horas de espera, supe que serías algo huidizo, un tanto gitano y el resto migrante.
– Cómo así?
– Lloraste como si fueras un extranjero que llega a un puerto y no sabe a donde ir.
Me levanté del sofá y me acerqué a preguntar más detalles acerca de la observación que acaba de escuchar.
– Tú no lo notas, pero en todos los lugares a los que asistes, estás pero no perteneces, y cuando crees que perteneces ya no estás. Primero te sientes extraño, los hábitos del lugar no los reconoces, no sabes como tratar a los otros, luego, después de indecisiones que te empujan hacia la costumbre te comportas como los del lugar. Claro está que apenas has adquirido los hábitos propios del lugar no quieres estar ahí, solo pertenecen a él tus hábitos porque tú estás pensando en otros lugares, ya te estás yendo.
– Madre, de dónde sacas eso ?
– Lo se desde que naciste. No querías beber leche del seno, y apenas aprendiste te querías desprender de ella para tomar leche del tetero.
– Pero eso hacen todos, todos tenemos algo y queremos otras cosas.
– No es eso a lo que me refiero contigo, piensa en las cosas que has hecho, los lugares que has abandonado, las mujeres que amaste y tus soledades.
Tomé las manos de mi madre y descubrí que tenía un nuevo anillo. Mientras lo tocaba con mis dedos comprendí en algo lo que ella me decía y entonces le hablé acerca de los orígenes de las joyas. Luego me fui al cuarto a buscar una novela que estaba leyendo.
Oscar Vargas Duarte